Saga Telekinesis

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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Dom Sep 01, 2013 1:39 pm

Intenso y corto ¬¬ xD Ya no volveré a ir al médico xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Dom Sep 01, 2013 2:40 pm

Capítulo 8: y la curiosidad mató al gato.

22 de Junio de 2012, 9:30 a.m
La mañana fue genial porque no me encontré con Wendell. Edgar y yo nos habíamos levantado temprano para desayunar, y cuando entré en el comedor recordé la aventura en las cocinas del día anterior. Y allí estaba la cocinera, sin saber que yo me había colado tras la puerta para escapar del hotel.
-Si piensas quedarte en Scottsdale mucho tiempo, dímelo para cambiarnos de hotel-dijo Edgar en el desayuno-. Hay un hostal muy barato a dos manzanas de aquí.
Me pareció bien la idea de mi abuelo. Así estaría un poco más lejos de Wendell también.
-Lillian, ten mucho cuidado en Scottsdale, ¿de acuerdo?-volvió a decir Edgar, y lo que dijo a continuación me dejó como la piedra:-. Hay médicos que te están buscando.
Eso no me lo esperaba. Seguramente mi cara se había puesto más pálida de lo que ya era. Los médicos me estaban buscando. ¿Rupert también? Me eché a temblar, y el vaso de leche se me cayó al suelo. Podrían estar buscándome para algo bueno, pero por la forma en la que lo dijo Edgar, parecía ser todo lo contrario.
No me importó que el vaso se me derramara; quería saber por qué los médicos me buscaban.
-Te buscan, Lillian. Por eso quiero que tengas mucho cuidado. Cualquiera podría ser médico, y aquí hay muchos. Pero con Mike, creo que estarás a salvo.
De pronto se me quitaron las ganas de ir a ver a Rupert. Era médico, y los médicos me estaban buscando.
-¿Por qué no me lo dijiste antes? Todo este tiempo me has estado protegiendo de los médicos, ¿verdad?
-No te lo he dicho porque es la única forma de mantenerte protegida.
La respuesta me sorprendió. Supongo que mi astucia me ayudó a percatarme de un pequeño fallo en la respuesta de mi abuelo. Había algo que no encajaba.
-Espera, ¿me proteges porque mis padres te lo pidieron, o porque los médicos me buscan?
Ahora el que palidecía era él. Mi ritmo cardíaco se había acelerado desde hacía un rato, concretamente desde que me dijo que los médicos me buscaban.
-Basta de preguntas. Estoy harto de que siempre me sonsaques información.
Me eché hacia atrás sobre mi silla cuando mi abuelo se levantó totalmente enfadado, esquivando los cristales del vaso que se me había caído. Yo me quedé sentada, intentando encajar las piezas. Desde luego, lo que me había contado Edgar sobre los médicos me había dejado como una verdadera piedra. Y aunque estaba asustada, la adrenalina que corría por mis venas me invitaba a curiosear aún más sobre el asunto.
En fin, y eso que la curiosidad siempre mataba al gato.

-Seguro que te lo ha dicho para meterte miedo-me dijo Mike cuando le conté todo.
-Pero es demasiada coincidencia que me haya dicho eso de que los médicos me buscan cuando voy a ir a ver a uno.
-También es verdad.
-Tal vez sea mejor no ir.
Sí, me estaba echando atrás, pero era normal después de que mi abuelo me dijera que me buscaban los médicos. Y había que tener en cuenta que iba a ver a uno que decía que la telequinesia no existía…
-¡Vamos! ¡No me digas que tienes miedo de un médico después de haber montado en una Harley!-se rió Mike.
No pude evitar hacer lo mismo. Me reí y pronto olvidé mis temores. Vale, con Mike estaba segura, ¿no?

