Saga Telepathy

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por Rigri el Vie Oct 25, 2013 4:19 pm


Capítulo 7: El día de mi cumpleaños.
15 de Septiembre de 2012, 17:30 p.m.
-¡Cumpleaños feliz! ¡Cumpleaños feliz! ¡Te deseamos todos, cumpleaños feliz!
Y una lluvia de confeti y serpentinas cayó sobre mí a la vez que mis padres, Edgar, Mike y Emily aplaudían cuando terminaron de cantar. Vale, para ser sinceros, supe que me iban a hacer una fiesta de cumpleaños desde que mi padre me ordenó salir a dar una vuelta a conocer el vecindario. Y confirmé mis sospechas cuando llamé a Mike para ver si quería ir a dar un paseo aquel bonito sábado y me dio un no por respuesta. Sin embargo, me emocioné igualmente ante el colorido de la casa cuando entré en la casa una hora más tarde. Habían colgado globos y puesto ‘‘HAPPY BIRTHDAY’’ en una pancarta que pendía de dos pinzas de tender. Mi madre me puso un gorro de cumpleaños como el que llevaban los demás invitados (vale, todos menos mi abuelo que llevaba su sombrero de copa de siempre) y luego me abrazó. Después de mi madre, Emily y Mike también me abrazaron, luego mi padre y finalmente mi abuelo, quien sólo me dio un par de palmaditas en el hombro. Y luego yo le eché los brazos al cuello y lo escuché reírse mientras me devolvía el abrazo.
-¿Te lo estás pasando bien?-me preguntó Mike mientras picoteaba del plato de frutos secos.
-Sí, no me esperaba que me fuerais a hacer una fiesta de cumpleaños, la verdad. ¿Cómo lo habéis planeado sin que yo me enterara?-pregunté, curiosa.
-Lo han organizado todo tus padres. Nos informaron a mi madre y a mí y decidimos colaborar. Mi madre se encargó de hacer las letras y de comprar los confetis, y tus padres se encargaron de la comida. Oh, y yo elegí los regalos. ¿Quieres verlos?
-¡Claro!
Me dijo que esperara allí mientras él se levantaba de su silla.
-¡Vale! ¿Traigo los regalos?-preguntó en voz alta, poniéndose delante de la mesa.
Mi padre le hizo un gesto afirmativo desde su sitio, y Mike se apresuró en traer varias bolsas de regalo que estaban arrinconadas en un lado del salón. Yo esperé llena de curiosidad por saber qué me habían regalado, y no pude morderme el labio inferior de puro nerviosismo. Hasta ese momento no me había dado cuenta de que mi padre me estaba grabando con una cámara de vídeo. No me sentía cómoda ante las cámaras, pero hice todo lo posible por parecer relajada. Bueno, una no podía estar relajada ante tanta ceremonia.
La primera bolsa que cogí fue una de color violeta. Dentro había un paquete dorado. Rompí el envoltorio y descubrí que se trataba de un montón de chocolatinas, desde Milka hasta Kinder Bueno. Miré a Mike y comprobé que el regalo era suyo. Le abracé mientras mi padre exclamaba ‘‘qué rico’’. Me reí y continué abriendo regalos.
-Este es de tu padre y mío-me informó mi madre.
Era un libro, Grandes esperanzas. No lo había leído nunca, así que me encantó el regalo, además de que era un libro antiguo, los que más me gustaban.
-¡Vaya, es genial!-exclamé a la vez que abrazaba a mi madre y luego a mi padre.
-Este regalo es de Aidan, aunque también fue idea de tu abuelo-dijo mi padre cuando dejé de abrazarle.
Me entregó lo que parecía ser el último regalo, y justo en ese momento sonó el teléfono. Miré al aparato, preguntándome quién podría estar llamando. ¿Sería alguien para felicitarme? ¿Pero quién? No conocía a nadie más que no estuviera en mi casa, no tenía ni idea de quién podría ser.
-Ve abriendo el regalo si quieres-me aseguró mi padre mientras se apresuraba a coger el teléfono.
Decidí abrirlo ante las expectantes miradas de los invitados. No me esperaba que Aidan fuera a participar en mi cumpleaños haciéndome un regalo. Era otro libro, este se llamaba La Telequinesia a través de la mente. La portada era de color azul eléctrico y en el medio había un dibujo de un cerebro humano con sus terminaciones nerviosas. Viniendo de Aidan no me sorprendía aquel regalo.
-Seguro que te ayudará mucho-dijo mi madre, aunque mis oídos intentaban prestar atención a la conversación de mi padre con el teléfono.
Un par de segundos más tarde mi padre volvió al salón y me sorprendió que se quedara mirando la tapa de mi libro con una expresión ausente.
-¿Quién era?-inquirió mi madre, percatándose de la rareza de mi padre.
-Eh…nadie, una equivocación. Bonito regalo-me dijo dedicándome una sonrisa, como si con ella intentara ocultar algo.

Emily ya se había ido hace rato, aunque Mike se quedó un poco más. Mi abuelo también se había marchado tras el drástico cambio de humor que había tenido mi padre, aunque yo sabía que tenía algo que ver con la llamada de teléfono. Al final ya se estaba haciendo de noche y empezaba a hacer frío, por lo que Mike decidió que ya era hora de irse. Habíamos estado recogiendo los restos de la merienda y los envoltorios, y ahora estaba con Mike en el porche para despedirme de él.
-¿Te ha gustado mi regalo?-me preguntó esperando un sí por respuesta.
-Es el mejor regalo que me podrían haber hecho-respondí entre risas-. Prometo compartirlo contigo-le aseguré a continuación.
-¿En serio piensas darme todas esas chocolatinas?-dijo poniendo una expresión de felicidad.
-Todas, no. Algunas-repuse yo, volviendo a reír, y compartí con él los lacasitos que me estaba comiendo en aquel momento.
-Están ricos-exclamó Mike con la boca llena de ellas y con una sonrisa de felicidad.
Yo volví a reírme.
-Bueno, será mejor que me vaya ya. Se hace de noche.
-¿De verdad no quieres que mi padre te lleve en coche? No le importará, en serio.
No me gustaba la idea de que se tuviera que ir sólo hasta su casa, y más si era de noche. Y más cuando aquellas urbanizaciones se quedaban vacías a aquellas horas.
-De verdad que no. Estaré bien, en serio.
Mike cogió mi rostro con una de sus manos y presionó suavemente sus labios contra los míos. Fue un beso rápido, aunque para mí duró una eternidad.
-Nos vemos mañana.
Y dicho eso, se marchó. Me quedé en la puerta observando alejarse hasta que me envolvió una fría ráfaga de viento. En el salón se estaba muchísimo mejor: el radiador estaba encendido y la manta del sofá invitaba a esconderse bajo ella y ver una película en la tele. Sin embargo, escuché a mis padres hablar en voz baja desde la cocina, y me vi tentada a escuchar la conversación.
-Tal vez deberíamos mudarnos, Megan-dijo mi padre.
-Yo creo que sería mejor hablarlo con Aidan. Al fin y al cabo él está mejor enterado que nosotros y sabe qué es mejor para nuestra hija.
Hubo un breve silencio. ¿Estaban hablando de mudarnos de ciudad? ¿Pero por qué? ¿Los Desertores habían dado conmigo? Pues claro que habían dado conmigo, ellos ya sabían que ahora vivía en Dearborn.
-Megan, creo que Michael es un peligro para Lillian. No sé…su padre…podría estar utilizándolo para obtener más información sobre nuestra hija.
-Yo no estaría tan segura. Yo confío en ese chico, y también confío en su madre. Además, no podemos pedirle a Lillian que se aleje de él, le quiere demasiado como para dejarle ir.
No podía creer lo que oía. Mi padre realmente estaba en contra de Mike. Aunque también me sorprendió que mi madre pensara de mí que no sería capaz de alejarme de Mike si fuera una amenaza de mí… ¿Lo era? Me mordí el labio inferior inconscientemente, intentando encontrar alguna respuesta a mi pregunta. No, Michael no era una amenaza. Si trabajara para su padre y para el resto de Desertores me habría llevado a ellos hace mucho tiempo. Y si fuera un peligro para mí, ¿me alejaría de él? Era mejor no pensar en ello, de lo contrario la cabeza me iba a estallar con tantas dudas. Decidí salir de mi escondite, y saludé a mis padres con efusividad.
-Hola, cariño-respondió mi madre mostrándome una sonrisa.
Miré a mi padre, quien también me sonrió a modo de saludo, aunque su sonrisa dejaba notar un atisbo de inquietud.
-¿Os parece que vayamos preparando la cena?-nos preguntó mi madre, a lo que los dos respondimos que nos parecía bien.
Preparamos una ensalada y unos filetes entre los tres. Una vez que nos sentamos a la mesa pregunté si podíamos poner la televisión. La verdad era que mis padres estaban más callados que de costumbre y quería que me contaran lo que tuvieran que decirme, sin embargo ninguno me respondió a mi pregunta, simplemente se limitaron a mirarse fugazmente. Como no obtuve respuesta, decidí encender la tele y poner algún programa que me gustara.
-Lillian, hay algo que debes saber…-comenzó mi madre.
Bien, me iban a contar qué estaba pasando. Por la cara que tenía mi madre y por la intensidad con la que se mordía el labio inferior (vaya, en ese aspecto también nos parecíamos) no era nada bueno. Sin embargo, la noticia que me iba a dar me la dio el hombre de los informativos, y los tres nos giramos instintivamente hacia el televisor, prestando atención a lo que decía:
-Esta tarde acaba de desaparecer un adolescente de quince años llamado Wendell Berneri. Al parecer, el joven originario de Italia había salido a dar un paseo él sólo por los alrededores de su pueblo. Sus padres empezaron a preocuparse al ver que su hijo no regresaba, ya que se estaba haciendo de noche. Los padres del joven han solicitado un rescate y la policía italiana ya se ha puesto en marcha para buscar su paradero.
Y mientras el reportero hablaba no paraban de poner fotos de aquel chico pesado que había conocido el verano pasado. Un muchacho desgarbado, con gafas y pelo negro. Aquello no era posible. ¿Cómo se había dejado secuestrar? Se suponía que Wendell podía leer las mentes de los demás. Se me habían quitado las ganas de comer, incluso las ganas de dormir. Habían secuestrado a una vidente y a un telepático. ¿Qué les impedía secuestrar a continuación a una telequinésica?
No me había dado cuenta de que estaba llorando hasta que escuché la voz de mi madre:
-Lillian, cariño, vamos a hacer todo lo posible por ponerte a salvo, ¿de acuerdo?
Pero yo no la escuchaba. Fuera a donde fuera, los Desertores acabarían por encontrarme, y yo ni siquiera sabía controlar mi habilidad. Empujé mi silla hacia atrás, haciendo que provocara un chirrido contra el suelo, y luego subí corriendo las escaleras hasta llegar a mi habitación. Estaba completamente agobiada, no sabía cuánto tiempo me quedaba de vida. ¿Un mes? ¿Dos semanas? No quería ser secuestrada y quería impedirlo a toda costa.
******************
Ya han secuestrado a Wendell...¿Secuestrarán a Lillian?

