Kaylee Flochart

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Kaylee Flochart

Mensaje por Mags.G el Vie Mar 10, 2017 8:39 pm

Bueno, este es un "relato", que bien podría ser un comentario más en el rol, pero como me quedó un poco largo decidí postearlo aquí :I Cuestión, no sé la verdad por que lo escribí, solo me dieron ganas de cerrar ciertos muchos cabos que habían quedado abiertos y se me ocurrió que esta sería la mejor manera de hacerlo. ¿Qué si tiene muchos errores, gramaticales, ortográficos, de puntuación, "expresionales"? Si, yo misma se los puedo asegurar. Pero tampoco que me quite el sueño, ya que mi objetivo es simplemente ponerme en la piel de Kay. Puede que de muchas vueltas, o sea confuso, nosé, en serio, como que ya me estoy disculpando por adelantado xD Como seaaaa, leanlo o no, yo lo pongo y aquí queda xD Amm, y Angie no me denuncies por plagio, que a mí tampoco se me ocurría ningun título y bueno, eso quedó xD

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-La sensación térmica será de 12 grados. Paulatinas lluvias durante la mañana…
- Nooooo…¿Otra vez?- Me lamento, bajando la mirada a la mancha de dentífrico en el centro de mi camisa.
Ya se está haciendo costumbre.
Haciendo equilibrio con el cepillo aún en la boca comienzo a frotar la mancha blanca. Pero mis manos ya de por si están empapadas en crema, y, como no, he olvidado el esmalte fresco de mis uñas. En resumen, mi camisa, antes blanca cual lienzo, termina como un pintoresco cuadro de Picasso. Mientras tanto, Siri sigue parloteando desde mi celular apoyado sobre la mesada del lavamanos.
-El índice de humedad será de…
- ¡Siri!¡Cierra la boca!
Cosas que pasan.
Finalmente me cambio de remera a las apuradas, claro está, y salgo de mi habitación acomodándome el Montgomery que me había comprado Van en Roma. En el camino a la entrada paso por la cocina y saco de la alacena el tupper con la docena de muffins que cociné anoche. Lo guardo en la mochila que cargo al hombro, junto con mi estela y un par de chucherías más, y sigo
El Instituto está sumido en un sepulcral silencio. Totalmente comprensible, siendo poco más que las 7 de la mañana, y totalmente bienvenido también: un poco de paz para compensar tanto caos. Solo con recordarlo se me eriza la piel.
El día del ataque trajo muchas bajas. Que bajas, más bien una masacre. Fuimos emboscados y aplastados como moscas; la cantidad de heridos sobrepasó con creces el cupo de la enfermería, y el número de muertos fue simplemente escandaloso. Nail perdió a su padre, Matt perdió a su parabatai, y así con muchos más…
Sin embargo lo peor vino después, a la hora de levantar los platos rotos. Todo eran discusiones: ¿Qué había ocasionado nuestra caída en picada? ¿Cuántas víctimas? ¿Cuántos sobrevivientes? Y luego la pregunta del millón: ¿Acaso había un infiltrado en el Instituto? Pues estaba claro que Marlon nos había estado esperando.
Sacudo la cabeza para apartar el oleaje de pensamientos lúgubres que se avecina
Salgo a la calle, y la primera en sufrir los escarmientos del frío matinal es mi nariz. Me acomodo la bufanda con los dedos helados. Encantada, observo como poco a poco se van apagando las farolas en la vereda. Esta vez decidí ir caminando: nada de skate, ni trucos. Y, si bien mi avance es más lento, mi atención nunca se vio mejor recompensada. Es que no hay más que mirar para entender: mirar como ese  mar sereno es desplazado por la locura del movimiento. El despertar de una ciudad.
-¿Está atendiendo?- Le pregunto a una señora que instala su florería improvisada en la mitad de la vereda. Espero un “no” como respuesta, así que supongo que con arriesgarme no pierdo nada. En efecto, no me equivoco.
- Claro que si jovencita ¿Qué buscaba?
- Un ramo de…margaritas
Sin quererlo, me sonrío.

