Saga Telekinesis

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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Miér Sep 11, 2013 8:33 am

lo intentaré, pero es que tengo que rellenar la beca para el instituto, a ver si me da tiempo antes de que venga la madre que me dio a luz XD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Miér Sep 11, 2013 8:36 am

Capítulo 15: Tormentas eléctricas.

28 de Junio de 2012, 18:00 p.m.
Hacía un par de días que no paraba de llover en medio mundo. Las tormentas eléctricas estaban produciendo cortes de electricidad, haciendo que todas las fábricas se cerraran debido al mal tiempo. Ya habían muerto varios centenares de personas debido a las tormentas. La electricidad había conseguido instalarse en las casas de las personas a través de las antenas de los televisores y de los cables. En definitiva, todo era un caos. Muchos ya decían que se trataba del fin del mundo.
-Esto se nos ha ido de las manos-murmuró un hombre de mediana edad.
-¿IDO? ¡Por dios, ha muerto una protegida! ¿Te parece poco?-gritó una mujer, algo más joven que el hombre.
-Nicole, la chica no va a morir-la tranquilizó el hombre.
-Aidan, esa chica no va a sobrevivir-puntualizó esta vez otro hombre-. Ya has oído las noticias, ya has visto los informes. Tiene heridas internas muy muy muy graves. Múltiples huesos rotos, órganos vitales imposible de curar…ha sido atropellada por un tren que iba a 200 por hora.
-Y el chico que la acompañaba no está mucho mejor que ella-añadió otra persona.
Aidan le dirigió a sus compañeros una mirada fulminante.
-Van a sobrevivir-dijo vocalizando las palabras-. No permitiré que Louis y los suyos ganen. ¡Maldita sea! Encargaos de que los demás protegidos no sufran el mismo destino que Lillian.
Aidan era un hombre que se enfadaba con facilidad cuando sus planes no le salían bien. Y se enfadaba aún más cuando se lo echaban en cara.
-Nuestros protegidos no han pasado por ningún peligro. Hemos sabido manejar la situación y contarles las cosas en los momentos adecuados. Sin embargo tú le has confiado una tarea digna de un médico a un anciano de ochenta años-le reprendió Gerard, uno de los médicos presentes.
-Setenta-replicó Aidan-. Bueno, pero aún nos queda la revancha-dijo con una orgullosa sonrisa-. Louis y sus compañeros han roto la regla más importante del Tratado. Han matado a un protegido, así que deberíamos celebrar un juicio para que lo lleven a la cárcel.
Los compañeros de Aidan se miraron entre sí, poco convencidos.
-No seáis pesimistas. Tenemos una reunión a las ocho con ellos en este mismo despacho.
Y dicho eso salió de la sala seguido de Nicole.
-¿Por qué siempre te refieres a los Desertores como ‘‘Louis y los suyos’’? Como si Louis fuera el jefe.
Aidan miró a Nicole con una extraña mirada. Caminaba por el pasillo del hospital a paso ligero, pero a la mujer no le costó seguir el ritmo de su compañero.
-De todos ellos, al que más odio es a Louis, pero no te voy a dar más explicaciones. Por favor, ve a la cafetería y tráeme un descafeinado con leche. Voy a estar atendiendo a la madre del chico.
Nicole le reprendió con la mirada.
-Tu prioridad es la familia de la protegida. Y piensa bien en los argumentos que vas a utilizar contra ‘‘Louis y los suyos’’-aquello último lo dijo con algo de sorna, y luego se alejó de allí.



Dos horas más tarde, Aidan, Nicole y otros tres compañeros más, Gerard, Momoke y Francis, entraron en el despacho, tal y como habían acordado con otros médicos. En la sala ya se encontraban otros médicos, ya sentados alrededor de una gran mesa blanca que estaba en medio de la habitación. Los recién llegados no tardaron en sentarse frente a sus opositores, y Aidan no pudo evitar desafiar a Louis con la mirada, que estaba frente a él. Louis consideró aquel gesto pueril, y se lo echó en cara, lo que hizo enfurecer más a Aidan:
-A veces te comportas como un niño pequeño-le soltó en voz baja mientras se inclinaba sobre su silla-. Eres infantil, Aidan, y con tu estupidez has conseguido matar a tu protegida-a pesar de que su voz sonó fría y calculadora, no se avergonzó de sacar una leve sonrisa de triunfo.
Ambos volvieron a sus puestos para integrarse en el debate. Rupert fue el primero en empezar:
-Esa chica es una asesina. Intentó matarme, Grace estaba delante-argumentó mientras miraba a su compañera.
-Y no sólo la chica, la protegida. También el amigo que lo acompañaba. Me asestó una patada en el estómago-añadió Grace arrastrando las palabras.
-Eh, primero habla uno de un bando y luego habla otro del otro bando-dijo Aidan. Hizo una pausa para conseguir silencio, y luego prosiguió:-. La protegida actuó en defensa propia. Si no lo hubiera hecho, vosotros la habríais matado.
-Los chicos deben morir, y sobretodo esa niña-siseó Louis-. Mira el caos que ha formado-dijo señalando a la ventana; un segundo después se escuchó un tremendo trueno que hizo vibrar la habitación entera-. Tormentas eléctricas, Aidan. Y lluvias torrenciales en medio mundo. ¿Cómo se lo explicas a la Humanidad? Sus enfermedades fueron frutos de experimentos de un loco del siglo XVIII.
-Llámalos habilidades, dones, fenómenos, capacidades. ¿Y qué harías si tu hijo tuviera alguna habilidad?
Louis no contestó de inmediato. Frunció levemente sus finos labios, y Aidan se alegró interiormente al ver que lo había callado.
-Encargaría a otro médico que lo matara-respondió entonces. Tanto sus compañeros como sus opositores lo miraron con cierta sorpresa-. Matar una vida humana para salvar la Humanidad entera. Incluso si yo fuera un protegido me suicidaría al saber que pongo en peligro a la especie humana.
-Pero sabemos que no tiene que ser así-se incorporó Momoke-. Los protegidos pueden aprender a controlar sus habilidades. El telepático puede aprender a cerrar las mentes de quienes le molesta. El telequinésico puede controlar el objeto que quiera y cómo quiera.
-Se necesitan muchos años de práctica. Además, el entrenamiento sólo es posible cuando pasan la adolescencia, cuando el gen parece calmarse-contradijo Grace.
-Y si en el hipotético caso de que la chica sobreviviese…-dejó caer Nicole, quien no había hablado aún.
-Morirá. Sólo hay un 1% de que sobreviva-volvió a contrsdecir Grace.
Aidan recordó en aquel momento la noche en la que nació Lillian. Las probabilidades de que no heredase el gen eran de un 25%. Cerró los ojos para olvidar aquel detalle. Sabía que Lillian sobreviviría, aunque sólo hubiese un 1% de esa posibilidad.
-Se nos acaba el tiempo-dijo Gerard-. Tenemos muchas cosas de las que hablar y poner en orden, así que lo mejor sería que celebrásemos un juicio médico cuando los chicos se recuperen (si sobreviven). Tenemos que conocer su versión antes de juzgarlos como asesinos. Además, está claro que habéis intentado romper el Tratado-dijo mirando a Rupert y a Gretta.
-Y no sólo en la clínica-puntualizó Aidan-. También la noche del accidente. Vosotros intentasteis matarlos.
Louis soltó una risotada fría y Aidan lo miró desafiante.
-A mi hijo no lo metas en esto, ¿entendido? Él es un crío que se ha metido en un charco que no le corresponde por culpa de esa niña. Nosotros sólo nos dedicamos a perseguirlos, ellos cruzaron la vía del tren con la moto y fueron arrollados. Y si mi hijo muere, lo pagarás bien caro.
Volvió a mostrar una leve sonrisa llena de triunfo al ver que Aidan tenía las de perder.
-Quien ríe último, ríe mejor-citó éste.
-Bueno, y ahora que hemos terminado las disputas, es hora de fijar fecha para el juicio. Independientemente de si los chicos se recuperan o no, lo fijaremos para el día 23 de Agosto. Tenemos muchos asuntos que tratar sin los chicos-comentó Rupert.
-Vale, pero con una condición-propuso Aidan-: El juicio estará en manos de un juez neutral.
*******************
Tal vez lo vuelva a subir porque no lo he corregido XD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Miér Sep 11, 2013 8:48 am