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por WasabyGreen el Vie Oct 25, 2013 4:56 pm

¿Pero cómo han conseguido secuestrar a Wendell? O.o Bueno, existe la posibilidad de que le suelten por pesado xD Yo quiero saber qué pasa con Liiiiiilliaaaaaan D: xD

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"—Loem es lo que ha ocurrido, las personas que has conocido y la que empieza a hilar. El comienzo.
Miré a la primera muñeca, fijamente, en perfecto estado, cuidada.
—Thana es lo que ocurre, las personas que conoces, la que mide la longitud del hilo, la que lo desenreda. El desarrollo.
Miré a la segunda, en un estado menos cuidado que la primera pero no tan dañado como el de la tercera.
—Akhir es lo que ocurrirá, las personas que conocerás, la que corta todas las uniones. El fin.
Y miré hacia la tercera, cerrando mi boca pues la tenía abierta. Mi sentimiento de lástima por Akhir cambió a ser uno de temor."
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Re: Saga Telepathy

Mensaje por Rigri el Sáb Oct 26, 2013 5:24 am

Hahahaah, Wendell, el niño que sobrevivio....gracias a su pesadez XD

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por WasabyGreen el Sáb Oct 26, 2013 5:41 am

Jajajaja, sí xDD

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Miré a la segunda, en un estado menos cuidado que la primera pero no tan dañado como el de la tercera.
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Re: Saga Telepathy

Mensaje por Rigri el Dom Oct 27, 2013 3:53 pm

Capítulo 8: Pelea.
18 de Septiembre de 2012, 11:45 a.m.
-Así que es tu tía abuela.
-Sí, Nina Kulagina fue la hermana de mi abuelo-era la décima vez que le repetía lo mismo a Mike en toda la mañana.
Por fin había conseguido acordarme de preguntar por Nina Kulagina. Por cierto, ahora mi nueva entrenadora era Nicole, la hermana de Aidan, ya que éste se encargaba de entrenar a Mike. Y para ser sinceros, se notaba que se estaba poniendo en forma. Yo también quería estar petada.
Nos sentamos en una mesa alejada del resto, mejor dicho, nos sentamos en nuestra mesa, porque nadie se sentaba allí, al final del comedor, salvo nosotros dos.
-¿Se sabe algo de Warren?-me preguntó mientras comíamos.
-Wendell-le corregí sin darle mucha importancia-. La verdad es que los Protectores no tienen ni idea de cómo han podido encontrar a dos Protegidos en tan poco tiempo.
-A ti no te podrán hacer daño, Lil.
Mike me había cogido la mano a la vez que me miraba. Yo aparté mis ojos rápidamente. No sabía qué pensar sobre Louis. Un Desertor medianamente bueno con una mirada fría y calculadora, y con un hijo que estaba enamorado de una Protegidos. Y si no me iban a secuestrar a mí, ¿por qué se molestaban en secuestrar a los demás? Tal vez lo mejor sería contarle todo esto a Nicole o a Aidan.
-¿Cómo te va el entrenamiento?-me preguntó-. Nunca me hablas de lo que haces-comentó Mike mientras se terminaba su hamburguesa.
Entrenamiento. Aquella palabra me hizo sentir escalofríos. Lo bueno era que ya no me dolía tanto la cabeza como al principio. Lo malo era que no pude evitar pensar mal de Mike. Lo primero que se me vino a la mente fue ‘‘Quiere saber de los entrenamientos para mantener informado a su padre’’.
Tonterías. Si Aidan y Nicole, que eran Protectores, confiaban en Mike, era porque no había ningún peligro.
-El entrenamiento es muy aburrido. Bueno, el otro día volví a perder el control-reconocí, sonrojándome ligeramente-. Y tiré gran parte de los libros que tenía Aidan en una estantería. ¿Te he contado para qué nos están entrenando?
-No, no me lo has contado. Nunca me cuentas nada.
Vale, estaba a punto de contarle un secreto de los Protectores a una persona que, a parte de no ser ningún Protegido, era el hijo de un Desertor. Pero era Mike al fin y al cabo, la persona en quien más confiaba.
-Hay una serie de objetos que ejercen unas fuerzas sobre los Protegidos. Están bajo la protección de los médicos neutros, pero los Desertores quieren buscarlos para destruirlos. Los Protectores nos están entrenando para ir a buscar esos objetos.
-Eso suena muy fantástico. Jamás entenderé del todo esto de los fenómenos paranormales.
Me eché a reír. La verdad es que yo tampoco lo entendía a veces, y era tanta información la que había que asimilar en tan poco tiempo, que a veces se me olvidaba que ya había preguntado lo mismo antes.
La campana sonó y recogimos nuestras bandejas para dirigirnos al laboratorio de biología. Mientras caminábamos por los pasillos, una voz nos hizo parar:
-¡Eh, Michael!
Nos giramos para ver quién era, aunque yo ya sabía de quién se trataba desde que escuché la voz.
Jeff.
Mike se giró hacia él y le dirigió una desconfiada mirada. Yo me limité a quedarme donde estaba.
-¿Qué quieres, Jeff?-le preguntó con una voz cansada.
Algunos amigos de Jeff se habían colocado detrás de él, y todos nos miraban con unas sonrisas burlonas en sus rostros, unos cuchicheaban entre sí, otros se reían solos. Pero todo se reducía a mí, lo sabía. Hablaban y se reían de mí. No me importaban ellos, sino lo que pudiera pasar entre Jeff y Mike.
-¿Por qué te juntas siempre con ella?-preguntó Jeff a su vez-. Si supieras todas las cosas malas que dijo el año pasado de ti.
Observé la mano de Mike tensarse de manera que se le marcaran las venas de la muñeca. No podía estar creyendo a Jeff.
-Déjalo, Jeff. Déjanos en paz-respondió Mike, agarrándome de la mano y llevándonos lejos de Jeff, a la clase de biología.
-Sólo queremos tu bien, amigo-exclamó Alan, uno de los colegas de Jeff-. Todos sabemos que Lillian es un peligro para todos, no sé por qué te juntas con ella. Un día de estos te matará con sus estúpidos trucos.
Ahora la que se tensaba era yo. Me detuve junto a Mike al principio de las escaleras, pero él, a diferencia que yo, dio media vuelta y se dirigió hacia donde estaba Jeff. ¿Pero qué iba a hacer ahora?
-Michael…-lo llamé en un vano intento de que volviera de nuevo conmigo.
Y lo que hizo a continuación nos cogió por sorpresa a todos los presentes. Alzó su puño y le arremetió una bofetada a Jeff. Hice una mueca de dolor al ver la expresión que apareció en el rostro de Jeff. Le había pillado totalmente desprevenido, pero cuando se recuperó no dudó en vengarse y le devolvió el puñetazo a Mike. Su cara se giró en un brusco movimiento y observé que estaba sangrando un poco por la nariz. Se tambaleó un poco y cuando consiguió mantener el equilibrio, Jeff le metió una patada en el estómago, haciendo que Mike cayera al suelo. Si me había dolido el puñetazo que había recibido Jeff, los de Mike me habían resultado más dolorosos aún.
-¡NO! ¡Para!-chillé todo lo fuerte que pude.
Todos los alumnos se habían apiñonado alrededor de los dos contrincantes, dejándome a mí apartada de todo. No paraban de gritar y animar a Jeff. Todos comenzaron a aplaudir y yo lo interpreté como una nueva victoria de Jeff. No quería imaginarme cómo estaría Mike. Intenté meterme en el tumulto de gente para llegar al centro e intentar hacer algo al respecto, pero cuanto más empujaba, más me empujaban ellos afuera. Maldita sea, sólo quería que volviera a las escaleras conmigo, que estuviera a salvo de Jeff. Y cuanto más pasaba el tiempo más enfadada estaba conmigo misma por no poder hacer nada al respecto. ¿Para qué necesitaba entonces la telequinesia si no podía hacer nada para salvar a la gente? Me estaba agobiando.
Y entonces algo extraordinario ocurrió. Todos los alumnos se apartaron como si hubieran sido derribados por una moto que iba a 200 por hora. Y Mike cayó en el suelo junto a mí.
Todos se nos quedaron mirando con asombro, y al final del pasillo de alumnos estaba Jeff, también bastante malherido y con una cara de asco hacia nosotros. Lo miré sin miedo, estaba feliz por haber podido rescatar a Mike…y con la telequinesia. Había conseguido teletransportar a una persona con ella, y sólo con haberlo deseado. Tal vez empezara a cogerle el truco a esto de la telequinesia.
Me agaché junto a Mike, comprobando que no se había roto nada. Él trató de alejarme de sí mismo con una despreocupada sonrisa para ocultar el dolor que sentía verdaderamente.
-Estoy bien, de verdad.
-Deberías ir a que te vieran la nariz. ¿En qué estabas pensando? Por cierto, buen puñetazo. Dios, ¿a qué loco se le ocurriría enzarzarse en una pelea con Jeff? ¿En serio que no te duele nada?
No sabía si alegrarme o enfadarme, pero de igual manera Mike se rió ante mi desacuerdo emocional.
-Estoy bien, en serio-repitió, volviendo a ponerse serio-. Aunque creo que se me ha debido de ir un tornillo de la cabeza.
-Yo diría que se te han ido varios.
Lo ayudé a ponerse en pie, y nos dirigimos rápidamente al aula de biología.
-Lillian, ¿te has dado cuenta de lo que acabas de hacer?-dijo sorprendido, a la vez que me paraba con su mano.
Yo lo miré con cierto miedo en los ojos, puesto que pocas veces me llamaba Lillian. ¿Se habría asustado de mí como habían hecho los demás? Había sido capaz de mover a una persona con mi propia mente, era algo bastante escalofriante, y la última vez que lo hice trasladé a mis padres al otro lado del país.
-Has sido capaz de teletransportarme-exclamó, todavía sorprendido.
-Lo siento, no quise hacerlo. Yo…no sé cómo ha ocurrido, de verdad.
-¿Te estás disculpando? Lil, si no hubiera sido por ti, Jeff habría seguido pegándome. Además, esto significa que estás progresando.
Vale, me alegré de que Mike no se hubiera asustado de lo que había sido capaz de hacer. Y también era verdad que si había conseguido teletransportarlo significaba que estaba progresando con mi entrenamiento. El problema era que aún no tenía ni idea de cómo lo había hecho.
**********************
Bueeh...no tengo nada que comentar sobre este capítulo XD, la verdad es que es de los que menos me gusta de Telepathy puesto que no se descubre gran cosa XD Hoy intentaré subir varios capítulo porque el puente no podré ._.