-Debe de ser aquí-advirtió mi amigo.
Habíamos llegado a la calle que había buscado en Google Maps días atrás en el instituto y, efectivamente, en el edificio había una inscripción que decía:
Clínica Privada, Ruper McLaren, 3ºE
Se me erizaron los vellos de los brazos. Estaba a punto de conocer al hombre que negaba la existencia de la telequinesia. Y allí estaba yo para demostrarle lo contrario. Le pedí a Mike que llamara él al telefonillo puesto que yo era incapaz de hablar. Nos abrieron pronto.
-Qué raro, no nos ha preguntado cómo nos llamamos-observó Mike, extrañado.
-Es una clínica, llamarán muchas personas a lo largo del día. Y no creo que la auxiliar esté todo el día preguntando ‘‘¿Quién es?’’.
-Sí, tienes razón. Sería bastante pesado.
Mike no solía pensar demasiado las cosas. No porque fuera siempre a la ligera, sino porque decía que pensar era demasiado difícil. Y a él le gustaba lo fácil.
Durante el trayecto en ascensor no dijimos ni una sola palabra. Yo estaba demasiado nerviosa como para hablar, y Mike supongo que también lo estaría. Aunque tampoco teníamos nada que decir en aquellos momentos.
Él también se encargó de llamar a la puerta, y segundos después nos recibió la auxiliar, una muchacha joven, un par de años mayor que nosotros.
-¡Hola! ¿Sois nuevos?
-Eh…sí, somos nuevos-respondió Mike.
-Está bien, pasad. Mientras esperáis tendréis que rellenar este formulario.
La muchacha ya estaba tras el mostrador, tendiéndole una hoja a Mike. Intenté ojear lo que ya había escrito en el formulario, pero Mike se lo devolvió rápidamente.
-Verás, nosotros veníamos a preguntarle algunas cosas al doctor McLaren.
Las dos nos giramos para mirar a Mike. Yo le dirigí una mirada de advertencia, no quería que le explicara a la auxiliar lo de la telequinesia; eso era algo privado que quería hablar con el médico.
-¿Qué clase de preguntas? ¿Son ustedes del FBI?-inquirió la joven. La noté que se estaba poniendo nerviosa.
-¡No! No somos del FBI. Sólo queremos saber si…conoce a mi tío. Es un médico que vive en México y nos dijo que le diéramos recuerdos a Rupert si nos lo encontrábamos.
Tal vez a Mike no le gustara pensar, pero para mentir era el mejor de todos, de hecho, la chica se lo creyó porque se relajó al momento.
-Oh, de acuerdo, es eso. En ese caso tendréis que esperar en la sala un ratito.
Yo no estaba tan relajada. Tenía un mal presentimiento. El comportamiento de la muchacha me había dado que pensar. ¿Por qué había creído que éramos del FBI? Podríamos haber estado disfrazados de paisano, pero en cualquier caso nos lo había preguntado como si escondiera algo.
-Pasen-exclamó el médico cuando se marchó el último paciente.
Sí, era la voz de Rupert, la misma que había escuchado en el programa de televisión. Mike fue el primero en levantarse y se encargó de tirar de mí para levantar el culo del asiento. Tendría que haber puesto pegamento en la silla, así habría tenido una excusa para no ir. Sí, era un poco bipolar. Había formado la pera para venir a hablar con Rupert y ahora me estaba echando atrás. Pero el causante de mi miedo había sido mi abuelo.
Finalmente entramos en la habitación contigua y de nuevo corrí a sentarme en una de las sillas que había frente al buró del médico. Me estaba haciendo pis de la emoción y los nervios.
-He oído decir por ahí que sois los sobrinos de un amigo mío de México.
No sé por qué, pero de los dos pacientes presentes, tuvo que mirarme a mí. ¿Qué? Esa mentira era de Mike, no mía, así que se encargara el de desmentirlo. Como ninguno de los dos hablaba, decidí mirar a mi amigo y me encontré con la sorpresa de que é también me miraba a mí.
Así que no tuve más remedio que enfrentarme a Rupert yo sólita.
-En realidad…no…verás…venimos…
-En realidad no somos los sobrinos de ningún médico. Ni siquiera somos primos-soltó Mike con total indiferencia.
El hombre dejó de mirarme, y yo me sentí un poco estúpida. No había sabido explicarme con claridad.
-Entonces… ¿a qué habéis venido?-inquirió Rupert con mucha curiosidad. No me gustó la forma en la que nos miraba, mientras enarcaba una ceja con cierta peligrosidad.
-El otro día lo vi en un programa de televisión, señor-dije entonces, eso sí, en un susurro-. Me llamó la atención una cosa que dijo…
Paré un momento para mirarle a los ojos. Me arrepentí de haber hecho aquello; era la mirada más peligrosa con la que me había encontrado nunca, como la de un león a punto de atacar a su presa. De hecho, me sentía como una pequeña gacela en peligro.
-…comentó algo acerca de la telequinesia…
Noté el ambiente diferente. Había algo que no me gustaba, creo que fue el hecho de que se levantara de su silla y se dirigiera a la puerta. ¿A dónde iba?
-Discúlpame, pero estos temas son un poco privados y es mejor que no se enteren los demás pacientes-explicó Rupert, sin conseguir que yo me relajara-. Pero, no te cortes, jovencita. Sigue hablando.
Volví a mirarle, pero él tenía la vista en algo más allá de mí. De todas formas no me iba a parar a averiguar qué estaba mirando. Me dispuse a continuar, pero entonces noté la mano de Mike sobre mi brazo, haciendo que diera un respingo sobre mi asiento.
-Relájate, Lil-me susurró.
Rupert ya se había sentado en su silla otra vez, y volví con la conversación, esta vez más relajada al tener la mano de mi amigo sobre mi brazo. Miré el escritorio, y entonces me di cuenta de que el lapicero se había movido. Lo había movido yo. Tragué saliva, y volví a hablar:
-Bien, dijo que la telequinesia no existe y jamás existirá, pero yo no estoy de acuerdo.
-¿Ah, no? ¿Y por qué dices eso? ¿Tienes alguna prueba que demuestre lo contrario?
''No, en realidad todo esto es una broma. Oh, vaya, pero si nos tenemos que ir ya y todo. Bueno, adiós'', quise decirle y luego salir pitando de allí. Todo lo que había en él me ponía los vellos de punta. Seguramente sería un hombre de buena reputación, y el hecho de que una niña insignificante estuviera a punto de arrebatarle sus teorías acerca de la telequinesia lo enfadaba. Como la iglesia cuando llegó Copérnico diciendo que la Tierra no era el centro del universo.
-Sí, tengo una prueba-dije en un susurro-. Tengo telequinesia.
Y nada más decir eso, Mike me puso en pie junto a él, haciendo que yo tirara mi silla al suelo, llevándome a la salida mientras Rupert nos apuntaba con un arma. ¿Qué estaba pasando?
-¿A dónde vais?-inquirió el médico.
-Lo cierto es que nos hemos equivocado de médico-respondió Mike con sorna-. Mi tío no conoce a ningún loco como usted-dijo esta vez con seriedad.
-Bien, en ese caso, pueden irse.
Mike no dejaba de mirarle, mientras yo corría a abrir la puerta. Oh, no, la había cerrado con llave. Supongo que no era tan torpe como para no saber abrir una puerta.
-Esto es una trampa-murmuró Mike.
-¿Qué quieres de mí?-pregunté yo-. No diré nada a nadie sobre mi telequinesia, lo prometo.
-Veo que nadie te ha contado de qué va todo esto. Verás, las personas que tienen habilidades extrañas como tú no deberían existir porque ponéis en peligro a la Humanidad. De hecho, pusiste en peligro a tus padres.
Me dedicó una sonrisa entre divertida y peligrosa al ver mi cara descompuesta. Se me empañaron los ojos al oírle decir que había puesto en peligro a mis padres. ¿Habían muerto por mi culpa? ¿Iríamos los tres en coche y entonces yo moví el vehículo, provocando un accidente? En cualquier caso no dejé de sentirme culpable, y gracias a eso conseguí salvar mi pellejo y el de Mike, porque inconscientemente moví el buró hacia Rupert, haciendo que disparara a la lámpara en vez de a uno de nosotros. Mike tiró de mí y nos arrastramos hasta el otro lado de la habitación, esquivando la lámpara que acababa de caer sobre el lugar en el que nos encontrábamos unos segundos antes.
Miré horrorizada la situación. Una lámpara caída y un hombre muerto por mi culpa. Rupert había sido completamente aplastado por el buró que había movido. Y lo peor de todo era que había un testigo, la auxiliar. No, lo peor era que había metido en aquel embrollo a mi mejor amigo.
-Venga vamos, tenemos que irnos de aquí-me apremió Mike acercándose al hombre.
Lo miré, todavía con el miedo en el cuerpo, al ver que ponía sus dedos índice y corazón sobre el cuello de Rupert.
-¿Qué haces?-le pregunté en un susurro.
-Está inconsciente.
Y acto seguido cogió la llave y la pistola, y me hizo un gesto para que me acercara a él. Tuve que hacer un enorme esfuerzo por levantarme yo sola. Estaba empezando a entrar en estado de shock. Pasé por al lado de Rupert, y no pude evitar estremecerme. Efectivamente, aún estaba vivo, podía ver que su pecho se eleva con dificultad. Mike no tardó en coger mi mano y atraerme hacia él.
-Eh, tranquila, ¿vale? Vamos a salir de esta.
Intentó sonar seguro, pero yo sabía que estaba tan asustado como yo. Llevaba la pistola en una mano y la mía en la otra, por lo que tuve que encargarme de abrir la puerta. Y cuando lo hice…
-Estás muerta.
Una mujer rubia de facciones duras me estaba apuntando con una pistola al cuello, y yo tuve la sensación de que me iba a desmayar.
-Aparta el arma-dijo Mike con dureza.
Toma esa, rubia, nosotros también íbamos armados, y eso la pilló por sorpresa. Ella también llevaba una pistola sobre el cuello. Noté que había bajado la presión su arma y lo agradecí porque así pude respirar mejor. Vi que la mujer intercambiaba una mirada iracunda con Mike.
Y en el segundo siguiente, Mike levantó su rodilla y se la clavó en el estómago. La mujer soltó la pistola y un grito ahogado, llevándose las manos a la zona donde había recibido el golpe. Y de nuevo Mike tiró de mí.
Bajamos los escalones de dos en dos a toda velocidad. Por suerte, Mike no me había soltado en ningún momento, de lo contrario ya me habría caído por las escaleras un par de veces. Una vez fuera del edificio, Mike siguió tirando de mí. Estaba totalmente aturdida: había muchas cosas que poner en orden dentro de mí y mis piernas aún eran incapaces de moverse por sí solas. Comencé a hacerme preguntas mientras me chocaba continuamente con los transeúntes. ¿De dónde había salido aquella mujer rubia? ¿Me iban a matar? ¿Me iba a morir? ¿Vería otro amanecer?
Mike giró a la derecha y me estampó contra la pared, aunque estaba convencida de que su intención no era hacerme daño. Por fin habíamos parado de correr. Estábamos en una calle muy poco concurrida. Me puso los dedos índice y corazón sobre mi cuello, no sabía qué estaba haciendo, pero no me importaba, sólo quería descansar, olvidarlo todo…volver a Dearborn y seguir con mi vida normal incluso si tuviera que despedirme de Mike.
-Lil, tienes que intentar calmarte, ¿vale?-me dijo mi amigo.
¿Calmarme? ¿Eso era posible después de haber estado a un paso de la muerte?
-Tengo miedo, Mike-conseguí decir con voz temblorosa.
Todavía seguía teniendo el miedo dentro de mí, y eso que ya habían pasado diez minutos y ya estaba a salvo. O al menos eso creía.
-Lo sé, pero no te va a pasar nada malo, ¿de acuerdo?
Yo me limité a asentir, aunque realmente no estaba de acuerdo. Poco a poco iba siendo consciente de mi situación. Había caído en una trampa, y si no me iba pronto de Scottsdale, acabarían por encontrarme y matarme.
-Eh, no llores. Todo va ir bien-volvió a decirme Mike con una voz tranquilizadora.
Pronto sus brazos me rodearon y yo me dejé caer sobre su hombro, a punto de crear un océano con mis lágrimas.
*********
Este capítulo ha sido bastante intenso emm?? XD porque las cosas ya se van poniendo muy interesante...
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Dom Sep 01, 2013 2:42 pm

vale, ya he corregido lo del < XD corto, was?? XD pos hablando de médicos yo tengo que ir mañana a uno D:
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Dom Sep 01, 2013 3:01 pm