¡¡Que no pueden moriiiiiiiiiiir!! >.< xD Capaz es de tener Mike alguna habilidad también (no me echéis cuenta por el bien de la humanidad xD)
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Miér Sep 11, 2013 9:07 am

pobrecita, was XD estás empezando a inventarte paranoias XD bueno, puede que tenga alguna habilidad....y por qué tendría que tenerla?????? XD qué habilidad le daríais a Mike si la tuviera? XD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Miér Sep 11, 2013 9:18 am

Me estáis volviendo loca TTT-TTT Ah, y Bryan también xD Qué habilidad tendría... Mmm... Nu shééép... xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por la bele' el Miér Sep 11, 2013 9:29 am

Yo... yo quisiera que fuera el inmortal *-* Así nunca moriría a manos de su creadora ¬¬" xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Miér Sep 11, 2013 9:33 am

Si rigri lo decapitase o algo así sí podría morir xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Angie0518 el Miér Sep 11, 2013 9:39 am

¡JA! ¿Ven? Decapitar a la gente inmortal siempre funciona : D Ignora todo esto, por favor, rigri xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Miér Sep 11, 2013 9:43 am

Es de lógica, inmortal es que no mueres de viejo, invulnerable que nadie te puede hacer daño xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Miér Sep 11, 2013 3:43 pm

ya ves XD pero qué mala sois Y.Y queréis que Mike sea inmortal para tener que sufrir la muerte de su amada Lillian T.t ¬¬ aunque bueno, no se sabe si van a sobrevivir del accidente del tren XD
Yo creo que si Mike tuviera una habilidad sería la de modificar los sentimientos de las personas. No sé, por eso de lo que dice Lillian ''siempre que estoy con Mike, me pongo feliz, se me olvidan mis problemas'' (Esto es lo que dice una amiga mía xD)
Esta amiga mia me ha dicho que es un poco tópico eso de que Mike sea inmortal porque los protagonistas de muchas novelas(Rubí, Crepúsculo, CSO...) siempre acaban siendo inmortales, y dice también que si Mike fuera entonces inmortal buscaría una manera para que Lillian también lo fuera y así serían felices en plan a lo Crepúsculo y que si es así, dice que la novela será una caca xD Palabras textuales de esta chiquilla que también se le ha ido la olla XD
juasjuasjuasjuasjuasjuas, no tenéis idea de nada XD ninguna XD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Miér Sep 11, 2013 3:44 pm

Es que le pregunté qué habilidad podría tener Mike, y ella me dijo que preferiría que no tuviera una habilidad, que le gusta que sea la chica la que tiene algún superpoder y no el chico XD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Jue Sep 12, 2013 9:25 am

Capítulo 16: el ave fénix.
30 de Julio de 2012, 15:45 p.m.
Había una luz blanca en medio de la oscuridad. Un pequeño punto luminoso que me incitaba a acercarme a él. Pero también había un ruido en algún lugar de aquel mar de oscuridad. Un tren que no paraba de estrellarse continuamente contra algo. Y las personas del tren parecían hablarme, algunas me llamaban por mi nombre…
‘‘¡Vete lejos! ¡Que no te encuentren!’’. ‘‘¡ES MI HIJA!’’. ‘‘Aquí todos tienen una misión. Y la nuestra es protegerte’’. ‘‘ Te quiero. Siempre he tenido la sensación de que sentía por ti algo más que amistad’’. ‘‘No tienes idea del peligro que corres aquí’’. ‘‘La telequinesia no existe’’.
Había reconocido los rostros de las personas que hablaban. Casi todos eran personas a las que amaba por encima de todas las cosas. No quería dejarlos tan pronto. Y la última voz me había refortalecido; me había dado razones por las que luchar, por las que seguir con vida. Hice acopio de todas mis fuerzas, intenté alejarme de aquel punto de luz aunque éste se comportaba como un agujero negro. Me atraía hacia él de una manera peligrosa. Pero lo estaba consiguiendo. Cada vez veía aquel punto más y más lejos hasta que desapareció. Ahora todo era oscuridad y sólo podía guiarme por lo que oía, incluso por lo que olía. Escuchaba una especie de pitido bastante molesto que fue menguando hasta convertirse en un ‘‘pi’’ intermitente. Incluso podía jurar que escuchaba el leve tintineo de la lluvia chocando contra algún cristal.
La oscuridad se fue marchando también para dejar paso a una imagen muy borrosa. Lo iba entendiendo: acababa de abrir los ojos. Estaba resurgiendo de mis cenizas como el ave fénix.
Aunque seguía sin ver con total nitidez, pude observar la figura de un hombre que se encontraba frente a mí. Era rubio y parecía llevar una bata blanca sobre un uniforme celeste de médico.
-Hola-me sonrió al ver que había abierto los ojos-. Es como si te hubiera visto nacer de nuevo.
Quise fruncir el entrecejo pero todavía me sentía demasiado débil como para hacer cualquier movimiento por simple que fuera. Por no decir que me dolía el cuerpo entero. Sin embargo, sí que conseguí mover la boca:
-¿D-donde…es-estoy?-conseguí preguntarle con dificultad. Dios mío, mi voz sonaba como la de una drogadicta.
-En un hospital. Soy el doctor Hayes. Si estás cansada, no tienes por qué hablar. Te conviene guardar reposo.
¿Cansada? Acababa de despertar de un profundo sueño, y lo único que quería era saber qué me había pasado exactamente.
-No, espera. Ha-había un chico…-lo miré con desesperación. Quería saber si Mike había corrido la misma suerte que había corrido yo. Si estaba vivo.
-Sí, Michael Gray, ¿cierto? Está incluso mejor que tú-me aseguró con una grata sonrisa.
Me sentí aliviada. Aquel hombre me caía bien…espera, él era un médico. Ellos querían matarme.
-Usted no…quiero decir…me ha salvado la vida…
-Bueno, no es así exactamente. Yo no te he salvado-parecía arrepentido-. Pero sí que intento protegerte.
-Pero entonces, no todos los médicos son iguales.
-Oh, no. Hay médicos y médicos. Los Desertores y los Protectores. Sé que tienes muchas preguntas y mucho que asimilar, pero será mejor que descanses un poco. Volveré dentro de un par de horas.
-Espere, ¿cuánto tiempo he estado así?
El hombre vaciló antes de acceder a responder. ¿Habría estado un año sin despertar? Había gente que se pasaba hasta veinte años. Ufff, no pude evitar que me recorriera un escalofrío por la columna vertebral.
-Has estado un mes. Pero ahora has de descansar-volvió a insistir el doctor Hayes.
El médico se levantó de la silla y se despidió de mí con una sonrisa. Confié en que volviera luego, porque la verdad era que sí tenía mucho que preguntar y asimilar. Por ahora decidí cerrar los ojos, un poco temerosa de volver a encontrar aquel punto luminoso.