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por Rigri el Dom Oct 27, 2013 4:17 pm

Capítulo 9: La Llave Kinésica.
21 de Septiembre de 2012, 17:30 p.m.
-Lillian, la clase de hoy será vital importancia-me dijo Nicole-. Hoy te vas a enfrentar a un objeto bastante peligroso, pero que si sabes controlar tu telequinesia te será de gran ayuda.
-¿La llave?-me atreví a preguntar, un poco aturdida.
-Exacto. Supongo que Aidan ya te contó la historia de los Objetos Kinésicos-yo me limité a asentir-. ¿Y te contó qué ocurrió la noche en que naciste?
-No. ¿Qué ocurrió?
Por la cara que puso Nicole, se trataba de un tema bastante delicado. Pero a mí no me importó; quería saber todo lo que pasó aquella noche en la que mis padres desaparecieron y, aunque ya podía imaginármelo, quería que Nicole confirmara mis sospechas.
-Verás, como sabrás, los Objetos Kinésicos ejercen unas fuerzas muy fuertes sobre los cerebros de los Protegidos correspondientes. Normalmente, para saber si el bebé ha heredado algún gen kinésico se le coloca su objeto correspondiente cerca de su cerebro, y el bebé responde de una manera u otra, en cualquier caso nunca daña al niño. Tu caso fue muy diferente. Heredaste una telequinesia muy fuerte, ni siquiera Nina o tu abuelo representaron una telequinesia tan potente como la tuya. Cuando te colocamos la llave, Aidan y yo esperábamos que movieras cualquier folio, que tiraras un lápiz al suelo, pero no que teletransportaras a tus padres hasta Scottsdale.
Ahora entendía mejor las cosas. Teletransporté a mis padres porque me añadieron una fuerza externa, era prácticamente lo que entendí. Y como siempre, otra duda abrumó mi mente. Bueno, me vinieron varias relacionadas con la llave y los peligros que podría acarrear estar cerca de ella, pero la pregunta que tenía en mente no tenía nada que ver con la llave:
-¿Cómo encontró Louis a mis padres tan pronto?
Según tenía entendido, él y algunos Desertores ya se encontraban en el aeropuerto de Scottsdale, como si supieran que mis padres iban a aparecer allí dentro de poco.
-No lo sé, Lillian. Ni siquiera sabemos cómo han encontrado tan rápido a dos de los Protegidos y por qué no…-Nicole vaciló, sin saber si continuar o no, pero entonces vio en mi mirada que quería seguir escuchando-…Por qué no han venido a secuestrarte cuando saben que estás en Dearborn.
Por Mike, dijo una vocecita dentro de mí. Intenté que Nicole no se diera cuenta de que ocultaba algo importante, y al parecer lo conseguí porque se dirigió a los cajones del escritorio.
-El caso, Lillian, es que debes estar lo más relajada posible. Voy a sacar la Llave Kinésica y me voy a acercar con ella hacia ti. Tienes que avisarme cuando notes algo extraño dentro de ti, ¿de acuerdo?
-De acuerdo-respondí con rapidez, intentando relajarme sobre el sillón.
Inspiré hondo y me preparé para notar en cualquier momento algo extraño dentro de mí, tal vez un calambre, un ligero dolor o un pinchazo en mi cerebro. Nicole me mostró la llave que estaba ligada mi telequinesia a una distancia bastante difícil de observar aquel pequeño objeto, aunque creía distinguir una piedra azul en la cabeza de la llave.
-¿Notas algo?
-Aún, no-respondí.
Nicole se fue acercando paulatinamente hacia mí, y no fue hasta que estuvo frente a mí cuando noté una sacudida dentro de mí que hizo tirar todos los libros de medicina y psicología que había en la estantería.
Me eché hacia atrás sobre mi sillón cuando una onda azul eléctrico chocó contra las paredes de la habitación, produciendo una especie de terremoto. Nicole había caído estrepitosamente sobre el suelo, y segundos más tarde, Aidan y Mike habían salido de su habitación para ver qué había ocurrido. Me encontré con sus miradas pero no supe interpretarlas, y eso me asustó aún más. ¿Qué clase de habilidad extraña y loca había heredado? No me había dado cuenta de que Aidan había ido rápidamente a ayudar a Nicole a levantarla del suelo, y que Mike estaba frente a mí, hablándome. Al ver que no hablaba debido a que había entrado en una especie de shock, Aidan y Nicole apartaron a Mike para intentar reanimarme. Pero pronto empecé a sentir que me faltaba algo.
Oxígeno.
Me ahogaba, y pronto me encontré tendida en un sofá. Pedía oxígeno a gritos pero era incapaz de decir palabra, sólo intentaba respirar el poco aire que había en la habitación.
-¡Lillian! ¿Me oyes?-oí gritar a Mike.
Quise responderle, pero era incapaz de hablar. ¿Qué me estaba pasando? ¿Me iba a morir? Unos segundos más tarde, Aidan me había puesto una mascarilla y por fin volví a sentir el alivio de tener mis pulmones llenos de oxígeno.
-No sé cómo ha sucedido. Se supone que la llave potencia la telequinesia, pero no debilita a la persona-escuché decir a Nicole.
No paraba de observar los rostros compungidos y asustados de los dos médicos. Mike estaba ligeramente apartado de los hermanos, sin entender de qué iba el tema. Yo creía tener una ligera idea de lo que hablaban, pero en aquellos momentos no me apetecía pensar. Estaba agotada.
-Será mejor que Lillian no entrene con la llave. Tal vez sea mejor que deje los entrenamientos telequinésicos y empiece con el entrenamiento físico-propuso Aidan.
-¿Estás seguro? Recuerda lo que dijo la jueza: si no aprendía a controlar su telequinesia…-Nicole decidió no continuar con la frase, tal vez la segunda parte fuera algo peliaguda de decir en aquellos momentos.
-Yo estoy con Aidan-dijo Mike para mi sorpresa.
Me sorprendió saber que estaba siguiendo la conversación. Aidan y Nicole lo miraron con los ojos entrecerrados. Tal vez ellos también pensaban que él no iba a ser capaz de seguirles la conversación. O tal vez lo estuvieran fulminando con la mirada al haberse dado cuenta de que no debían hablar de esos temas en presencia de gente que no estaba relacionada con el mundo médico.
-Digo…mi padre…él me dijo que no dejaría que le hicieran daño a Lillian…
Nicole miró de reojo a su hermano, como si estuviera esperando su reacción. Aidan, sin embargo, no dejaba de mirar a Mike.
-¿Louis? No sé. Sé que es tu padre, pero yo de todas formas no me fiaría tanto de sus palabras-Aidan dejó de mirar a Mike y se giró a donde estaba yo. Noté un leve escalofrío cuando me miró-. Me parece que ya te has recuperado. Nicole, mantén alejada esa llave.
Su hermana hizo caso inmediatamente, y guardó la llave en la misma cajita de la que la había sacado mientras yo me reincorporaba con cierta dificultad y con ayuda de Aidan y Mike.
-Siento todo esto, Lillian-se disculpó Nicole-. No sé qué ocurre entre tú y la llave, nunca hemos tenido problemas con los Objetos Kinésicos y sus respectivos Protegidos.
-¿Soy rara?-conseguí preguntar con la voz ronca.
-Oh, no. Para nada-me tranquilizó Aidan-. Nos encargaremos de revisar la llave, seguramente sea porque está vieja y defectuosa. Bien, ya ha terminado la sesión por hoy-finalizó a la vez que se ponía en pie y me ayudaba a levantarme.
-¿Y qué pasará con el entrenamiento?-pregunté, consciente de la conversación que habían tenido Aidan y su hermana minutos atrás.
-Empezaremos mañana a entrenarte físicamente. Realmente ya sabes controlar tu telequinesia.
No me lo creí. Sólo había estado entrenando dos semanas y ni siquiera tenía la edad necesaria para aprender a controlar mi habilidad.