Sí, para mí es corto -.- xD ¡Ya se ven los "<"! :'D xD ¡Nooo, rigri, te matarán! T-T xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Dom Sep 01, 2013 4:24 pm

me matarán por crear a Lillian D: aunque a mí el dentista ya me odiaba antes de crear a Lillian XD ya verás mañana...dirá que se me han movido los dientes ¬¬ (siii, es los moví con telequinesia hahahahahahahahahaahahahahaha XD)
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Dom Sep 01, 2013 4:31 pm

Jajajajaja xD Bueno, los dentistas odian a todos los seres humanos, rara es la persona que no salga con algún problema del dentista xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Dom Sep 01, 2013 4:38 pm

los padres de hermione son dentistas y se veian majos XDD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Dom Sep 01, 2013 4:46 pm

Se veían, pero no lo eran, no dejaban a Hermione ponerse los dientes más cortitos con la magia D: xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Lun Sep 02, 2013 9:36 am

jajajajaj, es veerdaad XD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Miér Sep 04, 2013 2:32 pm

Capítulo 9: declaración de amor.
25 de Junio de 2012, 12:30 p.m.
Los siguientes días no salí del hotel para nada. El nuevo alojamiento era mucho más humilde que el HYATT House, pero seguía teniendo lo necesario: una habitación con dos camas individuales y un baño. No me importaba tener que compartir el baño con mi abuelo, de hecho en la casa de Dearborn sólo disponíamos de uno.
El caso es que me quedé encerrada en la habitación durante tres días en los que Mike estuvo conmigo la mayor parte del tiempo. El último día ya empezaba a sentirme un poco mejor, pero en mis pesadillas aún se me presentaban Rupert y la mujer rubia apuntándome con una pistola.
-Esta noche mis amigos van a ir a una discoteca-sugirió Mike.
Yo estaba tumbada sobre mi cama, con la vista clavada en el blanco techo. Mike estaba sentado sobre la cama de mi abuelo. Giré la cabeza hacia mi amigo y le miré sin ninguna expresividad en mis ojos. No me apetecía salir, y menos sabiendo que me tenía que encontrar con las Veronicas pelirrojas.
-Vamos, te irá bien tomar un poco de aire fresco. Además, si vamos en grupo estarás más protegida-se levantó de la cama de mi abuelo para sentarse junto a mí-. Incluso puedes llevar a tu amigo telepático. Si es verdad que lee mentes nos avisará si hay algún peligro.
No, definitivamente, no. Wendell no iba a ir a ninguna parte conmigo.
-No quiero ir, pero gracias de todas formas-dije, incorporándome.
-Si te quedas aquí encerrada, tu abuelo va a sospechar. Yo me encargaré de pedirle que te deje más tarde de las diez.
Mike tenía razón. Mi abuelo comenzaría a sospechar si veía que dejaba de salir por ahí con Mike. No me quedaba otro remedio que volver a salir a la calle. Realmente quería irme a Dearborn, pero no sabía qué excusa ponerle a Edgar para que no sospechara. ‘‘Abuelo, unos médicos quieren matarme. Volvamos a Dearborn’’. No, desde luego que no iba a decirle eso.
Por ahora lo único que podía hacer era intentar relajarme y pensar en pasármelo bien aquella noche.
-Por cierto, ¿desde cuándo te gustan las discotecas?-le pregunté a Mike con curiosidad.
Él se encogió de hombros.
-No sé si me gustan. Nunca he estado en una.
Me reí y luego nos quedamos mirándonos. No me había dado cuenta de que su rostro estaba muy cerca del mío, y de repente se me aceleró el corazón. Clavé mis ojos en los suyos y me perdí en la intensidad con la que me miraba. Oh, dios, ¿qué me estaba pasando? Mis labios se estaban entreabriendo sin yo quererlo, al igual que los suyos. ‘‘¡¡Lillian, no!!’’, me decía el subconsciente. ‘‘¡¡Sólo es tu mejor amigo!!’’. Estaba totalmente paralizada como para hacerle caso a aquella vocecita. Sólo había un centímetro entre nuestros labios, pero entonces la puerta se abrió y los dos dimos un saltito hacia atrás. Giré la cabeza instintivamente y comprobé que era mi abuelo.
-Vaya, hola. Creí que estábais fuera-dijo mirándonos a los dos-. Por cierto, Lillian, te he comprado un móvil.
Me enseñó el teléfono. Era un modelo muy antiguo, de los primeros móviles cuyas pantallas se veían aún en blanco y negro. ¿De verdad quería que fuera con ese móvil por ahí?
-Abuelo…
-Nada de peros. Quiero que lo lleves encima, así estaré más tranquilo.
Fruncí la boca. Claro, tenía que ser para tenerme más vigilada. Y si no tenía cosas modernas como Internet era para no poder buscar información, para mantenerme a salvo.
-Es un móvil muy bonito-dijo Mike con sorna.
-¿Es que no pensáis en ir a dar una vuelta?-nos preguntó Edgar, esta vez con desesperación-. Hace un día muy bonito.
Me limité a mirar a Mike, y cuando lo hice no pude evitar sonrojarme al recordar que habíamos estado a punto de besarnos. Porque habíamos estado a punto de hacer eso, ¿no?
-Estábamos pensando en salir esta noche-comentó mi amigo, como si esperara a que mi abuelo le diera el visto bueno.
-¿Esta noche?-preguntó Edgar con desconfianza-¿A dónde vais a ir esta noche?
-A…cenar. Supongo que dejará a Lillian que se quede un rato más tarde de las diez.
Mi abuelo pareció pensarse la respuesta y, después de un par de minutos, respondió:
-Está bien, pero con una condición: ten el móvil encendido.
-Claro, abuelo-respondí con una feliz sonrisa.
Al final Mike y yo tuvimos que marcharnos del hotel porque, curiosamente, mi abuelo no paró de insistir en que fuéramos a dar una vuelta por la mañana, alegando que ‘‘quería probar si funcionaba el móvil’’. Yo sabía que no tenía nada que ver con eso y, de haber estado sola, me habría quedado a averiguar de qué se trataba realmente su cambio de opinión. Pero Mike insistió en que saliéramos a la calle.
-Deja de darle vueltas al asunto-me dijo Mike con despreocupación-. Venga, vayamos primero a buscar a Warren.
-¿Warren? Querrás decir Wendell. Es italiano, ¿sabes?
Era curioso, pero estábamos hablando tan normal como si no hubiéramos estado a punto de besarnos. O a lo mejor no se encontraba tan cerca de mí como me había parecido. La verdad es que en cierto modo me alegré de que Edgar hubiera aparecido en aquel momento.
-Creía que tenías novia-dije de pronto. Ni siquiera supe por qué había dicho eso.
-Si te refieres a una novia humana, no, no tengo-respondió soltando al final una carcajada.
Sonreí, un poco incómoda. Era la primera vez que me sentía incómoda con Mike, pero juraría que había estado a punto de besarme cuando estábamos en el hotel, y encima se me habían acelerado las pulsaciones al sentir, supuestamente, su aliento… ¿a café? Me estaba volviendo paranoica. Me había quedado incluso con el olor de su aliento y ni siquiera estaba segura de si eso había pasado o no. Al menos el olor del café me gustaba.
Mike, por otro lado, actuaba con total naturalidad, lo que me hacía pensar que no había tenido intención de besarme y que todo había ocurrido en mi mente. ¡Oh, me estaba convirtiendo en una obsesa! No tenía tiempo de pensar en bobalicadas de ese tipo cuando había unos médicos que querían matarme y cuando tenía un abuelo que sabía más de lo que aparentaba.