Un ruido me despertó, sobresaltándome. El médico de antes volvía a estar allí. Me dedicó una sonrisa a modo de saludo y se sentó en la silla, junto a mí:
-¿Cómo te encuentras?
-Mejor-vacilé antes de continuar-. Ha sido de milagro, ¿verdad? ¿Desde cuando llueve tanto en Scottsdale?-me había percatado de que llovía a cántaros-. Porque estamos en Scottsdale, ¿no? ¿Y mis padres? ¿Y mi abuelo?
-Lillian, me gustaría poder contarte varias cosas. Pero creo que no estás en condiciones para asimilarlo todo.
-Quiero saberlo-insistí; tenía una corazonada-. Sólo quiero saber la verdad.
Hayes parecía dudoso, pero finalmente decidió hablar:
-Tu telequinesia es fruto de un gen con el que experimentó un científico del siglo XVIII. Este gen está ligado al cromosoma X, por lo que puede afectar tanto a mujeres como a hombres. Aún no sabemos si es de carácter dominante o recesivo, pero tiende a ser del primero. La primera persona en obtener el gen de la telequinesia fue Frederick Sherpan, el abuelo de tu abuelo. La telequinesia ha ido transmitiendo hasta llegar a ti. Actualmente sólo hay dos personas vivas que poseen este gen: tú y tu abuelo.
-¿Mi…mi abuelo? ¿Él también puede mover objetos?-estaba totalmente desconcertada, pero sí tenía sentido en cierto modo; cuando yo movía algo en la presencia de Edgar, pronto dejaba de hacerlo a pesar de que siguiera enfadada. Como si él se encargara de controlar mi poder.
Dejé que el médico siguiera.
-A todo esto se sumó una guerra entre médicos y científicos. Unos, los llamados Desertores, estaban totalmente en contra de que hubiera gente que pudiera poseer fenómenos sobrenaturales, alegando que debían ser destruidos para no ser un peligro para la Humanidad. Los Protectores, al contrario, argumentábamos que debíamos protegerlos, que albergaban poderes capaces de evolucionar la ciencia y hacernos preguntar sobre las teorías propuestas por los físicos y biólogos. Hicimos un Tratado con el que nos comprometíamos a guardar el secreto de los poderes al resto de la Humanidad y a la vez protegíamos a los que tuvieran algún fenómeno sobrenatural.
>>Pero llega un momento en el que los tratados, acuerdos y decisiones se rompen. La generación de tu abuelo fue la más vulnerable porque los Protectores no creíamos que los Desertores iban a traicionar el Tratado. Hicimos todo lo posible por protegerlos, pero para la siguiente generación ya estuvimos preparados. La generación de tu madre apenas se ha visto afectada por el gen, pero la tuya, Lillian, ha sido muy diferente a las demás. Tu gen, el de tus compañeros, se ha reforzado, es mucho más potente que en generaciones anteriores. Por eso los Desertores se empeñaron más en buscaros, sobretodo a ti.
-¿A mí?-pregunté con la voz ronca. Mi voz me había sorprendido hasta a mí, después de que el doctor Hayes llevaba tanto tiempo hablando. Me fascinaba y a la vez me asustaba todo lo que me estaba contando, pero me sentía bien por saber la verdad. Y había más poderes a parte del mío.
-Sí, de todos los fenómenos sobrenaturales, la telequinesia, al parecer, es la más peligrosa. Cuando naciste, te hicimos una serie de pruebas, y luego tus padres desaparecieron. Fuiste capaz de teletransportar a tus padres cuando apenas eras un bebé.
Me miró fascinado, pero yo me sentía culpable. Estaba asustada y ahora no quería saber qué les pasó luego a mis padres.
-Los teletransportaste a Scottsdale y allí fueron encontrados por los Desertores. Tus padres me pidieron que te escondiéramos, que nunca debiéramos entregarte a los Desertores. Nos amenazaron con llevar a la cárcel a tus padres si no te entregábamos. Ellos dieron datos falsos sobre ti y mientras tanto los Protectores cambiábamos tu fecha de nacimiento, apellido y más cosas. Todo para que no te encontraran.
>>Ayudé a tu abuelo siempre que podía, dándole las indicaciones necesarias para ocultarte de la verdad. Fingimos que tus padres habían muerto en un accidente de tráfico para que no sintieras curiosidad por ellos. Los Desertores esperaban darte caza en Scottsdale. Cambiamos tu principal apellido por el de tu madre y abuelo. En cuanto a tu fecha de nacimiento, realmente naciste un 15 de Septiembre, no un 2 de Diciembre. Tu abuelo se mudó contigo a la ciudad de Dearborn para poder ponerme en contacto con él más a menudo. Y para dificultarlo más todo, tus padres confesaron que se trataba de un niño al que habían llamado Robert. Así, los Desertores buscaban a un niño llamado Robert Harkins nacido un 15 de Septiembre de 1997 en Mitchell que vivía con sus tíos, cuando la verdadera telequinésica era una tal Lillian Sherpan nacida un 2 de Diciembre de 1997 en Detroit que vivía con su abuelo.
Hayes me miró con cautela, mientras yo asimilaba toda aquella información (cómo si no tuviera que asimilar cosas). Me sentía tan…extraña, confusa. Y más cosas que no sabía cómo describirlas. Yo no era realmente yo. Es decir, yo no era Lillian Sherpan, una niña de quince años y medio. Era Lillian Harkins, una niña a punto de cumplir dieciséis años. Y yo no había nacido en Detroit, sino en Mitchell que, por cierto, no sabía dónde se encontraba.
En resumen, mi vida se basaba prácticamente en una mentira, desde mi nacimiento hasta este misterioso renacer. Porque sabía que detrás de esa historia, se escondían más secretos. Fruncí la boca en un intento de no echarme a llorar. Odiaba las mentiras por encima de todas las cosas, porque yo era sincera con todo el mundo. Sólo quería chillar y chillar, pero de mi garganta no salía ni un solo sonido.
Pero por otro lado, me sentía culpable. No podía juzgar a mis padres ni a mi abuelo ni al doctor Hayes, incluso. Todos ellos habían intentado protegerme (por cierto, ya sabía quién hacía esas misteriosas llamadas telefónicas a mi abuelo: el hombre que tenía enfrente) y yo había estropeado el plan.
-¿Qué…qué les pasará a mis padres?
-Seguramente sean puestos en libertad.
-¿Y yo qué?
-Tú estarás en más peligro. Pero no te preocupes. Todavía tienes mucho que aprender sobre tu poder, y el conocer cómo funciona puede salvarte. Puedes salvarte tú misma sin que los demás te protejan.
-¿Y cómo funciona la telequinesia?
Hayes se echó hacia atrás en su silla y soltó una bocanada de aire.
-El impulso nervioso se transmite de neurona a neurona mediante impulsos eléctricos. Estos impulsos varían dependiendo de la persona, en tu caso, al tener el gen de la telequinesia, tus impulsos son mucho más fuertes que en una persona normal. Cuando te alteras, esos impulsos eléctricos son capaces de ser liberados afuera, provocando que las ondas producidas por tu cerebro choquen contra un objeto, consiguiendo que lo muevas. Pero creo que por hoy has tenido suficiente información. Poco a poco irás descubriendo más cosas.
Hizo acopio de levantarse para dirigirse a la puerta pero yo volvía a captar su atención:
-Espere. ¿Y qué peligro puedo causar a la Humanidad? ¿Y cómo fueron mis padres encontrados por esos Desertores? Me refiero a que ellos ya sabían que se encontraban en Scottsdale, ¿no?
Hayes volvió a mirarme. Por su mirada, parecía un poco cansado. Tampoco quería atosigarlo con tantas preguntas.
-Con respecto a la primera pregunta, es algo que te explicaré en otro momento. Y con respecto a la segunda, es algo que yo ni siquiera sé. Llevo casi dieciséis años preguntándome cómo pudieron ser tan rápidos.
Y dicho eso, se marchó.
***********************
Bien, lanzad teorías y sorprendedme XD ¿Cómo encontraron los Desertores a los padres de Lillian tan rápidamente, la noche en la que fueron teletransportados???? XD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Jue Sep 12, 2013 9:40 am