-¿Pero cómo ha podido empezar a llover así, de repente?-exclamó Mike cuando salimos del edificio-. El hombre del tiempo dijo que hoy haría sol.
-Estamos en Dearborn. Aquí llueve cuando el tiempo quiere.
Nos habíamos refugiado en el portal a esperar a que mi madre apareciera con el coche. Estaba lloviendo a cántaros y no había prácticamente nadie en la calle porque todos se habían resguardado del chaparrón. Lo bueno era que no hacía demasiado frío. Un coche nos pitó y Mike y yo dimos una carrera hasta refugiarnos en los asientos de atrás del BMW.
-¿Os habéis mojado mucho?-fue lo primero que nos preguntó mi madre.
-Un poco-respondió Mike por los dos mientras se sacudía el pelo.
-Se esperan tormentas para esta noche…
Mi madre encendió la radio local del coche para que escucháramos las noticias:
-Aunque esta mañana anunciamos que no iba a haber chubascos, sino algunas nubes que no amenazaban agua, parece que el tiempo nos ha sorprendido esta tarde en Dearborn con una abundante lluvia otoñal, incluso puede que esta noche haya alguna que otra tormenta…
-Como lo que ocurrió en Scottsdale-fue todo lo que se me ocurrió decir.
Me arrepentí de haber sacado aquel tema. Mi madre quitó rápidamente la radio y Mike se me quedó mirando de una manera que no me gustó nada. Tal vez estuviera malinterpretando su mirada de entre miedo y cautela.

Después de dejar a Mike en su casa, mi madre y yo nos fuimos a la nuestra, donde mi padre estaba haciendo la cena. Vaya, y para mi sorpresa también había llegado Edgar. Yo, y seguramente mi madre también, me extrañé al descubrir que mi padre y mi abuelo estaban en la misma habitación y sin discutir. Me duché rápidamente y luego me uní a la cena. Como siempre, me preguntaron cómo me había ido en el entrenamiento, aunque esta vez me limité a no contarles el episodio de la llave. No quería asustarlos.
-Por cierto, ya conseguí saber quién era Nina Kulagina-dije mirando de reojo a mi abuelo.
Él me lanzó una mirada un tanto extraña, sin embargo me sorprendió que no se enfadara y me hablara de ella sin yo haberle preguntado:
-Fue mi hermana por parte de madre. Mi madre enviudó del padre de mi hermana y luego se casó con mi padre. También heredó telequinesia, pero ella era una rebelde-mi abuelo había fruncido la boca-. No hizo caso a los Protectores y publicó abiertamente su extraña habilidad.
Edgar clavó su tenedor en el filete con fuerza y se llevó un buen trozo a la boca, masticándolo como si se hubiera enfadado.
-No lo entiendo. A mí me pareció bien que el mundo supiera que era telequinésica. Ese el objetivo de los Protectores, ¿no?
-No. El objetivo de los Protectores es proteger a los Protegidos. Jamás publicarán nuestras habilidades si corremos peligro. El caso, Lillian, fue que por culpa de Nina, la chica de la atmoquinesia murió.
Fruncí ligeramente el ceño; quería saber más sobre esa historia. Mi padre carraspeó como si no quisiera escuchar hablar de ese tema, pero ni mi abuelo ni yo le hicimos caso.
-Ojo por ojo, diente por diente. Cuando Nina hizo público que tenía telequinesia, los Desertores creyeron que los Protectores estaban detrás y decidieron vengarse destruyendo a Catherine, la chica que podía controlar el tiempo atmosférico. ¡Y ya basta de este tema!-exclamó de repente, haciendo que mis padres levantaran la vista hacia donde estaba él.
-¡Papá!-le reprendió mi madre sin entender a qué había venido aquel repentino cambio de humor.
-¿Has dicho Catherine?-inquirí sin hacer caso a mi madre. ¿Dónde había escuchado ese nombre?
-¿Por qué no hablamos de temas más triviales?-inquirió esta vez mi padre.
Mi abuelo chistó.
-Sólo le estaba contando a tu hija algo que debe saber porque le incumbe.
-¡En la mesa de mi casa se hablan de temas que todo el mundo entienda!
-Bueno, ahora estoy en el sofá-replicó mi abuelo, teletransportándose y dedicarle una malvada sonrisa-. Ahora puedo hablar del tema que me plazca
Ya empezaban a discutir. Ayudé a mi madre a retirar los platos y luego me fui pronto a mi habitación. Quería preguntarle a Edgar cómo era capaz de moverse a sí mismo, quería saber más sobre la historia de la chica de la atmoquinesia, pero estaba tan agotada que decidí dejar aquellas para otra ocasión.
*******************************
Este capítulo sí que me gusta XD. ¿Qué ocurre entre Lillian y la Llave? ¿Qué más secretos esconde Edgar? Para mí, el abuelo es uno de los personajes que más me gusta en cuanto a todo lo que esconde ^^

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por Rigri el Vie Nov 01, 2013 5:21 pm


Capítulo 10: Algo va mal.
30 de Septiembre de 2012, 18:00 p.m.
-Me voy a descargar varias películas. Podríamos ver LOL-sugirió Mike.
-¿LOL? ¿No es esa la historia de unos adolescentes que se emborrachan y fuman porros todo el tiempo?-pregunté yo haciendo una mueca-. Quiero ver algo de acción. ¿Misión Imposible? ¿Piratas del Caribe?
Mike se había reído ante el comentario que hice sobre la película que él había sugerido.
-Vale, está bien. Creo que tengo por aquí Misión Imposible III. ¿Vamos a merendar?
Yo asentí. Aquel sábado había decidido quedarme en casa de Mike a hacer los deberes que nos habían mandado, y luego estuvimos jugando al SingStar al que también se apuntó Emily. Me iba a quedar a merendar y a ver una película, pero luego me iría a casa puesto que a mi padre no le gustaba que me quedara en casa de Mike hasta tan tarde, y mucho menos a dormir.
-¿Qué tal los bollos?-nos preguntó Emily acompañándonos en la merienda.
-Mu licob-respondió Mike mientras se zampaba un bollo entero.
Yo me reí ante la furibunda mirada de Emily; sabía que detrás de aquella mirada de enfado se escondían las ganas de reír también y finalmente cedió una forzosa sonrisa.
-Déjale algunos a Lillian, ¿de acuerdo?
Mike asintió mientras se llevaba otro a la boca, y Emily decidió marcharse de la cocina. La madre de Mike había hecho unos deliciosos bollos de chocolate con una ligera capa de glaseado, y la verdad es que le habían salido muy ricos.
-¿Vamos a ver la peli?-me preguntó Mike cuando nos terminamos los bollos.
Yo asentí como respuesta y subimos a su habitación. Prácticamente era como la habitación de Scottsdale, con sus discos, un escritorio, cama…De todas formas, decidí volver a cotillear su cuarto mientras él preparaba la película en el ordenador. Yo sabía que a él no le importaba que yo cotilleara su habitación. A diferencia de su armario de Scottsdale, el que tenía ahora estaba empotrado en la pared, por lo que tenía más espacio. Y vaya si tenía espacio que había hasta una guitarra, o por lo menos había una funda de guitarra.
-No sabía que tocabas. ¿Desde cuándo la tienes?-inquirí mientras sacaba la guitarra del armario y la despojaba de su funda.
No me había dado mucha cuenta de la extraña expresión de ira que había adornado el rostro de Mike, sin embargo él dejó el ordenador para acercarse a mí, mejor dicho, a la guitarra. Por un momento pensé que iba a tocar alguna pieza pero todo lo que hizo fue quitármela de las manos para guardarla en su funda y meterla de nuevo en el armario. Me quedé perpleja ante su fría reacción y esperé a que me diera una explicación sobre su comportamiento.
-Me la mandó mi padre la semana pasada. No quiero regalos suyos, pero la conservo por si a alguien le interesa comprármela. ¿Vemos la película?
Mike ya se había sentado sobre la cama pero yo tardé un poco hacer lo mismo, intentando recopilar lo que me había dicho Mike. No entendía por qué no quería aceptar los regalos que le hiciera su padre, ni siquiera había conseguido entender por qué se había comportado tan fríamente conmigo. Decidí no darle más vueltas al asunto y me eché a su lado. Habíamos bajado la persiana para que se viera mejor el ordenador. Estaba tan agotada por los entrenamientos que los párpados se me caían constantemente, y finalmente me quedé dormida sobre el hombro de Mike a mitad de película.