-¡Eh, hola!-saludó alguien.
Volví a la realidad y me di cuenta de que casi habíamos llegado al HYATT House. La persona que nos había saludado era Wendell.
-Hola, Warren-respondió Mike, no supe si lo hizo de verdad o de broma, pero a Wendell le molestó igualmente.
-Wendell. Wendell Berneri Rossi.
-Vale, Wendell, me acordaré de tu nombre-lo tranquilizó mi amigo-. Te estábamos buscando.
Wendell lo miró con una ceja enarcada. Envidiaba a la gente que sabía hacer eso.
-Esta noche vamos a ir a una discoteca y pensamos que tal vez te gustaría acompañarnos-dije yo.
-¿A una discoteca? No me gustan esos sitios. Lo siento, no me interesa.
Y acto seguido se dio la vuelta para entrar en el hotel. Mike frunció el ceño, insatisfecho.
-¡Espera! Si vienes, te devolveremos el favor.
Abrí los ojos, estupefacta. A decir verdad, Mike no tenía una mente muy brillante, y no se había dado cuenta de que el haber dicho eso implicaba que nosotros queríamos que Wendell nos hiciera un favor antes. Wendell, al igual que yo, se percató de ello, y nos dirigió una mirada pícara e interesada:
-Así, que lo de la discoteca me lo habéis dicho, no por hospitalidad, sino porque os haría un favor. ¿Qué tipo de favor?
Ahora Mike se había dado cuenta de su error.
-Bueno…es que hay un sorteo-mintió-. Pero sólo pueden participar grupos de ochos personas, y como nos faltaba uno, pensamos que podrías ser tú el octavo.
Wendell no parecía creer demasiado a Mike.
-Bueno…iré, pero tendrás que devolverme el favor-dejó de mirar a Mike para mirarme a mí-Lillian, recuerda que tú sigues debiéndome uno.
-Jamás se me olvidará-le aseguré.
-Vale, pasaremos a recogerte sobre las ocho.
-Está bien, aquí estaré-Wendell fue a girarse de nuevo hacia el hotel, pero entonces se volvió hacia nosotros de nuevo-. Por cierto, Lillian, hay unas personas que no paran de pensar en ti, de la cárcel. Te lo contaré todo, esta noche.
Todo el cuerpo se me paralizó. No podía ser. De pronto se me vinieron a la cabeza dos personas: Rupert y su amiga rubia poniéndome una demanda o algo por el estilo por intento de asesinato. Y lo peor de todo era que Mike estaba implicado en todo aquello.
-¿Pero…?-comenzó Mike, pero Wendell ya se había ido; por su voz estaba tan estupefacto como yo-¿Y qué hacía él en la cárcel?
A mí no me importaba lo qué hubiera hecho Wendell en la cárcel, y Mike pareció percatarse de mis temores:
-Eh, tranquila. Ven, te llevaré a un sitio alejado de aquí.
Media hora más tarde nos encontrábamos en un parque muy grande de césped verde donde no había mucha gente.
Era el lugar ideal para desahogarse de las lágrimas. Y en eso estaba yo, creando otro océano sobre el hombro de Mike. Ya era lo suficientemente pequeña de estatura como para sentirme más pequeña aún. Estaba terriblemente asustada, no sabía qué me podía pasar, ni qué decirle a mi abuelo. Iba a ir a la cárcel y, seguramente Mike, también. O tal vez Rupert me matara.
-Lil, todavía no sabemos si es eso lo que Wendell nos tenía que decir-intentó animarme-. Pero si fuera eso, seguramente nos lo habría dicho.
-¡No tienes idea de la mente tan retorcida que tiene ese crío!-chillé.
Mike me separó de él y acunó mi rostro entre sus manos. Había vivido aquella sensación en el hotel, o al menos eso creía. Sólo éramos amigos, y aquel gesto no me parecía de amistad, sin embargo no me importó. A pesar de todo me sentía segura con él.
-Lillian, no te va a pasar nada malo, ¿de acuerdo?
Yo asentí como pude, y quise responderle pero entonces sus labios me lo impidieron. Me quedé paralizada. Mi mejor amigo me estaba besando, pero, ¿por qué? El primer pensamiento que tuve fue que sólo quería saber cómo besaba. Claro, seguramente querría ensayar antes de besar a su novia pelirroja, ya fuera Natalie o Amber.
Pero realmente yo no pensaba que Mike fuera así conmigo. Sabía que él era un buen chico y que nunca querría hacerme daño de esa manera, y mucho menos en aquellos momentos, así que mi segundo pensamiento fue…que había recibido un impulso eléctrico que le había hecho abalanzarse sobre mí sin quererlo.
Sin embargo, por muy accidentado que hubiera pasado eso, ninguno de los dos dejamos de besarnos, él se acercó más a mí, enterrando sus manos entre mi pelo, y yo rodeé su cuello con mis brazos. Todos mis temores se habían esfumado de mi mente y la única pregunta que tenía en mi cabeza era si lo estaba haciendo bien. ¿Besaría bien? Lo único que sabía era que me besaba con intensidad, pero a pesar de todo el contacto de sus labios eran suaves sobre los míos.
No supe cuánto tiempo duró aquel beso, tal vez diez segundos, pero noté un vacío en mi estómago cuando Mike se separó de mí. Claro, antes tendría el estómago lleno de mariposas, y ya no. Nos quedamos mirándonos durante unos segundos más, él entre miedo y arrepentimiento, yo entre maravillada y confusa. Normal, se suponía que éramos amigos, y sólo amigos, pero yo ya no estaba tan segura de eso.
-Yo…lo siento…no quería…-balbuceó él.
Ahora estaba más confusa. Se levantó bruscamente del suelo, como si estuviera avergonzado de algo. ¿Se arrepentía de haberme besado? Bueno, ahora lo que importaba era que se sincerara. Necesitaba saber por qué lo había hecho, si de verdad me quería como algo más que una amiga, o lo había hecho simplemente por probar.
Me levanté con torpeza del suelo, y me acerqué a él. Le pedí alguna explicación con la mirada, y el pareció captar el mensaje.
Se acercó a mí con cautela, mientras que yo retrocedía los pasos que él había dado hasta que mi espalda chocó con un árbol. No recordaba que allí hubiera un árbol.
-Lillian, te quiero. Pero no como a una amiga-noté que estaba nervioso-. No sé, desde hace bastante tiempo he tenido la sensación de que sentía por ti algo más que amistad, pero no te lo he dicho nunca por temor a que te enfadaras conmigo. Sé que no debí haberte besado, tu vida está en peligro y no quiero entorpecerte con estas cosas. Así que olvida lo del beso. No volveré a hacerlo hasta que tú me lo pidas.
Me quedé petrificada ante sus palabras. Aquello era verdaderamente una declaración de amor. Acercó su rostro al mío, y por un momento creí que iba a volver a besarme. Pero sólo se limitó a decir:
-Lo siento, de veras. No volverá a ocurrir.
Y luego se alejó de mí, como si me estuviera dando margen. Volví a obtener mi compostura; había bajado del cielo, o de donde quisiera que hubiera estado. Si negaba que no me había enamorado de él, estaría dañando a los dos. Había sido muy valiente al decirme todo lo que sentía por mí, y aquel hecho había hecho cambiar mi visión hacia él.
-Espera-exclamé.
Él se volvió hacia mí, y mi corazón volvió a acelerarse. Le sonreí; él me había sorprendido y ahora me tocaba a mí sorprenderle a él:
-Bésame-murmuré.
Y así hizo. Volvió a acercarse a mí, y nos fundimos en un apasionado beso.