¿Sabes? Me alegro de que la profe de Biología consiguiera engancharme en sus clases xD Wow, es... Wow xD Y teorías... No se me ocurre ninguna... xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Jue Sep 12, 2013 9:42 am

juasjuasjuasjuas XD yo no sé cómo he podido escribir todo eso del impulso nervioso en pleno mes de Agosto e_e mi profesor de biologia debería aprobarme de inmediato XD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Jue Sep 12, 2013 9:44 am

Jajaja anda que no, lo de los impulsos nerviosos y el cromosoma se merecen un 10 xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Sáb Sep 14, 2013 8:55 am

Capítulo 17: ¿Un juicio?

3 de Agosto de 2012, 16:30 p.m.
Los días posteriores ocurrieron sin nada nuevo. El doctor Hayes seguía viniendo para comprobar mi estado, pero ya no era el único que iba a visitarme. Otra doctora, su hermana, también rubia, solía hacerme visitas. Era tan simpática como su hermano, pero no paraba de regañarle por su conducta tan infantil. Sin embargo, no me atreví a preguntarle más cosas sobre mí a ninguno de los dos. La historia que me había contado el doctor Hayes todavía tenía varias lagunas, por ejemplo, mis padres les dieron a los Desertores mucha información sobre su hijo, pero los médicos podrían no haberles creído. ¿Escondían a su hijo y luego les daban toda la información para que lo buscaran? Aunque fuera un intento de protegerme, si yo hubiera sido uno de esos médicos habría sospechado de la facilidad que me habían dado para encontrar al niño.
Y por otro lado, ¿los Desertores no pensaron que yo tal vez no iría nunca a Scottsdale? Aunque claro, bien mirado, la entrevista que hicieron a Rupert McLaren en Real Science podría haber sido un señuelo. Pero también cabría la posibilidad de que yo nunca hubiera visto ese programa. Entonces me di cuenta de que también habían hecho ‘‘propaganda’’ en revistas científicas conocidas como National Geographic. Querían hacerles creer a la gente que fenómenos sobrenaturales como la telequinesia o la telepatía nunca existirían que siempre serían cosas de ficción.
Pero yo no lo quería permitir. El mundo debía conocer la verdad.

Los días pasaban lentos y aburridos cuando estabas empotrada a una cama. Lo más extraño era que ya no me dolía nada pero Hayes insistía en que debía llevar el collarín y las escayolas del brazo y las piernas por lo menos durante un mes más. Tenía unas ganas enormes de ver a mis padres, a mi abuelo, a Mike.
-Tus padres están recibiendo tratamiento psicológico. Y Michael también sigue recuperándose-me dijo el doctor Hayes después de dos semanas-. Pero estoy seguro de que tu abuelo está deseando verte.
Me sonrió y yo me incliné hacia él:
-¿Ha venido?-casi chillé, emocionada.
-Sí, pero está bastante sensible, así que sería mejor que no sacases ningún tema relacionado con lo que te conté el otro día.
-Claro. Lo entiendo.
Hayes salió de la habitación y un par de segundos más tarde apareció Edgar. Me emocioné al verle y no dudé en dedicarle una feliz sonrisa. Él me la devolvió pero en su mirada había una pizca de culpabilidad.
-Abuelo. ¿Cómo estás?-le pregunté; no sabía qué otra cosa preguntarle.
Esta vez me dedicó una jocosa sonrisa que se desvaneció pronto:
-Eso debería preguntártelo yo-y ahí fue cuando dejó de sonreír-. Sé que estás enfadada conmigo.
Me mordí el labio inferior, intentando no derramar ninguna lágrima. Siempre había creído que detrás de todos los secretos estaba él, pero hasta hacía unas semanas no supe que mi abuelo sólo había hecho lo que otros le habían pedido que hiciera. Y todo se remontaba a protegerme.
-No estoy enfadada contigo, abuelo-conseguí decir a pesar de que mi voz se quebró-. Pero creo que si todos me hubierais contado lo que pasó de verdad, quizá no habría montado todo esto de escaparme de casa. Aunque-añadí, pensativa-, sí que habría hecho algo para sacar a mis padres.
Edgar volvió a sonreírme levemente.
-Ya sé que tú también tienes telequinesia-le dije-. Enséñame a controlarla.
-Supongo que Aidan te dará clases de telequinesia cuando cumplas los 18 años.
-¿Hasta los 18?-exclamé, incrédula.
-Es mejor que él te lo explique todo.
No sabía quién era Aidan hasta que recordé las palabras de mi madre. En Dearborn había un hombre llamado Aidan Hayes, y entonces descubrí que él era el médico rubio que venía a visitarme.
Quise preguntarle a mi abuelo por qué nunca me llevó a ver a Aidan si él era un médico bueno que vivía en Dearborn, sin embargo él ya se había adelantado al hablar:
-El 23 de Agosto se celebrará un juicio.
-¿Un juicio?-pregunté, extrañada.
-Sí, sobre todo esto que está ocurriendo. ¿No te lo ha contado Aidan?
Negué con la cabeza, y mi abuelo pareció arrepentirse de haber sacado aquel tema.
-Puedes estar tranquilo, no le diré a nadie que me has dado esa información-le aseguré con una sonrisa.
Edgar titubeó antes de decidirse a hablar.
-Bueno, necesitan conocer vuestra versión. La versión tuya y de Michael de lo que ocurrió en la clínica de un tal Rupert McLaren. Al parecer tú también me mentiste cuando me decías que ibas a dar una vuelta con tu amigo.
Me ruboricé, no podía evitarlo.
-Lo siento.
-No tienes por qué disculparte. Comprendo que tuvieras ganas de saber qué ocurría en el interior de tu cabeza. Yo, bueno, también solía sentirme así cuando era joven.
Sentí la enorme curiosidad por saber más acerca de su pasado. Nunca me había contado cómo había sido su vida, ni me había hablado de mi abuela, o si había tenido algún perro o un gato. Ahora creía comprender un poco más el por qué.
En aquel momento, la puerta se abrió y entró Aidan. Edgar se giró sobre la silla para ver quién había entrado, y yo le miré con ansiedad. ‘‘Por favor, que diga que me va a quitar este horrible collarín’’.
-Traigo buenas noticias-anunció con su simpática sonrisa-: Ya puedes ir a hacer visitas.
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Sáb Sep 14, 2013 9:02 am