-Lil, vamos, despierta-me susurró alguien.
Lentamente abrí los ojos y me encontré con los de Mike, oscuros y llenos de alegría, como solía estar él casi siempre. Me incorporé y no tardé en darme cuenta de que todavía me encontraba en casa de Mike y de que ya era de noche.
-Acaban de llamar tus padres para saber si te ibas a quedar a cenar aquí.
-¿Ah, sí? ¿Y qué les has dicho? Oh, siento haberme quedado dormida, es que estoy muy cansada-me disculpé a la vez que bostezaba.
Mike me dedicó una cariñosa sonrisa y me plantó un beso en la frente.
-Yo también me quedé dormido, pero cuando me desperté decidí dejarte dormir un rato más. El entrenamiento es muy cansado, ¿verdad? Por cierto, les dije a tus padres que los llamaras tú diciéndoles lo que ibas a hacer. Mi madre ha hecho pizza.
La pizza sonaba deliciosa, pero no sé por qué extraña razón, decidí que ya estaba molestando un poco en casa de Emily y Mike. Era una tontería porque nunca me había sentido como un estorbo en su casa, de hecho sabía que a Emily le iba a disgustar que no me quedara a cenar, y a Mike seguramente que también.
-Creo que será mejor que me vaya a mi casa-le dije cuando ya estábamos en la planta de abajo.
Fue en ese momento cuando me di cuenta de que echaba de menos a mis padres. La siesta me había sentado negativamente porque me encontraba extraña con todo lo que hacía, incluso tenía más sueño que antes de haberme quedado dormida.
-¿Te vas?-repitió Mike desilusionado-¿Quieres que te acompañe? Es de noche.
-Vivo a dos manzanas de aquí, Mike. No me pasará nada-le aseguré yo dedicándole una cansada y somnolienta sonrisa.
-Está bien, como quieras. Pero llévate al menos una chaqueta. Afuera hace mucho frío.
No opuse resistencia cuando me ofreció una de sus chaquetas vaqueras que estaban colgadas en el perchero de la entrada, incluso dejé que me la pusiera él.
-¿Quieres que mi madre te lleve en el coche? No sé, no tienes muy buen aspecto…
-Estoy bien, de verdad, sólo un poco cansada. Mañana te traigo la chaqueta, ¿de acuerdo?
Mike suspiró, no muy contento con dejarme ir sola por aquellas urbanizaciones que de noche se quedaban vacías. Bueno, yo ya sabía usar mi telequinesia medianamente bien, así que podía defenderme de cualquier peligro. Además, ¿qué peligro iba a ver, si el mayor de todos eran los Desertores y uno de ellos había prometido no hacerme daño?
-Llámame en cuanto llegues a casa, ¿vale?
Yo asentí, y antes de salir de la casa, me besó en los labios, presionando los suyos delicadamente sobre los míos. Sus brazos rodearon mi espalda mientras que una de mis manos se aferraron a su pelo castaño y alborotado.
-Te quiero, Lil-me susurró cuando sus labios se apartaron de los míos.
-Y yo a ti.
Volvió a besarme, esta vez en la frente, y luego salí a la calle. Me abracé para darme calor, pues hacía bastante frío. Cuando llegué al final de la calle me giré para ver si Mike seguía fuera y, efectivamente, así era. Yo le hice un gesto con la mano para que dejara de vigilarme y finalmente se metió en su casa. Volví a mi camino y cuando di un paso más me arrepentí de no haber aceptado el ofrecimiento de Mike para acompañarme a mi casa. Estaba muy asustada, sin embargo no salí corriendo, sino que continué caminando como una persona normal, eso sí, aligeré el paso. Si me hubiera traído al menos los cascos ahora estaría distraída con la música…
Una de las pocas farolas con las que me encontré de camino a casa no paraba de parpadear, lo cual me resultaba bastante molesta su intermitente luz. Odiaba aquellas urbanizaciones; por las noches a partir de las nueve o las diez todas las familias apagaban las luces de sus casas, haciendo que el alumbrado fuera más pésimo de lo que ya era. En mi casa también teníamos esa costumbre, aunque lo bueno de la urbanización era que no había ruidos. Desde mi habitación había escuchado una vez el ladrido de algún que otro perro vagabundo, y poco más. Y hablando de ruidos…
-¿Mike?-pregunté con voz ronca.
Me había parado en seco, con mi corazón bombardeando fuertemente en mis oídos. Había escuchado un ruido que seguramente provenía del interior de alguna casa, sin embargo en aquellos momentos el miedo de ir sola por una calle intransitada pudo conmigo.
Algo iba mal, me dije.
Pensé en que Mike había estado siguiéndome a escondidas para asegurarse de yo estaba bien, pero me desilusioné cuando nadie respondió a mi pregunta.
-Mike, sé que eres tú. Por favor, no me vayas a asustar si es lo que tienes pensado hacer-me mordí el labio inferior para calmarme un poco-. Como me asustes, usaré mi telequinesia contra ti, ya estás avisado.
Nunca habría amenazado a Mike con usar la telequinesia contra él, pero en aquellos momentos estaba demasiado asustada y era capaz de hacer cualquier cosa. ¡Pero qué demonios! Había sido capaz de viajar sola a Scottsdale y me había montado en una Harley. Ah, y me había medio enfrentado a Jeff alguna que otra vez. ¿Y ahora tenía miedo de caminar por una calle a oscuras? Increíble.
Viendo que nadie respondía a mis amenazas y súplicas decidí girarme para comprobar si realmente había alguien vigilándome o, por lo contrario, estaba haciendo el ridículo hablando sola. Resultó ser lo segundo. No había nadie en la calle, y la farola que parpadeaba no mostraba la sombra de ningún ser. Ahora estaba más asustada todavía; juraría haber escuchado un ruido cerca de mí, como una pisada. Tal vez hubiera sido un perro. ¿Y si era un perro grande y fiero que estaba hambriento y quería matarme? ¿Y si era un tigre que se había escapado de algún zoológico? Bueno, sí, tal vez todo eso que pasaba por mi mente fuera algo fantástico, pero de todas formas me apresuré en buscar las llaves de casa en el bolsillo de mi pantalón y luego echaría a correr hasta llegar a mi casa. Escondí las llaves bajo mi mano por si tenía que usarlas contra alguien. ¿Y si había por allí cerca un violador? Bueno, para eso era telequinésica, usaría mis llaves y haría lo que fuera con ellas, desde rasgarle la cara hasta sacarle los ojos, si hacía falta.
Quise darme la vuelta para seguir caminando hacia mi casa, pero entonces me percaté de que un brazo me había agarrado a la altura del estómago mientras que una mano intentaba asfixiarme con un pañuelo. Cloroformo, pensé automáticamente. Intenté no inhalarlo a la vez que hacía todo lo posible por defenderme. Quien sea que fuera me estaba haciendo daño en las costillas y hacía lo posible por inmovilizarme las piernas. Mierda, ahora ya tampoco podía darle una buena patada en sus partes. Intentaba usar las llaves con la telequinesia, pero esta no me respondía debido a mi falta de concentración, y menos me obedeció cuando mi prioridad fue intentar encontrar el aire. Me estaba quedando sin oxígeno y si respiraba me desmayaría por los efectos del cloroformo. Hice acopio de las pocas fuerzas que me quedaban para intentar liberarme de mi agresor, pero no pude hacer nada más.
Todo a mi alrededor se nubló y oscureció.
*******************************
Haha, Mike y Lillian vieron Misión Imposible III, sabéis por qué? XDDD

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por WasabyGreen el Vie Nov 01, 2013 5:33 pm

¡Lilliaaaaaaaaaan! D: No lo sé, ¿por qué? xD

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Miré a la primera muñeca, fijamente, en perfecto estado, cuidada.
—Thana es lo que ocurre, las personas que conoces, la que mide la longitud del hilo, la que lo desenreda. El desarrollo.
Miré a la segunda, en un estado menos cuidado que la primera pero no tan dañado como el de la tercera.
—Akhir es lo que ocurrirá, las personas que conocerás, la que corta todas las uniones. El fin.
Y miré hacia la tercera, cerrando mi boca pues la tenía abierta. Mi sentimiento de lástima por Akhir cambió a ser uno de temor."
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Re: Saga Telepathy

Mensaje por Rigri el Vie Nov 01, 2013 5:46 pm

Lilliaaan...ha mueeertooo ¿? XD haha, ok, no, pero a ver quién ha sido la persona que la ha atacado =S
Porque....uufff, es que me he prometido a no nombrarlo hoy, y hoy empezó hace 45 minutos XD. Pero si miras en mi firma obtendrás la respuesta XD

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por WasabyGreen el Vie Nov 01, 2013 5:51 pm

Eso, que yo quiero saberlo xD Eeh... ¿Que aparece uno de los actores de ahí abajo? xD Aclaro: no tengo ni idea de qué peli es esa xD

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por Rigri el Dom Nov 03, 2013 12:12 pm

Capítulo 11: No me gusta este sitio.