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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Miér Sep 04, 2013 2:58 pm

Ooooh, qué bonito *-* Necesitaba algo de romanticismo en mi vida xD Yo quiero el siguieeenteeee :3 xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Miér Sep 04, 2013 3:02 pm

seeeh, ya hacía falta que llegara esto en el libro XDD el siguiente capítulo va a estar genial :3 Lillian te va a hacer sentir muy bien, ya verás 8D sinceramente, yo me quedé muy bien cuando lo escribí XDD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Miér Sep 04, 2013 3:04 pm

¡Pues súbelo yaaa! Ahora me dejas con las ganas de saber qué pasa TT-TT xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Miér Sep 04, 2013 3:22 pm

juasjuasjuas XD tal vez lo suba mañana XD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Miér Sep 04, 2013 3:25 pm

Más vale que lo subas mañana, porque si no... ¡Muajajajajaj! xD Ok, no doy miedo ninguno T-T xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Miér Sep 04, 2013 4:24 pm

yo lo subiré de todas formas. tal vez hoy no des miedo pero si mañana no lo subo temo que te vuelvas de verdad una furia D: XDD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Miér Sep 04, 2013 4:38 pm

Jajaja, eso, eso, tú súbelo por si acaso, para que no dé miedo xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Miér Sep 04, 2013 5:57 pm

Oh, merde, acabo de darme cuenta de que el titulo del capitulo era Confesion inesperada, no declaracion de amor, que ese titulo no tiene intriga porque ya se sabe de que va el cap U.U XD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Angie0518 el Miér Sep 04, 2013 6:04 pm

A mi me emociono ese titulo *-* xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Miér Sep 04, 2013 6:25 pm

XD entonces no lo cambiare XD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Jue Sep 05, 2013 6:33 am

Capítulo 10: el favor de Wendell.