Pobre Lillian, empotrada a una cama sin moverse D': Lo del collarín me ha recordado a mí con el corsé xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Sáb Sep 14, 2013 9:23 am

bueno, es que tiene que esperar a que le curen los huesos y todo eso, y para eso no se puede mover U.U y ahora ya puede ir a visitar a gente, pero va a ir en silla de ruedas XD Pos sí, lo del collarín tiene que ser tan molesto como lo del corsé U.U yo no he tenido nunca ninguna de las dos cosas, pero vamos, me imagino lo que tiene que ser =S
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Dom Sep 15, 2013 9:57 am

Capítulo 18: visitas.

3 de Agosto de 2012, 18:00 p.m.
Aidan empujaba mi sillita de ruedas y me conducía por los pasillos del hospital. Iba luciendo mi camisón de hospital, mis dos escayolas y mi collarín, que me impedía mover la cabeza de un lado a otro, pero sabía que el hospital era bastante moderno, con anchas escaleras y grandes ventanales al final de cada pasillo.
Nos dirigíamos a una cafetería del hospital reservada sólo para los pacientes y sus familiares. Aunque yo no me iba a encontrar todavía con mis padres, sino con Mike. Pensar en él me producía una sensación extraña, por un lado me alegraba poder verle, pero también sabía que me iba a sentir culpable cuando lo mirara a los ojos. Había estado a punto de perder la vida por mi culpa. Intenté no pensar en ello; por suerte los dos habíamos sobrevivido. Pude divisarlo sentado en una silla junto a otro médico. Llevaba las dos piernas escayoladas y dos parches, uno en la barbilla y otro en el lado derecho de la frente. Sin embargo, a pesar de su mal aspecto, me dedicó una sonrisa de oreja a oreja en cuanto me vio.
Me encantaba esa sonrisa suya con los dos colmillos sobresaliendo de las comisuras.
Aidan me dejó al lado de Mike, y luego desapareció junto al médico que había acompañado a mi novio.
-¡Hola!-me saludó sin dejar de sonreír.
-Me siento fatal-suspiré, aunque lo más raro fue que no tenía ganas de llorar. Con Mike lo veía todo distinto.
-Eh, estamos vivos. ¿Te lo dije o no te lo dije? ¿Sabes? A partir de ahora seremos el equipo Lilke. ¿Cómo no lo habíamos pensado nunca?
Me reí. Lilke. No sonaba mal.
-Mike, tengo que contarte muchas cosas-le dije. Y comencé a relatarle la historia que me había contado Aidan. Incluso le conté cómo había sido haber estado tan cerca de la muerte.
-Lil, he escuchado que tú provocaste esas tormentas eléctricas. También he escuchado algo de un tal Carl Sagan, pero no tengo ni idea de quién es.
-¿Carl Sagan? ¡Pero si lo estudiamos el año pasado!-exclamé, sorprendida por que Mike no se acordara de él-. Bueno, a decir verdad, lo vimos muy por encima. No importa, tendremos que investigar sobre él. Y en cuanto a las tormentas, no sé cómo he conseguido hacer algo así. Yo muevo objetos, pero no controlo el tiempo atmosférico.
-Ya lo sé. Tal vez sea alguna excusa para…eliminarte. Ya sabes, eres una chica peligrosa.
Noté mis mejillas rojas cuando dijo ‘‘chica peligrosa’’ de la forma en la que lo dijo, casi seductora.
-¿Y sabes qué? ¡Tengo que llevar este asqueroso collarín!-me quejé, haciendo que Mike se riera.
-Oye, ¿quieres hacer algo realmente loco?-me preguntó de pronto.
Me asusté. ¿Qué se le habría pasado por la cabeza hacer? Lo observé agarrándose de las muletas para levantarse y se puso todo lo cerca que pudo de mí. ¿Qué pretendí hacer?
-¿Crees que podrás levantarte de la silla?
¿Lo decía en serio?
-¡Claro que no! Esto es una...
-Vamos, agárrate de mi brazo-insistió.
Le miré con vacilación. No quería más problemas después del accidente de la moto, pero algo (tal vez algún sentimiento de rebeldía o de locura) me impulsó hacia delante y, apoyándome en el brazo de Mike, conseguí ponerme en pie sobre mis escayolas.
-¿Ves cómo podías hacerlo?-dijo Mike con una sonrisa torcida.
-Estás loco.
Y acto seguido me besó. Tuve la sensación de caerme hacia atrás, pero entonces noté el brazo de él rodeándome para que no cayera. Había echado mucho de menos sus besos, aunque éste había sido tan o más torpe que nuestro primer beso, y además corto. Su herida bajo la barbilla y mi collarín dificultaba bastante la cosa.
-Te he echado de menos. Y todo esto ha sido más culpa mía. Lo que hice fue un suicidio y un homicidio.
Me miró con pánico.
-Eh, no hablemos de eso, ¿vale? Estamos vivos. Sólo intentabas salvarnos a los dos. La culpa es de ellos. De los Desertores.
¿Qué había más fácil que echarle las culpas a los demás? Nosotros también habíamos sido muy imprudentes al cruzar la vía del tren con una moto, pero la causa de nuestras acciones fueron los Desertores.
-Mike, creo que deberíamos hablar...de lo nuestro...-solté. Me mordí el labio inferior; aquel tema era demasiado delicado como para hablarlo en aquellos momentos. Mi novio se me quedó mirando medio asustado, pero no dudó en esconder su miedo cuando fue a responder:
-Sí, tal vez vayamos un poco rápido. Lo entiendo, si quieres, podemos dejarlo y seguir como amigos…
-No me refiero a eso-le corté rápidamente-. Quiero decir que voy a tener que volver a Dearborn. Y tú te vas a quedar aquí.
Vaya, esa frase había sonado como una orden, y noté que así lo había percatado Mike por la expresión que puso.
-No quiero dejarte, Lil. Ya estuve a punto de perderte para siempre una vez-hizo una pausa, pero continuó cuando vio que yo hacía un ademán de hablar-. Pero también entiendo que allí estarás más segura que aquí. Así que vete-me susurró.
¿Qué? Vale, no me esperaba que me fuera a decir ‘‘vete’’. Tal vez un ‘‘No dejaré que te vayas’’ o ‘‘lucharé por recuperarte’’. Sonaría un poco cursi pero se suponía que éramos novios y que antes había sido los mejores amigos. Estuve a punto de echarme a llorar pero entonces sentí su mano acariciando mi mejilla. Bajé la mirada; no quería que viera que mis ojos se desbordaban. Primero me decía que me fuera, así sin más, y ahora me acariciaba la mejilla. No le entendí.
-Lil, iré a donde vayas tú.
Alcé rápidamente la mirada, con los ojos llenos de asombro.
-Quiero que estés a salvo, y si tuvieras que irte entonces al sexto planeta más lejano de la Tierra, yo iría detrás de ti.
Se me erizó el vello de los brazos. Agarré la mano con la que me acariciaba mi mejilla con la mía. Maldita sea, ahora me iba a costar más trabajo tener que separarme de él. Quise decirle algo, tampoco me parecía bien que fuera detrás mías y que dejara a sus padres sólo por estar conmigo, pero el médico de Mike llegó en ese momento.