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Rato después estoy sentada en la parada de autobús, con el ramo bajo el brazo y ambas manos en los bolsillos. Cinco minutos. Diez minutos. Comienzo a jugar con el vaho que sale de mi boca al exhalar.
- ¡Mami, mira!- Una madre jala de su hijo hacia la parada mientras este detiene la marcha para señalar al cielo- ¡Está lloviendo!
Y sí que llueve. Se trata de un repiqueteo insistente, imposible de pasar por alto. Es por ello que me sorprende no haberlo notado antes; claramente hoy mi cabeza está en otro lado.
- Milo, vamos que te vas a resfriar- insiste su madre, y al terminar la frase ya están sentados al lado mío bajo el techo protector.
Pero ese niño sí que tiene hormigas en el trasero y tras unos instantes se pasea por aquí y por allá, y luego me observa, y acto seguido me imita. Toma una gran bocanada de aire helado y, fascinado, lo suelta, viéndolo transformarse en vaho. Y se ríe.
Y ya no sé si es por la lluvia o esa risa contagiosa, pero mi mente comienza a vagar sin rumbo aparente. Pienso en ese pequeño risueño, en esa madre cuidándolo; en sus infancias, en la de Nial, en la de Gieon, en la mía. E inevitablemente pienso en mis padres.
Llegó el bus.
Tomo asiento en el fondo, al lado de una ventana. Observo a la lluvia que tanto amo tomar posesión de una ciudad a la que tanto amo también.  Demasiado amor en una sola oración, y sin embargo mi vida está llena de escaseces.

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Reginald Aldridge se llama mi padre. O se llamaba. La verdad, ignoro. Poco se de él más que lo que precede a su familia, pero con eso me basta. Distinto a su hermano Marlon en varios aspectos, aunque iguales en las cosas más importantes: misma crianza, mismos valores, mismo resentimiento. Aun así, ambos jugaban para su propio lado. Trabajaban juntos, se confiaban andanzas y secretos, para luego dormir con un ojo abierto y el cuchillo bajo la almohada. La dupla perfecta.
Entonces Bridget White apareció de por medio, y de la noche a la mañana lo que antes parecía una aventura pasajera se tornó irreversible, si saben a lo que me refiero. Para ya cinco meses de embarazo, yo era irreversible.
- Disculpe ¿Hay alguien en este asiento?- Me pregunta un hombre, sacándome de mi ensimismamiento. Señala la butaca que hay al lado mío; yo niego con la cabeza, dándole a entender que puede sentarse.
Se deja caer con brusquedad. Se acomoda, y se vuelve a acomodar, no muy contento con el resultado. Es de contextura grande: de esas personas que, al compararlas con todo, el todo parece pequeño. Saca con torpeza un libro de su mochila y lo pone frente a sus narices. Puedo oír un imperceptible murmullo salir de él. Confundida, arrugo el entrecejo. ¿Acaso habla solo? ¿O se está dirigiendo a mí?
- Je lis…un livre- logro interpretar de sus balbuceos.
Me vuelvo.
“Francés en ocho capítulos”. Así se titula el libro que prácticamente se adueña de su rostro desde mi perspectiva.
Sin quererlo, me sonrío otra vez.