25 de Junio de 2012, 20:30 p.m.
Había vuelto al hotel sólo para cambiarme de ropa. Después de todo el día junto a Mike, era hora de separarnos un poco, aunque solamente serían quince o veinte minutos, el tiempo de cambiar la vestimenta.
Estaba radiante de felicidad aunque, sinceramente, no había notado un gran cambio de mi amigo Mike a mi novio Mike. Se me hacía raro referirme a Mike como novio, acostumbrada que estaba a tenerlo como amigo.
Después de lo del parque habíamos ido a comer helado, y me había llevado a curiosas tiendas de Scottsdale, una de ellas, la tienda de la miel que, como su nombre indicaba, vendía única y exclusivamente miel y productos relacionados con ella. Y finalmente habíamos montado en la Harley (Mike me había comprado un casco y todo) y nos habíamos fugado a las afueras de la ciudad…a desahogarme de nuevo. Quería volver a Dearborn, pero lo cierto era que me sentía encadenada a Scottsdale, no sólo porque estuviera Mike, sino por todos los secretos que la ciudad parecían ocultar para mí.
Ahora Mike me esperaba en el hall del hostal (nada que ver con el del HYATT House, por cierto) mientras yo decidía qué ponerme. Sí, una camiseta negra con rayas blancas y unos pantalones negros. Aproveché que mi abuelo no estaba en la habitación para ducharme y vestirme. Justo cuando había acabado, apareció hecho una furia.
-¡LILLIAN!-gritó.
No respondí. Estaba frente a él, preguntándome qué había hecho ahora.
-Mañana nos vamos a Dearborn-yo no respondí-¡Has desobedecido mis normas! ¡Sólo te pedí que tuvieras cuidado! ¿No te das cuenta de que corres peligro? ¡Y no sólo tú! ¡Sólo piensas en ti misma, Lillian! ¡Se acabó! Te prometo que mañana nos vamos a Dearborn, lo quieras o no. Así que vete despidiendo de Michael.
No tenía ni idea de cómo se había enterado, supuse que se refería a lo de Rupert. Las palabras de Edgar estaban llenas de verdad, pero no pude evitar ponerme a llorar. Fueron palabras muy duras para mí, y ya que estábamos con los enfados y las verdades duras, yo también despotriqué contra él:
-¡Todo esto no habría pasado si me hubieras contado la verdad desde el principio!-comencé, aunque tampoco sabía qué más decir a continuación, pese a que había mucho soltar; mi cabeza estaba repleta de cosas y no me dejaba pensar con claridad-¡Siempre supiste que tarde o temprano esto iba a pasar! ¡Así que el error es tuyo! ¡No puedes ocultarme cosas que tienen que ver conmigo, así no me proteges! ¿Por qué no me dijiste la verdad sobre mis padres? Yo los maté, ¿verdad? Fue por mi culpa. Los maté con la telequinesia cuando era un bebé. Si es así, no pienso volver a Dearborn hasta que encuentre el lugar en el que descansan, iré a visitarlos todos los días, te guste o no.
Y dicho eso, salí de la habitación, dando un fuerte portazo con la puerta. Si me habían dolido hasta a mí mis propias palabras, no quería imaginarme lo que habían supuesto para mi abuelo. Ni siquiera sabía cómo había podido hablar tan fluidamente sobre mis padres. Supongo que no tenía control sobre mis palabras.
Me sequé los restos de las lágrimas que aún quedaban en mis mejillas (menos mal que no era de las que usaba rímel y sombra de ojos). No tenía ganas de ir a esa discoteca, a saber qué tipo de música iban a poner. Pero la parte buena era que iba a estar Mike, y con sólo verle esperando en la puerta esbocé una sonrisa.
-¿Has llorado?-me preguntó con tono serio.
-Oh, no, es que se me ha metido algo en el ojo-dije sorbiéndome los mocos.
Mike me miró sin creerme. Bastantes problemas tenía ya como para ponerme a inventar buenas excusas. Prefería contarle lo que había pasado antes que ocultárselo.
-Creo que tu abuelo tiene razón, Lil. Sería mejor que volvierais a Dearborn si allí estás segura.
La sugerencia de Mike me pilló un poco por sorpresa.
-Vuelve a Dearborn, haz las paces con tu abuelo e intenta hacer las cosas con más tranquilidad. Sé que estás nerviosa, que te sientes fatal, pero no puedes venirte abajo. Si tanto te buscan o tanto te protegen será porque tu don de mover objetos es muy importante, y tú tienes que estar preparada ante cualquier peligro.
Sí, había hecho bien en contarle mis problemas a Mike. Sus palabras me habían ayudado a levantarme psíquicamente. Quise agradecérselo pero ya habíamos llegado al HYATT House y no me apetecía hablar del tema teniendo a Wendell delante.
Nos saludamos y no me faltó tiempo para preguntarle qué me tenía que contar acerca de la cárcel de Scottsdale.
-Pasé por la cárcel médica de Scottsdale y leí las mentes de dos personas. Me llamó mucho la atención porque pensaban en una tal Lillian, y automáticamente pensé en ti. No hay muchas chicas que se llamen como tú.
-Tienes razón-asentí-¿Y sabes quiénes podrían ser?-me atreví a preguntar sabiendo que eran médicos que querían matarme. Además, había dicho ‘‘la cárcel médica’’.
-No sé, pero me parecen que eran un matrimonio llamado Harkins. Y pensaban de una forma muy…cariñosa.
Arrugué el entrecejo, recordando a alguna que familia que se apellidara Harkins.
-No me suena ese apellido. Mi nombre no será muy común, pero tampoco soy la única que se llama Lillian.
Decidí no darle más importancia al tema, además, ya casi habíamos llegado al lugar. Había una larga cola para entrar en la discoteca, pero los amigos de Mike nos habían guardado el sitio. ¿Cómo se llamaban los gemelos? Ah, sí, Robert y Daniel. Luego estaban Zac y Claire y por último las Veronicas pelirrojas, Natalie y Amber. De las que peor iban vestidas eran ellas dos. Natalie con un top súper ajustado que dejaba ver buena parte de su escote y una minifalta, y su prima llevaba un mini-vestido, que dejaba ver escote y muslos. Las dos coincidieron en que iban de negro y con tacones, que, madre mía, eran más finos que una aguja. Claire no iba tan mal. Llevaba un top rojo, pero no iba enseñando medio pecho, y también llevaba pantalones cortos como yo, fresquitos pero sin llegar a parecer braguitas.
-¡Hola, chicos!-nos saludaron.
La única que me saludó con efusividad fue Claire; las primas no fueron tan hospitalarias: una me dedicó una sonrisa fría como el hielo y la otra una mueca de asco.
Pasé de su comportamiento. Ya estaba acostumbrada a las chicas de la pandilla de Jeff, aquellas dos no me iban a achancar. Sin embargo, me percaté de que aquella hostilidad no iba dirigida a mí, sino a Wendell, que no paraba de mirar sus escotes con todo el descaro del mundo. Me avergoncé de él, y me acerqué más a Mike y sus amigos para que no me relacionaran con Wendell.
Mientras esperábamos nuestro turno, ellos no pararon de charlar y de contarse cosas, y yo me hundí rápidamente en mi nube privada de pensamientos. Scottsdale era un paraíso de dudas, preguntas y respuestas, cada día descubría algo nuevo, y aquella noche me había dado cuenta de que había dos piezas que encajaban a la perfección: mi abuelo me advirtió de que no me acercara a la cárcel y Wendell me dijo que había dos personas allí que no paraban de pensar en mí…de forma muy cariñosa…
Tragué saliva. En la cárcel iba a encontrar más respuestas todavía. No quería hacerme ideas de quiénes podrían estar pensando en mí porque aquello me ponía los pelos de punta.
Al fin llegó nuestro turno. El guarda, un tío fuerte y cachas que se parecía a Jeff, nos chequeó de arriba abajo y nos dejó entrar.
La música era ensordecedora, además de horrible. Pero no podía quejarme, yo ya sabía lo que me esperaba. Amber y Natalie fueron las primeras en correr hacia la pista de baile, seguidas de los gemelos, Zac y Claire. Mike se quedó conmigo y no dudó en invitarme en ir a bailar con él. Yo acepté por no hacerle el feo, porque la verdad es que me era imposible bailar con esa música.
Imité los bailes que hacían las chicas que se encontraban a mi alrededor, pero pronto dejé de hacerlo al darme cuenta de que estaba haciendo el ridículo como ellas.
-¿Quieres tomar algo?-gritó Mike.
-¡De acuerdo!-respondí yo asintiendo con la cabeza por si no me había oído.
Estábamos muy cerca el uno del otro, pero la música estaba a todo volumen, como cabía esperar. La barra estaba algo alejada de la pista, cosa que agradecí porque notaba los oídos hinchados.