-Señorita Sherpan, debería volver inmediatamente a su silla. Y usted, señorito Gray, acompáñeme.
Obedecí instantáneamente, yo con mis mejillas ligeramente enrojecidas. Quise replicarle al médico de que yo me apellidaba Harkins, pero decidí no darle importancia. Cuando ya estuve en mi silla llegó Aidan. Me alegré de verle, aquel hombre me caía bastante bien.
-Supongo que ya habréis terminado de hablar-nos dijo a Mike y a mí-. Aún tienes otra conversación pendiente-dijo, esta vez mirándome a mí con una grata sonrisa.
Fruncí el entrecejo, curiosa, pero Aidan no respondió. Tomó los mangos de mi silla y me condujo a otro lado de la cafetería. Entonces supe a quién iba a visitar ahora. O mejor dicho a quiénes. A mis benditos padres, que estaban sentados en una mesa que hacía esquina con la pared, el lugar más privado del local. Noté un repentino calor recorriendo mis venas. A la tenue luz de la prisión no había podido verlos bien, pero ahora podía fijarme en sus rasgos y hacer comparaciones. Se les notaban envejecidos con respecto a la fotografía. Había en sus miradas una notoria sensación de tristeza y malestar, debido seguramente a la incertidumbre de si alguna vez volverían a verme. No pude evitar estremecerme al percatarme de sus miradas cuando me divisaron entre el gentío. Mi madre se llevó una mano a la boca, con una mirada entre incrédula, emocionada e inmensamente feliz al verme tan cerca de ella. Mi padre, quien parecía ser bastante duro de carácter no pudo ocultar la emoción de verme. Qué fastidio que tuviera que ir en una silla de ruedas, de lo contrario ya habría saltado sobre ellos para abrazarlos. Pero para mi madre no fue impedimento que me cubriera la cara de besos:
-Oh, mi Lillian, mi pequeña Lillian. Por fin te tengo de nuevo conmigo-sollozó-. Durante 5788 días no he dejado de pensar en ti.
Dios, ¿había contado los días transcurridos desde mi nacimiento hasta el día de hoy? Bueno, lo cierto era que no tenía ganas de pensar en ello ahora que estaba entre los brazos de mi madre.
-Eres toda una mujercita.
Esta vez quien habló fue mi padre con una voz ronca, seguramente debido a la emoción contenida. Observé sus ojos. Sí, sí, sí, eran del mismo color que los míos. Y tenía el pelo negro de mi madre, y los labios finos, al igual que los de ella. Realmente me parecía mucho a ella.
-Lillian, tienes que saber que nosotros nunca te habríamos abandonado-me dijo mi madre, separándose de mí para mirarme a los ojos; los suyos eran marrones-. No sé qué te habrán contado algunos médicos, pero jamás te habríamos dejado.
-Sabíamos que nos arriesgábamos a que tuvieras telequinesia-prosiguió mi padre-. Conocíamos los riesgos, que tendríamos que mudarnos constantemente para que no te encontraran hasta que cumplieras la mayoría de edad.
-Pero estábamos dispuestos a hacerlo porque siempre te hemos querido, Lillian.
Espera, espera, ¿cómo? ¿Tener que mudarnos constantemente? ¿Ellos sabían antes de yo nacer que podía desarrollar telequinesia? ¡Oh, no! ¡Más dudas no!
-Pero yo…yo os teletransporté. Por mi culpa habéis estado encerrados en la cárcel sin ningún motivo.
-Fue una trampa, mi amor-repuso mi madre con cariño.
No podía comparar aquel ‘‘amor’’ con el de Emily, quien también me llamaba ‘‘amor’’, ‘‘cielo’’ o ‘‘cariño’’. Eran tan distintos, no sabía por qué, tal vez porque sabía Emily no era mi madre.
-Nadie se imaginó que fueras a mover a dos personas siendo tú tan pequeña. Aidan y Nicole esperaban que movieras un lápiz, un clip o un folio. Has heredado una telequinesia muy potente-explicó mi padre.
Durante media hora más estuvimos charlando, ellos no paraban de hacerme preguntas sobre mis amigos, mi escuela, mis estudios, mis gustos, incluso por cómo era mi cuarto. Y yo estaba encantada de que se mostraran tan entusiasmados por saberlo todo acerca de mí.
Cuando pasó la hora, Aidan vino por mí para llevarme de nuevo a mi habitación. Yo no pude hacer nada a mi pesar; quería quedarme más tiempo con ellos, ir a buscar a mi abuelo y presentarles a mis padres a Mike, pero ellos se veían cansados de la emoción de volver a verme, y la verdad era que yo también lo estaba un poco. Sin embargo, por muy cansada que estuviera, no pude evitar hacerle un par de preguntas a Aidan cuando ya estaba en mi cama:
-Señor Hayes.
Esperé a que él terminara de acomodar mi almohada. Cuando lo hizo me miró esperando a que yo continuara.
-¿Es verdad que yo he causado esas tormentas eléctricas?
Aidan enarcó las cejas. Era como si se sorprendiera de mi perspicacia.
-Bueno, no es del todo exacto-balbuceó-. Verás…cuando caíste de la moto y chocaste contra el tren, tu cerebro sufrió una grave contusión cerebral que hizo que tu telequinesia se viera muy alterada, provocando una gran tormenta eléctrica. Esa es la versión de los Desertores. Pero yo opino que esa tormenta eléctrica se produjo por el choque de la locomotora y el poste eléctrico que había cerca. No te sientas culpable, de una forma u otra, no se puede explicar la tromba de agua que ha estado cayendo con ninguna de las teorías.
Asentí, no muy segura de qué creer. Vi que Aidan se iba, pero volví a llamarlo para hacerle una segunda pregunta. En serio, esta iba a ser la última que haría. No sabía para qué preguntaba tanto si luego las respuestas no me iban a dejar nada en claro.
-¿De qué se va a hablar en el juicio?
Me arrepentí de haber hecho aquella pregunta. Perdón, se me había escapado. Prometí a mi abuelo no hablar con ningún médico del juicio, más que nada porque ninguno de ellos me había contado nada al respecto. Aidan entrecerró los ojos, seguramente preguntándose cómo habría sabido yo que se iba a celebrar un juicio. Sin embargo, no fue reacio a responder:
-Sobre ti, Lillian-hizo una pausa-. Sobre tu existencia.
*********************************
Aviso, ya falta poco para que acabe telequinesis. Sin embargo el siguiente capítulo no lo subiré hasta el viernes T.T Echadle las culpas al instituto XD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Dom Sep 15, 2013 10:13 am

¿¡Hasta el vierneeeeeeeeeeeeees!? ¡Maldito instituto! >.<" xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Dom Sep 15, 2013 10:31 am

al chat intentaré conectarme por el movil(ooh, bendito y alabado sea el movil hasta que mi madre me lo confisque XD), pero como la historia la tengo en el ordenador, pos no podré subir T.T
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Invitado el Dom Sep 15, 2013 11:37 am

¡Nooooooooo! ¡¡Yo os maldigo, institutos del mundo!! ¡MORID!