2 de Octubre de 2012, 0:10 a.m.
-¿Está muerta?
-No, puedo leer su mente. Es más, está empezando a despertarse. ¡Hola, Lillian! ¿Te acuerdas de mí?
-¿Es que no ves en el estado en el que está? Lo menos que podrías hacer sería dejarla tranquila.
Me dolía la cabeza como si me hubieran dado un martillazo. Uno o varios. ¿Por qué gritaban tanto aquellas personas? Agg, hasta mi propia voz era dolorosa para mis oídos. Y ni siquiera estaba hablando.  Conseguí sentarme a duras penas y pronto mis ojos se acostumbraron a la poca luz que se colaba por una pequeña ventanita de ventilación. Lo primero que vi fue a dos personas, una chica y un chico. Uff, volvía a dolerme la cabeza. Antes que nada, quería asegurarme de dónde…
-Te han secuestrado. Ya sabes, los Desertores. ¿Te acuerdas de mí? Claro que sí, yo soy inolvidable como el Ferrero Rocher, jeje. Ella es Amber, ya sabes quién, ¿no?
Por favor, cállate, le ordené a aquella voz. No sabía quién era, aunque algo me decía que sí lo conocía. Espera…
¿Inolvidable como el Ferrero Rocher? Noté una especie de pequeña ira recorriendo mi cuerpo. Uff, vale, cálmate, Lillian. Mike te prometió que no te harían daño, ¿verdad? Es más, te prometió que no te secuestrarían, y aquí estás, delante de los dos chicos que habían sido secuestrados. Casualmente delante de dos chicos que tienen extrañas habilidades como yo. ¿Le encuentras algún sentido a esto? ¡No!
-Oye, cálmate, ¿vale? Tus gritos perforan mi mente como un cuchillo es capaz de cortar a una manzana-dijo el Inolvidable Wendell.
Y la otra, Amber. Vaya, vaya, la Veronica Pelirroja, qué mal la veía. Vale, fuera de ironías y maldades disfrazadas, Amber estaba irreconocible. Medio famélica, con el pelo lleno de greñas y los ojos llenos de la más pura triste depresión que ninguna otra mirada del mundo, y llevaba un top fucsia, una minifalda e iba descalza, aunque en un rincón de la celda en la que se encontraba había un par de plataformas del mismo color fucsia. Sin embargo, Wendell, quien también estaba bastante desmejorado (¿qué había sido del niño pijo y rico?) parecía llevar la situación mucho mejor que Amber.
Y yo sentía mis ojos llorosos y una opresión dentro de mí que me hacía querer gritar y gritar para que alguien nos ayudara. Estaba encerrada en una especie de celda que tenía una cama, un lavabo y un váter. Y en frente mía estaban Amber y Wendell, cada uno en una celda distinta igual a la mía.
-¿Dónde está Louis?-pregunté en apenas un susurro.
Tenía muchas preguntas en la mente, pero esa fue la primera que pronuncié. Amber y Wendell se miraron de reojo antes de que alguno me respondiera.
-No hemos visto a Louis-respondió Amber.
-Verás-prosiguió Wendell-, viene un tal Rupert a darnos la comida dos veces al día-me eché a temblar cuando escuché aquel nombre-. Pero la comida está cargada de sustancias que hace que poco a poco vayamos cayendo en un sueño profundo.
-¿Qué?-cerré los ojos un momento, intentando ver si había alguna opción antes que comerse esa comida envenenada-. Pero, ¿qué nos hacen luego? ¿Por qué no os han…?
-¿Matado?-terminó Wendell como si no le importara hablar de su propia muerte-. No lo sé. El efecto que nos provoca esa sustancia que le echan a la comida es peor que dormir. Cuando duermo, a veces puedo leer las mentes de los demás, sin embargo con esa sustancia no puedo leer ninguna mente, es como si bloquearan mi habilidad.
Aquellos Desertores eran listos.
-Pero Mike me prometió…él me dijo que…-balbuceé, aunque fui interrumpida por Amber. Por cierto, era la primera vez que me refería a Mike con ese nombre hablando con otras personas que no fuera él.
-Mike te ha mentido. También me mintió a mí.
Abrí los ojos de par en par sin creer las palabras de Amber. Su voz estaba cargada de odio, pero seguramente sería alguna estrategia para que yo cortara con él y así pudiera ella ser su nueva novia.
-Créeme, Lillian, se hizo mi amigo porque su padre se lo pidió, o tal vez lo hizo sin que su padre se lo pidiera, si no que él actuó desinteresadamente.
-¡Eso es mentira!-chillé, conmocionada-. Mike no es ningún Desertor. Él no es como su padre.
-¿Y en qué te basas?-me asaltó Amber-¿En sus palabras bonitas? ¿En sus constantes intentos para ponerte a salvo? ¿En las promesas de amor que te hace cada dos por tres? ¿Y si todo fue una estrategia para que cayeras en la trampa?
Estaba roja de ira. No podía creer el descaro de aquella estúpida niña celosa. ¿Una estrategia? Já. Yo habría dicho que son los celos.
-Piénsalo-dijo esta vez Wendell-. Mike se mudó junto a su padre a Scottsdale, precisamente donde estaban tus padres. Y luego él te llevó hasta la cárcel, seguramente porque él ya sabía que tus padres estaban allí, y que los Desertores te esperaban.
-¿Y en qué te basas tú?-repliqué como si fuera una niña pequeña-¿En tus pensamientos? Pues si leíste eso en la mente de Mike este verano, podrías haberme advertido.
-Yo no leí eso en la mente de Mike. Curiosamente, él guardaba en sus pensamientos algo muy importante, algo que no quería que nadie supiera. Sin embargo, he estado indagando en la mente de Rupert y piensa de vez en cuando en un tal Michael.
-No podéis decirlo en serio-repliqué de nuevo, esta vez manteniendo la calma-. Acusáis a Mike sin tener ningún argumento en condiciones. Está claro que Rupert es más culpable de nuestros secuestros, ¿o no? Él intentó matarme, pero Mike fue quien me salvó de él y de la rubia que estaba en su consulta. Y fue el mismo Mike quien arriesgó su vida para salvar la mía cuando los Desertores nos perseguían. Sin embargo, en el juicio que yo tuve, Rupert y Grace estaban a favor de que yo muriese, al contrario que Louis, que también es Desertor, que propuso la idea de que eliminaran mi telequinesia dejándome vivir-no me había dado cuenta de que realmente todas aquellas palabras no las quería decir en voz alta-. Además mi Protector y su hermana confiaban en Mike, así que él es inocente.
Amber no me había dirigido la mirada en ningún momento mientras yo hablaba. Se había limitado a mirar al suelo con la boca convertida en una línea.
-Tal vez tengas razón, pero yo sigo sintiéndome como si Michael me hubiera utilizado-fue todo lo que dijo Amber-. Nos ha utilizado a las dos, créeme.
Pero no la creí. Estaba tan cansada que mis ojos se cerraron automáticamente y me dormí en el suelo.

‘‘-Lillian-me llamó alguien-. Lillian, despierta. Soy yo.
Inconscientemente hice caso a aquella voz familiar y poco a poco fui abriendo los ojos. Todo a mi alrededor estaba oscuro, y me costó un poco que mis ojos se adaptaran a la escasa luz. Sin embargo, pude contemplar bastante bien el rostro que se encontraba frente a mí, sobretodo los blancos dientes que esbozaba a través de su sonrisa.
-¿Mike? ¿Eres tú?
Era él. Aunque sus ojos eran oscuros, de color café, incluso en la oscuridad brillaban como si fuera de día. Me alegré de verle allí, conmigo, aunque ni siquiera sabía en dónde estábamos. Él se adelantó a hablar ante de que yo pudiera preguntarle en qué lugar nos hallábamos:
-Te quiero, Lillian.
Fruncí el entrecejo levemente; me había percatado de que ya era la tercera vez que me llamaba por mi nombre completo, cosa que no hacía nunca, salvo en contadas ocasiones. Me estremecí interiormente, pero dejé que continuara hablando:
-Te quiero, Lillian. Pero tengo que cumplir una misión-me estaba asustando. Era su voz, pero hablaba con una frialdad impropia de él. Me agarró del brazo y me levantó del suelo con suavidad-. Deja que te muestre algo, Lillian.
Mike se colocó detrás de mí, dejándome ver lo que estaba ocultando con su espalda segundos atrás. Solté un grito de terror ante la escena que se encontraba ante mis ojos. Nosotros estábamos en mi celda, y a través de las rejas podía contemplar los cuerpos inertes de Amber y Wendell, cada uno colgando de una cuerda por el cuello. Me llevé una mano a la boca, completamente horrorizada.
-Te prometo que contigo seré rápido-me susurró Mike en mi oído.
-Tú no eres Michael-le dije con la voz temblorosa.
Me había puesto un cuchillo sobre el cuello. Si me iba a matar que lo hiciera pronto; odiaba el estado en el que me encontraba: viendo a Wendell y Amber degollados y con un asesino que me amenazaba con un cuchillo y, para colmo, parecía ser la persona en la que más había confiado.
-Te quiero, Lillian. Pero he de matarte por el bien de todos.
Y tras esas palabras, la hoja afilada de su arma se clavó bajo mi piel. ’’


Me senté bruscamente con todos los pelos mojados por el sudor sobre mi cara. Tenía la respiración entrecortada, pero poco a poco me fui dando cuenta de que todo había sido una fea pesadilla. Una ráfaga de viento frío se caló en mis huesos, obligándome a encogerme sobre mí misma. No estaba en mi casa, pero lo bueno era que Mike no estaba allí conmigo como en el sueño. Me aseguré de que Amber y Wendell estaban bien, sin embargo él no estaba en su celda y ella estaba dormida. Me preguntaba dónde estaría Wendell, y entonces me acordé de que los médicos nos hacían dormirnos por los efectos de alguna droga de nos daban en la comida y seguramente nos llevaran a algún sitio a no sé qué. Y hablando de comida…                                       Justo enfrente de mí había una bandeja con una sopa de fideos, cuchara y servilleta. Hice una mueca. Tenía hambre, pero por otro lado tampoco quería ser drogada.
Sin embargo no pude resistir a mi necesidad cuando mi estómago rugió.


Última edición por Rigri el Dom Nov 03, 2013 12:32 pm, editado 1 vez

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por WasabyGreen el Dom Nov 03, 2013 12:24 pm

Mike, me confundes D: xD

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por Rigri el Dom Nov 03, 2013 12:31 pm

¿Qué te creías? ¿Que Mike iba a ser un Edward Cullen fiel, súper enamorado y sin secretos hacia Lillian? XD

*Wendell*
Oh, me encantó esa frase que dije: Yo soy inolvidable8) 8) Como el Ferrero Rocher XD

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por WasabyGreen el Dom Nov 03, 2013 12:50 pm

El Ferrero Rocher sí es inolvidable de verdad, Wendell *-* xD Y ya veremos qué trama Mike ¬¬ xD

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por Rigri el Jue Nov 07, 2013 9:11 am

(Escribiré sólo una parte del capítulo 12 debido a...en fin...la convalecencia de mi ordenador XD para ya lo iré completando ^^ )
Capítulo 12: ¿Hasta cuándo durará esto?