-No volveré a pisar una discoteca en mi vida-confesó Mike.
-Yo tampoco.
Ambos comenzamos a reír mientras el camarero nos traía unos refrescos.
-Oye, ¿dónde has dejado a tu amigo?
Se refería a Wendell, y la verdad es que no sabía dónde se había metido.
-Déjalo, seguramente estará ligando.
Mike volvió a reírse, y yo le di un sorbo a mi coca-cola.
-¿Te acuerdas de las normas que me puso mi abuelo?
-Ah, sí. Hicimos una apuesta pero he perdido la cuenta de las que llevas desobedecidas.
-Una de esas normas era que no me acercara a la cárcel.
-A ver si adivino…-se puso la mano en la barbilla, como si estuviera pensando-, vas a ir a la cárcel.
-Sí-‘‘pero tampoco quiero ir sola’’, quise decirle a continuación, pero no me pareció bien darle más problemas a Mike.
-Te puedo llevar en la moto-se ofreció él.
-Querrás decir en la Harley-bromeé-. No quiero meterte en más problemas, así que no hace falta que me lleves.
-No lo haces. Si te acompaño es porque quiero asegurarme de que estás bien. Al fin y al cabo, una cárcel no es lugar para una chica sin compañía-dijo, golpeándome cariñosamente mi mejilla con su puño.
Acercó su rostro al mío, y yo cerré los ojos automáticamente, esperando a que me besara. Sin embargo, aquel beso no llegó.
-¡Mike, tienes que venir!-exclamó una chica.
Abrí los ojos para ver de quién se trataba y descubrí que era una de las pelirrojas, concretamente la que llevaba el minivestido.
-Amber, yo…-comenzó Mike.
Vale, entonces la del minivestido era Amber. Intenté quedarme con algún rasgo suyo distintivo, pero no me dio tiempo. En un abrir y cerrar de ojos ya se había alejado junto a Mike de la barra, y los dos se adentraron en el mar de gente que bailaban en la pista. Fruncí la boca, sintiéndome pequeña, insignificante, incluso celosa. Aquello era estúpido, confiaba en Mike y sabía que él siempre sería sincero conmigo, nunca me mentiría. Sin embargo, Amber dificultaba bastante la situación. Hacía sentirme como si yo no valiese nada y ella lo fuera todo.
-Te estaba buscando-dijo alguien, sobresaltándome.
Me giré sobre el taburete en el que estaba sentada y descubrí que era Wendell. Bueno, tal vez un poco de su compañía no vendría mal.
-¿Y tu amigo?
Como si no lo supiera.
-Con sus amigos. A mí me apetecía quedarme sóla-mentí.
La mentira no había colado. Wendell me dedicó una sonrisa burlona, y luego giró la cabeza hacia el tumulto de gente, como si buscara a alguien. Me hizo un gesto con la mano para que mirara a dónde él quería. Estaba señalando a Mike y a Amber, y al observarlos noté un repentino calor frío recorriendo mi espina dorsal. Sí, una sensación muy extraña que hizo sentirme cohibida. Los dos estaban riendo, y Amber lo incitaba a bailar con ella, cosa a lo que Mike parecía resistirse. Intenté buscar en él algo que me hiciera saber que sólo estaba actuando, que realmente estaba incómodo con Amber, pero Wendell volvió a captar mi atención:
-Se conocen desde que eran pequeños-soltó de pronto-. Creí que lo sabías. Pues sí, antes de conocerte Michael pasaba las vacaciones en Los Angeles donde vive Amber. Michael tiene familiares allí, ¿no lo sabías?-yo negué con la cabeza-. Pues sí, así que Michael conoció a Amber antes de haberte conocido a ti.
-¿Qué intentas decirme con todo esto?-le pregunté con un tono amargo.
-Que Amber quiere quitarte a tu amigo. Y para serte sincero, ella lleva las de ganar. Sin ofender, ¿eh?
Fruncí el entrecejo, fulminando a Amber con la mirada. ¡Pero qué me esperaba! Realmente Mike era guapo, y yo nunca conseguiría estar a su altura. Aquella idea me hizo tener ganas de llorar, pero no iba a hacerlo delante de Wendell. Inesperadamente, me levanté de mi asiento y me dirigí a la salida del local.
-¡Eh! ¿A dónde vas?-gritó Wendell.
A tomar el aire.
Sabía que me iba a seguir, así que tendría que inventarme algo para que me dejara en paz. Una vez fuera, lo escuché llamarme varias veces, pero yo continué caminando.
-Oye, deja que te ayude. Es él quien no está a tu altura, créeme.
Poco a poco fui aminorando el paso, dejando que Wendell llegara a mí. Aquello iba a ser un error. Cuánto más lejos tuviera a aquel chico, mejor. No sabía por qué, pero así lo sentía.
-Tú tienes un don increíble, Lillian. Y Michael no puede ver lo increíble que eres realmente. ¿No te das cuenta? Nosotros dos somos distintos a los demás. Sé que tenemos una misión en el mundo.
Aquello me estaba dando la risa, pero dejé que continuara hablando para ver a dónde llegaba y qué conclusiones sacaba.
-Nos hicieron por algún motivo, tal vez para crear una raza nueva, no lo sé. Puede que tú y yo seamos un nuevo Adán y Eva, una raza superior con poderes sobrenaturales. Olvídate de Michael y esa pelirroja, ellos pertenecen a una raza inferior.
Definitivamente, se le había ido la olla. ¿De dónde sacaba eso de una nueva raza con poderes sobrenaturales? Para empezar, había un hombre que quería matarme porque, según él, yo era un peligro para la Humanidad, así que no debería considerarme una raza muy superior. Rupert me hacía sentir como un parásito.
La conclusión que yo saqué de todas aquellas pamplinas que había soltado Wendell era que intentaba decirme algo muy importante para él, pero muy estúpido para mí, y no me hizo falta esperar mucho tiempo a confirmar mis sospechas.
-Lillian, ¿recuerdas que me debes un favor?
-Desde entonces estoy ‘‘deseando’’ qué me vas a pedir.
Se quedó callado un momento, pero yo no añadí nada más. Esperé a que fuera él quien me pidiera el favor:
-Bésame.
Sí, había perdido la olla, aunque yo estaba a punto de perder los estribos, que era mucho peor. De todos lo favores que me había imaginado, aquel era el que menos me esperaba. ¡Qué lo besara! Antes besaría a una rana.
Sin embargo, preferí divertirme un poco.
-Oh…claro. Bueno, sí-suspiré-. Un favor es un favor, y después de todo lo que has hecho por mí, supongo que te lo mereces.
Me reí por dentro al ver la sonrisa bobalicona que se le había dibujado.
-Pero no un beso cualquiera-encima nos había salido pidón el niño-. Un beso con lengua.
¡Sería cerdo! También te besaría el trasero, de paso, pensé con sorna.
-Vale, está bien. Como tú quieras-volví a suspirar, mientras ponía la voz lo más dulce y melodiosa que mis cuerdas vocales me permitieron.
Ambos fuimos acercando nuestros rostros poco a poco, el aún con aquella sonrisa de estúpido, y yo con una expresión asqueada que intentaba ocultar para que Wendell no se percatara de mi verdadero plan.
Sólo faltaban un par de centímetros y ya no pude evitar hacer una mueca de asco a la vez que levantaba mi puño y le propiciaba una buena bofetada a Wendell. Emitió un sonoro aullido de dolor que hizo alegrarme interiormente. Esbocé una sonrisita de triunfo, pero la borré de inmediato cuando Wendell se giró hacia mí de nuevo con una mano en la nariz.
Dios, le había pegado tan fuerte que estaba sangrando un poco. Miré mi puño, maravillada. ‘‘Bien hecho, puño’’, dije mentalmente.
-¿Pero qué haces?-gruñó Wendell con indignación.
Vaya, vaya, el señorito había sido humillado por una tía, y eso lo había puesto de muy mal humor.
-¿Qué haces tú?-grité-¿Crees que puedes chantajear a la gente así? ¿Jugando con sus sentimientos? ¡Eres infantil, Wendell! Si quieres besar a una tía, vuelve a la discoteca y déjame tranquila. De haberlo sabido, no te habría pedido que me pagases el hotel ni que me ayudases a escapar. Lo habría conseguido sola.
Callé de pronto para comprobar qué expresión tenía ahora después del sermón que le había soltado. Y la verdad es que me dejó estupefacta. Estaba realmente asustado, con los ojos abiertos de par en par y la boca tan abierta que podrían haber entrado varias moscas en ella. ¿Tanto miedo le había causado? Pero entonces me di cuenta de que no me miraba a mí, sino a algo más allá de mí. Le dirigí una mirada interrogativa, incapaz de girar la vista para ver qué miraba con tanto asombro.
Y entonces me gritó una sola palabra que me hizo ponerme en alerta máxima:
-¡CORRE!
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por WasabyGreen el Jue Sep 05, 2013 8:48 am