Ya, ya se me pasó la ira asesinaxD

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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Dom Sep 15, 2013 11:39 am

Jooo, y yo que creí que acabarías con los institutos, Ju... u.u xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Dom Sep 15, 2013 12:35 pm

Noo juu, tenemos que destruirlos :3. En serio yocuna vez soñe con el colegio se incendiaba :3 y con algunos profes dentro muajaajajajajajajaj XD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Sáb Sep 21, 2013 3:47 pm

Capítulo 19: El día del juicio.
23 de Agosto de 2012, 17:45 p.m.
Por fin me habían quitado el collarín y las escayolas del brazo y de la pierna. Personalmente yo me sentía curada desde hacía bastante tiempo. Pero ahora lo más importante era ganar el juicio. Estaba más nerviosa que nunca, más que cuando me pusieron una pistola en el cuello, más que cuando me encontré con mis padres. Ahora se trataba de mi propia vida, de si debía vivir o no. Escalofriante, sí.
No tenía ni idea de cómo había llegado hasta el Juzgado de Phoenix; estaba tan asustada que no me daba cuenta de que había gente hablándome:
-Lillian, ¿te has enterado?
Decidí despertar de mi ensoñación. Mi padre me estaba hablando.
-Oh, sí. Estoy bien, de verdad-le aseguré sin saber qué me había dicho.
-Te estábamos diciendo que quizá deberías ir a saludar a tu amigo-me explicó mi madre.
Entonces me di cuenta de que Mike se encontraba al final del pasillo junto a su madre. No me alegraba para nada tener que verle en un juicio por mí. Soportaría que me llevaran a mí a la cárcel; al fin y al cabo yo era la que podía acabar con el mundo entero. Pero no toleraba que aquellos Desertores pusieran de por medio a mi familia y a mis amigos.
A decir verdad, odiaba mi situación. La mitad de las personas me protegían cuando ya se había comprobado que yo y mi poder éramos unos elementos peligrosos para el mundo.
-Oh, vaya, ustedes deben ser los padres de Lillian-dijo Emily a la vez que se acercaba a mis padres-. Yo soy Emily, la madre de Michael. Conozco a su hija desde que era una niña, es lo más hermoso que he visto nunca-añadió mientras me pellizcaba cariñosamente la mejilla.
Yo no pude evitar sonrojarme mientras Mike me dedicaba una intensa mirada.
-¿Nerviosa?-me preguntó una vez que nos habíamos apartado de nuestros padres.
Me limité a asentir. No encontraba la manera de hacer salir las palabras.
-Vamos a ganar, ya verás. ¿Recuerdas en la moto que te dije que íbamos a salir de esa? Al final tuve razón.
-Eso fue de milagro-repliqué, extrañada por haber conseguido pronunciar algunas palabras-. Podríamos haber…muerto.
Un escalofrío me recorrió la columna al pensar en lo cerca que había estado de morir.
-Pero sobrevivimos. Y esta vez pasará igual-repuso Mike poniéndome una mano en la mejilla.
-Da igual. Aunque gane el juicio, aunque sobreviva, los Desertores no se rendirán tan fácilmente. Son ese tipo de personas que se niegan a perder, lo sé. Harán lo posible por eliminarme de este mundo.
-Y los Protectores harán lo posible por protegerte. Yo haré lo posible por protegerte.
Fruncí el entrecejo y la boca, malhumorada. Estaba harta de escuchar a la gente decir que me iba a proteger. Eso me hacía sentir como una niña pequeña.
-Toma. Caramelo de café-Mike me tendió la golosina-. El café hace que te sientas menos nerviosa.
Hummm, así que por eso Mike olía tanto a café. Me tomé el caramelo gustosamente. En aquel momento apareció Aidan junto a otro compañero suyo.
-Hola, pequeña Protegida-me saludó con una feliz sonrisa; yo puse los ojos en blanco antes de girarme hacia él-. ¿Lista para el juicio? Vamos, no estés nerviosa. Llevamos las de ganar-me aseguró.
-Esos Desertores parecen duros de roer-señalé.
-Sí, bueno, pero ya verás lo mal que se las apañarán en el transcurso de la sesión-repuso Aidan, muy confiado en sí mismo.
-Tu deber fue proteger a una niña, no encargarle tu tarea a su abuelo-le replicó el médico que lo acompañaba-. Debiste comenzar formar a tu Protegida en cuanto cumplió los cinco años, no que ahora el mundo se le viene encima.
Yo miré al médico con una mirada curiosa. ¿Qué quería decir con todo eso? Que Aidan no había hecho su trabajo estaba claro. Éste me dedicó una risita nerviosa cuando su compañero se marchó.
-Ya hablaremos de eso-me susurró.