12 de Octubre de 2012, 18:00 p.m.
Me desperté poco a poco de los efectos de la droga que había tomado tiempo antes. Cuando abrí los ojos volvía a estar en mi celda, aunque no recordaba nada de lo que había hecho desde la última vez que estuve aquí.
Si yo estaba despertándome, Amber empezaba a hacer todo lo contrario, por lo que ella sería la siguiente en ser estudiada. Lillian?-dijo Wendell. Ya empezaba a extrañarme que no hubiera hablado aún. Le miré aún somnolienta-. Creo que voy empezando a ver qué hacen con nosotros esos médicos.
Abrí los ojos y me acerqué al borde de mi celda, curiosa:
-¿Qué? ¿Qué has leído en sus mentes?
-Creo...-vaciló antes de continuar, como si intentara recordar lo que había leído en las mentes de los Desertores-. Creo que sacan muestras de nuestras neuronas para estudiarlas, pero no sé qué más hacen luego.
Fruncí los labios, medio frustrada. Odiaba que los Desertores tomaran posesión de mí de aquella forma para realizarme estudios sobre el funcionamiento de mi telequinesia. Y lo peor de todo era que no podía resistirme; si no comía, moría de hambre.
-Sé que es asqueroso, pero no podemos hacer nada.
Fruncí aún más los labios. El hecho de saber que ni siquiera podíamos salir de allí me hacía frustrarme todavía más.

Diez minutos más tarde, entró un Desertor al que no conocía mucho y se llevó a Amber. No le dejó comida a Wendell porque sólo recibíamos una ración al día, y el ya había sido estudiado antes que a mí. Él pasaría una buena noche durmiendo, pero Amber y yo, no. Ella por los efectos de la droga; yo, por las terribles pesadillas que venían a visitarme cada noche. En muchas de ellas aparecía Mike, pero había otras en las que veía a mis padres intentando rescatarme...pero nunca lo conseguían. Me estremecí al pensar qué pasaría si fuera yo la vidente en vez de Amber. Al parecer, Amber obtenía sus visiones del futuro a través de los sueños, que todo lo que soñaba ella se hacía real tarde o temprano.
Tenía que reconocer que Amber me caía demasiado bien para la imagen que tenía de ella, aunque no había día que no insultara a Mike o dijera algo en su contra. Era como si así quisiera hacerse mi amiga y juntas hundirlo. Pero yo ni quería hacerme su amiga ni quería hundir a nadie. Ella me recordaba en muchos sentidos a las chicas que salían con Jeff, y mi prioridad en aquellos momentos tan llenos de incertidumbre era saber si algún día saldría de allí.
-Lillian...-empezó Wendell. Volví a mirarlo, esperando que no se hubiera metido en mis pensamientos-. Hay algo que acabo de leer en ese Desertor...-se mordió el labio inferior, como si no quisiera decirlo.
-¿Qué? Dilo, Wendell.
-Planean matarnos el 21 de Noviembre de este año.
¿Por qué todo lo que salía por su boca me sentaba como una patada en el estómago? Bueno, aquello me dejó sin aliento, y por un segundo creí que mi corazón había dejado de latir. Matarnos.
Cerré los ojos para esconder las lágrimas de la vista de Wendell. ''No permitiré que te hagan daño, Lil'', me había dicho un tal Mike. ''Mi padre no te hará daño. Él no es como los demás''.
''O tú eres como ellos'', le habría dicho en estos momentos.
-¿Todavía sigues pensando en ese?-inquirió Wendell-. Después de haberte traicionado, vas tú y sigues pensando en él.
Sacudió la cabeza de un lado a otro como si no aprobara mi comportamiento.
-Cállate-le ordené-. ¡Tú no tienes idea de lo que es enamorarse de alguien y que luego te claven el puñal por la espalda!
Me había aferrado a las barras de mi celda como si fuera una bestia que quisiera salir de su prisión, y había gritado tanto que mi telequinesia se había disparado hasta el punto de que conseguí mover el inodoro y estamparlo con la pared que separaba mi celda de la contigua. Había sido tan fuerte el estruendo que había derrumbado el muro. Genial, ahora tenía el doble de espacio, fos camas y un inodoro más. Sería la envidia de Amber y Wendell.
Vale, aparte de bromas, ahora estaba asustada por lo que me pudiera pasar. ¿Me matarían los Desertores antes de tiempo?
-Tranquila, tal vez te corten un brazo, pero poco más-dijo Wendell como si así fuera a consolarme.
Le dirigí una mirada envenenada. Todo lo que podía hacer ahora era esperar a que algún Desertor descubriera mi desastre.
*********************************
Y aquí acaba el capítulo. Habrá que esperar a ver qué le pasa a Lillian...

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por Lenuki el Miér Nov 20, 2013 2:04 pm

antes de leer el cap. 3:sí, me imaginaba que amber era vidente.

¿que por qué?¿y yo que sé?¿será que soy vidente?O.o (xD)
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Re: Saga Telepathy

Mensaje por Rigri el Jue Nov 21, 2013 8:16 am

Eres lista Lena XD. por cierto, recuerdo que por motivos tecnicos del ordenador no podre subir mas capitulos hasta despues de navidades, ya que estoy pasando telekinesis y telepathy a cuadernos para evitar que se me pierdan, Retomare la historia cuando acabe de escribir telepathy en el cuaderno U.U

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por Rigri el Sáb Feb 15, 2014 2:47 pm

Capítulo 13: La verdad sobre Mike.

20 de octubre de 3012, 12:45 a.m.

Wendell no había dicho palabra alguna durante la hora en la que Amber había estado siendo estudiada por los médicos. Haba supuesto un gran alivio para mí, porque necesitaba tranquilidad e intimidad aunque esto último no lo tenía del todo garantizado teniendo a Wendell cerca. Pero si estaba leyendo mis pensamientos, al menos estaba haciendo el favor de guardar silencio.
Por mucho que lo intentaba, nunca conseguía sacar de mi cabeza a Mike. Todo me llevaba a pensar en él, lo que hacía enfurecerme conmigo misma al comprobar que no era capaz de dejar de pensar en él. Y cuanto más pensaba, más rabia tenía, y más ganas de llorar me entraban. Todos los momentos vividos con él me golpeaban una y otra vez en la cabeza y me hacían sentir como una estúpida al no haberme dado cuenta de quién era en realidad Mike.
La puerta se abrió y yo me sequé las lágrimas con el dorso de la mano. Tanto Wendell y yo estábamos sentados en el suelo de nuestras respectivas celdas, aunque él fue el único en levantarse; yo me encogí más sobre mí misma, recordando que había roto el muro que separaba mi celda de la que estaba vacía. No quera saber qué me iban a hacer los Desertores...
Y para colmo, el médico que había entrado era Louis. Todavía no me había mirado, estaba abriendo la celda de Amber y dejándola en su interior. Era muy ilusa creyendo que no se girara hacia mí. Seguro que de los tres quinésicos yo era la que más le interesaba por el hecho de haberme juntado con su hijo.
Louis se giró finalmente hacia mí, y para mi asombro, yo no rehuí su mirada, sino que la mabtuve fija y desafiante. Era como si su parentesco con Mike hiciera que odiara a Louis por encima de Rupert
y cuaquier otro Desertor. Por suerte, Louis no guardaba ningún parecido físico con Mike, de lo contrario yo lo estara pasando mucho peor.
Los ojos del Desertor pasearon desde mí haata el muro tirado. Fue en ese momento cuando dejé paso al miedo, que se apoderó rápidamente de mí, y rehuí la mirada. Cerré los ojos con fuerza, como si esperase un tirón o cualquier bofetada.
Sin embargo, me sorprendió su tranquila actitud al hablar:
-¿Ves por qué tenemos que destruiros, en especial a ti?-hablaba como un profesor explicando un problema de matemáticas al alumno-. Si eres capaz de derribar un muro de ladrillos y cemento, eres capaz cualquier cosa.
Me decidí a mirarle, y me.sorprendí de nuevo al ver que sus ojos, a pesar de ser fríos, reflejaban una absoluta tranquilidad.
-¿Cómo está Michael?-fue todo lo que se me ocurrió, y me sentí como una completa estúpida.
-Mi hijo está metido en un completo embrollo por tu culpa. Oh, se me olvidaba-Louis sacó algo de dentro de su chaqueta y me lo tendió a través de las rejas-. Te traigo la actualidad del momento. Espero que la disfrutes.
Y dicho eso, se fue, dejándome con un periòdico que no estaba segura de querer mirarlo.
-Lillian...-me llamó Wendell.
Lo miré durante un segundo para luego abrir el periódico. Era el local de Dearborn, el que mi abuelo vendía los domingos por la mañana en la librería.
Uff, qué de recuerdos me llegaron de repente.
Aun así, terminé de desdoblar el periódico y la única imagen que haba de portada me dejó sin aliento.
El periódico mostraba a una sonriente chica pálida y de ojos claros que formaba parte de una fotografía recortada puesta encima de la palabra Wanted. Incluso podía adivinar de quiénes eran los dos brazos que aparecían a los dos lados de la joven.
Y es que aquella chica era yo.
Sabía que detrás de aquella página habría varios párrafos dedicados a mí, pero leer en aquellos momentos me era una tarea muy difícil. Tiré el periòdico con toda la fuerza que pude, ayudándome de mi telequinesia. Ni siquiera me avergoncé de llorar ante Amber y Wendell.
-Lillian, vamos a salir de aquí, ya lo verás-me animó Amber, quien llevaba despierta desde que Louis se había marchado.
-En serio, ese Michael es un maldito traidor-gruñó Wendell-. Él mismo ha confesado que secuestró a Lillian.
Esas palabras que no quería oír y la realidad que no quería saber me hicieron estallar en gritos llenos de rabia. Cada día odiaba más a Mike, y me alegré de, como había dicho Louis, haberle metido en un embrollo.