¿Y ahora qué pasa? ¿¡Qué pasa!? En serio, ahora Wendell sí que me recuerda a Bryan -.- xD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Lenuki el Jue Sep 05, 2013 10:40 am

a mí Wendell me sigue pareciendo estúpido^^ (xD)
¡pero sí quiero saber que pasa! ¡escribe,rigri,escribe!(o bien ¡sube caps,rigri,sube caps!xD)

P.D: me estoy oliendo a Amber como personaje importante,no sé por quéxD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Jue Sep 05, 2013 2:45 pm

XDD pero entendéis por qué dije antes que me sentí muy bien escribiendo este capítulo? XD porque Lillian pegó a Wendell XDDDDD (lo siento, Wendell, pero así es la vida =( XD)
jajajaj, sí, pero was, la diferencia es que Bryan cae bien, Wendell no XD. En serio si Wendell no fuera mi personaje no lo tragaría XD
Bueno, lo de Amber estará por ver XD sinceramente, Amber me cae peor que Wendell, pero como yo conozco su vida entera al final me da pena la pobre XD
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Re: Saga Telekinesis

Mensaje por Rigri el Sáb Sep 07, 2013 8:09 am

Capítulo 11: persecución.

26 de Junio de 2012, 2:00 a.m.
Todo ocurrió en un segundo: Wendell echó a correr en dirección opuesta a la mía, yo lo seguí sin pensarlo, y entonces escuché un disparo. No quería pensar quién podría ser, pero en mi cabeza ya rondaba un nombre: Rupert.
Corríamos lo más rápido que nuestras piernas nos permitían, yo iba ligeramente por detrás de Wendell. Lo más lógico habría sido volver a la discoteca, donde habríamos estado más seguros, pero ninguno de los dos nos habíamos dado cuenta de que nos habíamos alejado tanto del local que ahora corríamos sin saber hacia dónde. Wendell no conocía Scottsdale mucho más que yo, así que la única salida que teníamos era correr y girar hacia la derecha o a la izquierda, esperando a dar esquinazo a nuestro enemigo. Otro segundo disparo nos hizo acelerar nuestra carrera, esta vez tuve que considerarme afortunada porque noté el impacto de la bala en la pared cerca de donde yo estaba. No tenía ni idea de dónde nos encontrábamos, sólo sabía que corríamos por las calles de una urbanización poco transitada, tanto por personas como por coches.
Al fin Wendell paró. Yo hice lo mismo, y nos miramos, aún sin comprender muy bien qué había ocurrido exactamente. Habíamos llegado a un edificio, y yo apoyé la espalda contra la pared, intentando recuperar el aliento.
-Lillian…-dijo mi amigo entre jadeos-, ese hombre…quería matarnos…
Yo me limité a asentir. Sabía eso, y mucho más. De pronto, Wendell se me quedó mirando, primero con una expresión de incomprensión, luego con otra que consiguió fulminarme.
-¡Tú sabías todo esto!-me espetó-¡Por eso me pediste que viniera esta noche a la discoteca! Sabía que tú y Michael queríais utilizarme, y me habéis puesto a mí en peligro.
No supe si realmente era inteligente o que lo había leído en mi mente. Quise responderle, pero entonces una voz nos sobresaltó.
-¡Lillian!
Me giré, con el corazón en vilo. Contuve la respiración, pero luego exhalé todo el aire al comprobar que era Mike.
-¿Nos has estado siguiendo?-preguntó Wendell con desconfianza.
Mike lo ignoró y posó sus manos sobre mis hombros.
-Me has asustado-me dijo. En su voz se reflejaba el miedo claramente-¿Dónde te habías metido? Cuando volví a la barra, ya no estabas. Te busqué por toda la discoteca y…-se paró en seco, y entonces se percató de la presencia de Wendell-¡Tú! No le habrás hecho nada, ¿verdad?
Wendell no contestó al momento, y yo me vi tentada a contarle lo del beso, tal vez así recibiría otra bofetada, esta más fuerte que la mía, proviniendo de Mike, que tenía más fuerza que yo. Sin embargo, Wendell fue más rápido leyendo mi mente, y cambió de tema:
-Hay alguien que ha intentado matarnos.
La cara de Mike cambió totalmente, y volvió a mirarme a mí:
-¿Crees que ha podido ser…?
Yo asentí ligeramente, pero no pude responderle con palabras, porque Wendell nos mandó a guardar silencio; estaba leyendo la mente de alguien que se acercaba a nosotros. Mike se pegó a la pared, junto a mí. Agarré su mano con fuerza, y agradecí que me devolviera el apretón. Aunque debía sentirme segura teniendo a Mike y a un chico que podía leer la mente de los demás, mi corazón no paraba de chocar contra mi pecho, totalmente desbocado.
No se escuchaba nada (salvo nuestras respiraciones), lo que hacía más fácil prestar atención a cualquier sonido. Sin embargo, hubo un ruido que nos sobresaltó a los tres: el timbre de un móvil.
Mike me dirigió una mirada, y entonces comprendí que el móvil que sonaba era el mío. Claro, mi abuelo. Saqué el teléfono del bolsillo de mi pantalón y miré a la pantalla. Efectivamente, era mi abuelo y tenía que responderle.
-¿Quieres apagar eso de una maldita vez?-exclamó Wendell; se dio cuenta de que había subido la voz, por lo que volvió a bajarla-. Apágalo ahora mismo.
-No puedo. Mi abuelo estará preocupado por mí-me quejé.
¿Qué quería que hiciera? ¿Qué le colgara? ¡Se pondría más histérico de lo que ya estaba!
-Oye, si escuchan la música esa nos van a matar.
-Ya no nos sigue nadie, Wendell-le discutí-. Voy a responder…
Pero no me dejó terminar la frase. Agarró mi muñeca con una de sus manos, obligándome a que le entregara el móvil.
-Wendell, déjala en paz-intervino Mike, interponiéndose entre los dos.
Qué patoso eres, Wendell.
-La patosa eres tú-replicó al leer mi mente-. Si morimos será por tu culpa.
Intenté pasar el móvil a mi otra mano, pero ya era demasiado tarde: también me la había inmovilizado con su otra mano. Estuvimos forcejeando durante un largo rato, hasta que él hizo un movimiento brusco con la mano con la que sostenía el móvil, tirando de mi brazo y haciendo que el teléfono se me resbalara. Los dos dejamos de pelearnos para contemplar la caída de mi móvil, yo horrorizada, él, feliz de la vida. Si hubiera estado escuchando Carros de Fuego, de Vangelis, me habría animado a agacharme a salvar el móvil, pero dado que no era el caso, dejé que terminara de caer y finalmente se estampó contra el suelo. Le dirigí a Wendell una mirada furibunda.
-Estarás contento-gruñí.
-No te imaginas cuánto-respondió él con una sonrisa llena de satisfacción.
Estaba a punto de arremeterle otro puñetazo, pero entonces noté la mano de Mike alrededor de mi muñeca, haciendo que me relajara.
-Eh, puedes llamar a tu abuelo desde mi móvil-me dijo para tranquilizarme.
Pero yo no le escuchaba. Estaba demasiado concentrada fulminando a Wendell con la mirada.
-Viene alguien-exclamó entonces.
Mike y yo nos estampamos contra la pared de nuevo. Volví a darle la mano, como si así me sintiera más segura. Podía ver la sombra de una persona reflejada en el suelo bajo la luz de una farola cercana. Notaba que mi pulso se había acelerado de nuevo, pero tampoco me iba a poner a gritar como una histérica. Contuve la respiración, esperando encontrarme en cualquier momento con Rupert de nuevo, cara a cara.
Sin embargo, no fue Rupert quien apareció.
-Michael, ¿qué haces aquí?-dijo una voz masculina.
Mi amigo se giró rápidamente, sobresaltado al escuchar su nombre.
-Papá-fue todo lo que dijo.
Vaya, así que quien nos estaba persiguiendo, según Wendell, era el padre de Mike. Creo que se llamaba Louis según me había dicho Mike, aunque nunca lo había conocido puesto que siempre estaba de viaje por motivos de trabajo, así que era la primera vez que lo veía. No guardaba ningún parecido con su hijo. Lo miré con disimulo para quedarme con su cara, pero entonces me dedicó una extraña mirada.
Realmente no creía que el padre de Louis quisiera matarnos con una pistola. La telepatía de Wendell debía de ser defectuosa.
-¿Son amigos tuyos?-le preguntó el hombre a su hijo con un tono interesado.
-Lillian y Wendell. Él es mi padre-nos presentó Mike, y era la primera vez que lo escuché hablar con tal frialdad-. ¿Has dejado a mamá sola?
El padre de Mike se encogió de hombros, volviendo a mirarle. Ahora podía volver a estudiar sus facciones. No, no tenía nada que ver con su hijo. Louis tenía ojos grises que expresaban una mirada fría y calculadora. Sin embargo, Mike tenía unos ojos muy expresivos y alegres, castaños como los de su madre, Emily.
-Es una mujer adulta, puede cuidarse de sí misma. Sin embargo tú eres un crío todavía, así que será mejor que vuelvas a casa.
Mike no se movió.
-Acompañaré a mis amigos al hotel.
-¿Se alojan muy lejos?
-Cerca del HYATT House.
-No-dijo el padre a la vez que negaba con la cabeza-. Llamaré a un taxi para venga a recogerlos. Tú ve a casa, ¿de acuerdo?
Por la seriedad que habitaba en el rostro de Mike, adiviné que él no estaba muy por la labor de obedecer a su padre.
-Tu madre está muy preocupada-añadió el hombre.
Entonces vi que la expresión de Mike cambiaba, un poco vacilante. Se giró hacia mí, y me dedicó una cálida sonrisa. Bien, volvía a ser el Mike de siempre, porque el chico al que había visto hacía unos segundos, tan serio, no era ni mi mejor amigo ni mi novio.
-Llamaré a tu abuelo y le diré que ya vas para el hotel, ¿vale?
Asentí.
Se despidió de nosotros y se marchó, dejándonos a Wendell y a mí ante su padre. Había algo en Louis que no acababa de agradarme, y no sabía exactamente el qué. Cuando por fin decidió marcharse, Wendell y yo nos quedamos mirándonos sin comprender qué había pasado al final. Según Wendell, el padre de Mike guardaba algo importante en su mente.
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Rigri

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