Ya habíamos entrado en la sala donde se celebraría el juicio. Enfrente de nosotros se encontraba la jueza y dos ayudantes.
Sin embargo, me sorprendí al ser yo la única que se iba a sentar en el banquillo que había delante del todo. El banquillo de los acusados, frente a la aguileña mirada de la jueza. Eché a temblar. Si siempre me había gustado sentarme en primera fila en el instituto, ahora era eso lo que más odiaba en el mundo. Pero el miedo pareció desaparecer por una fracción de segundo cuando noté la callosa mano de mi padre sobre mi hombro:
-Tranquila, ¿de acuerdo? Todo saldrá bien-me dijo al oído con una voz que pretendía sonar segura, aunque yo me percaté de que él también estaba tan nervioso como yo.
Antes de desfilar hacia mi sitio, mi madre me estrechó contra ella con ternura. Y a todo esto, yo comencé a preguntarme dónde estaba mi abuelo. Mientras caminaba por el pasillo que había entre los bancos, me fijé en casi todos los presentes en la sala: detrás de mí estaban Mike, su madre, mis padres y mi abuelo. Intenté sonreírle, pero mis músculos faciales no respondían. Sin embargo, él sí que me guiñó un ojo y eso me dio confianza en mí misma. Aidan, Nicole y el otro médico que acompañaba al primero también estaban allí, entre otras personas que no conocía de nada…Espera…Oh, dios, también estaban Rupert y la mujer rubia que también había intentado matarme. ¿Y ese de allí no era el padre de Mike?  La cabeza empezó a darme vueltas. Si Louis estaba entre Rupert y la mujer rubia que habían intentado matarme, ¿Significaba eso que él también querría matarme? Peor todavía, ¿habría sido él quien nos persiguió a Wendell y a mí la noche de la discoteca?                                                                 A todo esto, noté que mi rostro había palidecido y mi corazón palpitaba como un potrillo que intentaba escapar de las garras de su depredador al encontrarme con Rupert y su compañera rubia. Yo sola ante el peligro.
-Se abre la sesión-dijo la jueza en voz alta-con el Caso Telequinesis. Lillian Sherpan…-la jueza paró cuando uno de sus ayudantes se acercó a ella para susurrarle algo al oído-. Perdón, Lillian Harkins Sherpan, nacida el…-su ayudante volvió a susurrarle al oído-15 de Septiembre de 1997, es acusada por poner en peligro a la Humanidad-inconscientemente-debido a su extraña y poderosa habilidad de mover objetos con la mente, así como teletransportar a personas, y todo esto gracias a la elevada electricidad que producen sus neuronas, capaces de producir macro ondas que llegan a los objetos. Esto puede causar la destrucción de la Humanidad, ya que la electricidad que ella produce puede incluso provocar tormentas eléctricas, cortocircuitos, parones en las centrales eléctricas y muchas más catástrofes. Incluso ella misma podría morir auto electrocutada si se encontrara en contacto con el agua. La cuestión es si vale la pena sacrificar su interesante vida para salvar el resto del mundo.
La jueza alzó la cabeza y dio la palabra a Rupert McLaren. Yo me estremecí. Las palabras de la mujer ya habían sido bastante impactantes como para tener que escuchar ahora a Rupert.
-Señoría, la chica debe morir. De todos, ella es la más peligrosa por lo que usted a dicho. No tiene nada de interesante, al contrario, su telequinesia hace que la ciencia retroceda.
-¡Protesto, señoría!-exclamó Aidan con indignación-. Los Protegidos son la respuesta a muchas dudas que se plantea la ciencia.
-Señor Hayes, no le he dado la palabra-le reprendió la jueza con una dureza en su voz.
Aidan se sentó, con un ligero rubor en las mejillas. Sin embargo, la jueza le dio la palabra a Nicole:
-Señoría, ya no se trata sólo del efecto que pueden causar los Protegidos en la ciencia. Los Desertores han puesto en peligro la vida de dos personas. Y quieren acabar con una de ellas sin darle una oportunidad.
Asentí interiormente. Eso, eso, no me habían dado ninguna oportunidad.
-¿A qué se refiere con darle una oportunidad?-inquirió la jueza.
-Señoría, no le haga caso. No le des oportunidades a ninguno…
-¡Silencio, señor McLaren! Quiero escuchar la supuesta propuesta de la doctora Hayes. Adelante.
-Lillian Harkins ha vivido a la sombra de todo esto. Ella no tiene idea de nada, señoría. No pueden pensar en…acabar con ella como si fuera un mosquito molesto. No sin antes conocer todo lo que puede llegar a ser capaz de hacer. Se le puede enseñar a entrenar su telequinesia, a controlarla.
La jueza pareció pensativa, pero a mí me atraía esa idea de entrenarme. ¿De verdad podía aprender a controlar mi habilidad?
-Señoría-dijo esta vez una nueva voz, aunque yo ya la había oído anteriormente: era Louis-. Permítame recordarle que a los Protegidos no se les empiezan a entrenar a partir de los dieciocho años. ¿Cuántos años tiene la señorita Harkins? ¿Quince? ¿Dieciséis, tal vez? Hasta que cumpla los dieciocho puede provocar una catástrofe como, o incluso peor,  la de las tormentas eléctricas. Como Desertor que soy, no estoy pidiendo que la matemos, pero sí que podríamos…eliminar su telequinesia…
Entonces, Louis no era tan malo, ¿no?  Había propuesto otra alternativa diferente, aunque yo seguía prefiriendo la de Nicole. Había algo en la voz de Louis que me hacía sentir intimidada a pesar de todo. Y mi cabeza no paraba de relacionarle con la persecución de aquella noche de la discoteca, aunque tampoco tenía pruebas de que Louis hubiera intentado dispararnos.
-Señoría, los Desertores tendieron una trampa a la familia Harkins-exclamó Aidan.
La jueza lo miró como si fuera un niño pesado e insufrible. Exhaló un sonoro suspiro, y a continuación le dio la palabra a Aidan. Éste estaba deseando hablar.
-Verá, señoría. La noche en la que nació Lillian, Nicole y yo comprobamos si había heredado la telequinesia y, efectivamente, así fue. Los padres de Lillian fueron teletransportados a Scottsdale, donde se encontraba Louis, quien nos llamó haciéndonos una oferta: Si le entregábamos a la niña, los padres de ésta serían liberados. Pero nosotros nos negamos a entregar a Lillian y los Desertores imputaron a Connor y Megan Harkins como presuntos drogadictos. Fue todo una trampa, ellos sabían que algún día Lillian se enteraría de la verdad y vendría aquí para buscar a sus padres y así caer en las manos de los Desertores. Y en cuanto a la idea de Nicole, nos encargaremos de entrenarla lo mejor posible. Ya sé que el entrenamiento no se recibe hasta que cumplan los dieciocho, pero podríamos hacer una excepción. Una oportunidad, señoría-añadió.
Se hizo un silencio sepulcral. Yo sólo podía escuchar mis pulsaciones, cada una llena de intensidad por conocer la respuesta de la jueza. Quería ser entrenada, quería una oportunidad. Si fallaba, entonces quizá aceptaría mi muerte. Pero quería probar. Cerré los ojos y apreté mis párpados con fuerza, mientras la tensión en la sala iba creciendo cada vez más.
-Está bien. Se le concederá una oportunidad a la joven ya que no ha tenido ocasión para controlar su poder. Si no consigue controlarse a sí misma dentro de seis meses, tendremos que tomar serias medidas, porque por salvar su vida podría morir la Humanidad entera.
Los Desertores se miraron desconcertados, algunos incluso furiosos. Sin embargo, Louis fue el único que no se inmutó y se me quedó mirando fijamente. Bajé la mirada rápidamente, incapaz de sostener la suya.
-Se cierra la sesión.
-Señoría, todavía un cabo suelto-protestó Rupert.
-He dicho que se cierra la sesión. El 26 de diciembre volveremos a vernos las caras si la chica no ha sido capaz de controlar su habilidad.
-¡Ellos poseen un Objeto Kinésico!-chilló Rupert, rojo de ira.
¿Qué era un Objeto Kinésico? otra duda más, pero la jueza intentó callarlo con la mirada. Sin embargo, Rupert no se intimidó:
-¡Ellos supieron que Lillian tenía telequinesia porque guardan un Objeto Kinésico!
Miré a Aidan con preocupación. Creía que el juicio ya había terminado, quería abrazar a mis padres rápidamente.
-Los Objetos Mortales están protegidos por los médicos neutros. No se pueden robar ni destruir, señor McLaren. Todos los presentes pueden dejar la sala-sentenció la jueza.
Por fin. No dudé en correr a buscar a mis padres, y pronto estuve rodeada por ellos, por mi abuelo, por Mike y por Emily. Nunca me había sentido tan afortunada por tener la vida que me había tocado vivir. Sería una vida extraña y difícil, pero con ellos me sentía capacitada para afrontar cualquier obstáculo.
*********************
¿Qué os pareció el juicio? ¿Interesante? ¿Os desagradó algo? Tal vez termine mañana Telekinesis, sólo faltan dos capítulos, pero todavía no se sabe qué puede pasar en estos dos capítulos....Todo es posible XD


Última edición por rigar el Dom Sep 22, 2013 5:25 am, editado 1 vez (Razón : Objetos Kinésicos :3)

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