En algún momento de mi enfado me había quedado dormida, y si soñé o no, no lo supe, pues cuando me desperté no recordaba nada.
Alguien me había tirado el periódico a la cara para espabilarme, aunque no fue Wendell como yo creía, sino que fue Amber.
De hecho, Wendell no estaba en su celda.
-¿Qué ocurre?-inquirí sabiendo que Amber no me despertaría para incordiar como habría hecho Wendell.
-Lillian, he tenido un sueño.
Me incorporé y me acerqué al límite de mi celda. Los sueños de Amber siempre dictaban lo que iba a pasar.
-¿Qué has soñado?
-Era muy raro.Estaba lloviendo mucho y yo iba acompañda por alguien encapuchado. Estábamos en una calle muy estrecha y yo decía algo de salvar a Michael ...y luego...luego, lancé algo a través de una ventana...y luego desperté.
-Salvar a Michael...-repetí, intentando encontrarle el sentido.
-Yo tampoco entiendo cómo va a suceder mi sueño...-respondió Amber, adivinando mis pensamientos, seguramente la intriga se reflejaría en mi rostro.
Por mucho que pensara no conseguía descubrir el significado de aquel. Pero lo importante era que Am ber iba a poder a salir de nuestro escondite y, seguramente, Wendell y yo también.
**************************************
Lo prometí!!!!!!!!!!! La saga telekinesis vueeeelveeee!!!! XDDD


Última edición por Rigri el Vie Feb 21, 2014 3:04 pm, editado 1 vez

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por WasabyGreen el Sáb Feb 15, 2014 3:34 pm

¡Bieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen! xD Sí, ojalá salgan de ahí D: Ya no me acordaba de que Lillian tiró el muro xDD

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Miré a la primera muñeca, fijamente, en perfecto estado, cuidada.
—Thana es lo que ocurre, las personas que conoces, la que mide la longitud del hilo, la que lo desenreda. El desarrollo.
Miré a la segunda, en un estado menos cuidado que la primera pero no tan dañado como el de la tercera.
—Akhir es lo que ocurrirá, las personas que conocerás, la que corta todas las uniones. El fin.
Y miré hacia la tercera, cerrando mi boca pues la tenía abierta. Mi sentimiento de lástima por Akhir cambió a ser uno de temor."
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Re: Saga Telepathy

Mensaje por Rigri el Sáb Feb 15, 2014 3:59 pm

jajajajajajaj yo tampoco me acordaba XDD. Me he tenido que leer unas cuantas veces los capitulos anteriores pararecordar y tal XD

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Re: Saga Telepathy

Mensaje por WasabyGreen el Sáb Feb 15, 2014 4:03 pm

Jajaja, pues anda que estamos bien xDD

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Miré a la segunda, en un estado menos cuidado que la primera pero no tan dañado como el de la tercera.
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Re: Saga Telepathy

Mensaje por Rigri el Vie Feb 28, 2014 4:29 am

Capítulo 14: Malos recuerdos.

27 octubrede 2012, 17:30p.m.
Ya era jueves. El día de las visitas. El policía abrió la puerta de mi cuarto y se acercó a mí para esposarme las muñecas. Yo simplemente dejé que me levantara del suelo sin oponer resistencia alguna.
-Tienes visita-me dijo, como si fuera una novedad todo aquello.
El día de las visitas en el centro de menores en el que estaba era el jueves de cada semana.
Todos los jueves desde que haba ingresado en el centro haba venido a visitarme la misma persona, y precisamente no era la que más me agradaba, pero sí la que más me interesaba.
Mi padre.
El carcelero me guió hasta la sala de las visitas, aunque yo me sabía el camino de memoria. La gran sala estaba llena de gente, pero no me llevó más de dos segundos encontrar a mi padre entre el gentío. Siempre se sentaba en la misma mesa.
Él ya me estaba mirando, como si supiera desde hace tiempo que iba a aparecer allí. Su sola presencia me estremeció de ira.
Odiaba a mi padre, y eso que él era el único q había venido avisitarme. Me preguntaba por qué mamá no había venido ni una sola vez...
No fui consciente de haber llegado hasta la mesa donde estaba mi padre. Él me saludó fríamente, aunque con una cálida sonrisa en su boca. Yo pasé directamente a las preguntas, sin importarme los modales:
-¿Cómo está ella? -mi voz sonó rota en mis oídos.
No hacía falta decir a quién me refería, y prefería no pronunciar su nombre por temor a que me pusiera a llorar delante de mi padre.
-Hijo, no deberías preocuparte por ella del modo en el que lo haces-mi padre hablaba con calma, lo que me sacaba de quicio; yo estaba ansioso e impaciente-. Recuerda que teníamos un trato.
Un trato, repetí en mi mente. Un chantaje, diría yo. Acercar a mi mejor amiga al peligro para que mi madre no resultara herida.
Era sólo un crío cuando mi padre me dijo aquello. Ahora le habría torcido la cara de una bofetada.
-No quiero seguir con esto-dije intentando que mi voz sonara firme.
Y quera decir más cosas, pero ni mi voz ni él me lo permitieron.
-Michael, debes continuar-me dijo, más como una orden que otra cosa.
Lo miré, expectante. No sé de qué me sorprendía; una respuesta así por su parte era lo más normal.
-Es más, te conviene hacer una carrera relacionada con la medicina.
Solté un bufido. No podía creer lo que estaba escuchando.
-¿Estás planeando mi futuro? -repliqué-. Por favor, no puedes ir en serio, sabes que no estoy hecho para esto.
Mi padre seguía mirándome con seriedad, lo que me hizo borrar la sonrisilla que tenía en mi rostro al imaginarme a mí de médico. Era imposible que me convirtiera en un médico, más que nada porque odiabalos hospitales.
-Michael, escucha-volvió a decirme mi padre-. Tienes que seguir adelante con los Desertores. Si no lo haces, tu vida correrá peligro, ¿entiendes?
Ese "peligro" tenía un significado mucho más peligroso de lo que la propia palabra tenía. Noté que mi garganta se secó pronto y una especie de corriente cargada de ansiedad azotó mi cuerpo.
-¿Qué quieres decir?-conseguí preguntar .
-Que si no te conviertes en médico o algo relacionado con la medicina, harán contigo lo que sea para asegurarse de que no vas a contarle nada de los quinésicos a nadie.
Fruncí los labios en un intento de no llorar de impotencia.
-¡Sabes que yo nunca voy a estudiar medicina!-estallé.
Notaba mi cara roja, seguramente de la rabia que tenía por dentro.
-¡Te dije que te hicieras amigo de Lillian, no que te enamoraras de ella!-contraatacó mi padre.
Sus palabras me hicieron bastante daño, pero aun así no iba a permitir que fuera él quien tuviera la última palabra.
-Me hice su amigo, ¿a cambio de qué? Tú me dijiste que me acercara a ella y a cambio tú te portarías bien con mamá. Esas fueros tus palabras.
No sé qué era más doloroso, si mantener en silencio aquellas palabras o haberlas dicho en voz alta. Supongo que en cualquier caso, el recuerdo que se me vino a la mente no me dio buenas sensaciones.
Yo nunca había tenido pensamientos de acercarme a Lillian. Cuando mi padre me dijo que lo hiciera lo hice por mi madre. Era sólo un crío de seis años. Veía a Lillian como una niña antisocial y que no quería que nadie se le acercara. Todos los niños sabían que ella era rara, y yo era consciente que el ser amigo de ella implicaba en convertirme en un marginado como ella.
Mis lágrimas cayeron estrepitosamente sobre mis mejillas. Ni siquiera me despedí de mi padre, sino que me levanté de mi asiento dándole un empujón a la mesa. Si iba a llorar quería hacerlo sólo, en mi celda, no delante de él.
Lloré y lloré mientras escuchaba la lluvia caer sobre la pequeña ventana. No entendía nada sobre mí mismo, cómo podía considerar a mi padre un monstruo cuando el monstruo era yo. Cómo podía haber pensado alguna vez todas esas cosas de Lillian. No la había considerado mi amiga después de un buen tiempo y eso hacía que me odiara a mí mismo. No sabía qué pensaría ella de mí, pero no me importaría nada en absoluto. Ella no se merecía ya mi amistad, y mucho menos mi amor, y eso me dolía aún más, porque a pesar de todo, aprendí a amarla.

Me había quedado dormido entre mis propias lágrimas, pero me desperté al escuchar un ruido dentro de la habitación. Todavía seguía lloviendo, y ya era de noche. Me levanté pesaroso del suelo y me froté los ojos con el dorso de la mano para despertarme. A unos pasos de mí había una nota. Entrecerré los ojos y miré a la ventana, y luego a la nota de nuevo. Seguramente sería de mi padre, y estuve tentado a no cogerla...
Pero la curiosidad pudo conmigo. Lancé un suspiro de cansancio; a pesar de haber dormido, los sueños(más bien pesadillas) no me habían dejado descansar.
Me agaché y recogí la nota del suelo, un trozo de papel cuadriculado con algo escrito:
Nos reuniremos el jueves. 18:00 .
Fdo: A.H.

**************************
Y ahora odiáis a Mike después de saber qué pensaba de Lillian?? Bueno, el siguuente capítulo sí que os gustará xDDD

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