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Francia. Allí me crié. Allí fui feliz entre caminatas matinales, entre gallineros y bollos caseros. Y sin embargo, allí no volvería ni en un millón de años.
Asesinatos, estafas, escándalos. París era una ciudad turbulenta en ese entonces, tanto para los mundanos como para el mundo de las sombras. El escenario perfecto para conseguir lo que Él quería. Marlon asentó sus bases, puso las cartas en la mesa y apostó; lo único que necesitaba era un representante que se ocupara de unir las piezas faltantes.
Fue ante aquella necesidad que Erik Anderson entró en mi vida.
Su historia seguía el clásico tinte del cliché: un científico cuyas ideas revolucionarias habían sido rechazadas radicalmente. Su insistencia lo llevó a la condena social, y finalmente La Clave lo sancionó. El exilio fue el empujón final para que las semillas del resentimiento echaran raíces en él, y no fueron precisamente buenos los frutos resultantes. Aunque, si nos ponemos meticulosos, no fue un exilio hecho y derecho. Se trató más bien de una invitación a retirarse de Idris. Una invitación a instalarse en Norte América, donde podría ayudar con la plaga de demonios, y así también "mejorar su comportamiento". Al comienzo lo intentó; no voy a negar que tuviera buenas intenciones. Pero, desgraciadamente, sus principios y su voluntad eran demasiado débiles para sobrevivir en semejante mundo.
No mucho después apareció su bote salvavidas. Se trataba de un hombre que, al igual que él, había sufrido los agravios de la ignorancia popular, y que, al igual que él, buscaba revancha. Su benefactor lo había escuchado, lo había comprendido, e incluso había considerado la idea de que trabajaran juntos. Se apedillaba Baranov.
De esta manera, todo encajaba.
Marlon tenía a su representante.
Erik podía seguir con sus invenciones.
Bridget y yo conservábamos la vida, puesto a que nuestro destino ahora también apuntaba hacia Francia. Un hombre acompañado levantaba menos sospechas que un hombre solo, y aquel emprendimiento requería de la mayor discreción. Jugaríamos el papel de familia, y tal vez, si la atmósfera acompañara, podríamos llegar a creerlo. Además, era el cuadro perfecto para que Marlon se deshiciera de nosotras. No representábamos más que una distracción para la débil psiquis de su hermano, y de esta manera, no solo lo liberaba, sino que también evitaba mancharse las manos con otras medidas más drásticas.
Como dije antes, todo encajaba.
Aun así, más de una vez me he preguntado cómo habrá sido la situación a flor de piel. Me pregunto si Reginald habrá luchado por nosotras, o por lo menos intentado. Tal vez ni si quiera estaba enterado; Marlon podría haber inventado un accidente y después mostrar cadáveres tan grotescamente desfigurados que su hermano cediera sin cuestionar. O tal vez había sabido todo, y simplemente no le había importado. Como fuera, ya estaba hecho.  
Los arreglos fueron rápidos: simples tramites, falsificar documentos, algún que otro sello. Conservaríamos nuestros nombres, puesto a que no representaban ninguna amenaza, pero el apellido si debía irse. Después de todo, estábamos arrancando de cero. Anderson, White, Aldridge, todos fueron dejados atrás apenas subimos al avión. Para aquel entonces, yo no podía tener más que un par de meses.
Fueron buenos años los que siguieron, o al menos así lo recuerdo. Crecí en aquella granja en las afueras de Versalles; asistí a la escuela rural apenas tuve la edad, me hice amigos con los que luego perdí contacto, coseché choclos y tomates, usé un neumático de columpio y tarareé canciones junto al fuego en tardes lluviosas. En resumen, una infancia normal; nada de que quejarme. Y yo entonces no lo sabía, pues no tenía como, pero me estaba criando en una obra de teatro.
Fui hija única, y eso en mi caso solo podía significar una cosa: malcriada y mimada por mi madre, quien intentaba disimular a toda costa la ausencia de Erik en la casa, y trataba de olvidar así también todas sus frustraciones e incertidumbres. No la culpo. Nunca lo hice. Ahora sé lo que es lidiar con él; probablemente yo también me hubiera vuelto loca anta tanta inestabilidad. Tanto humo.
De pequeña solía hablar grandezas de mi padre, pues él trabajaba muchísimo para que mamá y yo fuéramos felices, y era por eso que nunca estaba en casa. Ya de mayor descubrí que una gran parte de esta afirmación era falsa, y solo una reducida resultaba verídica.
Si: Erik si trabajaba, y demasiado, pero no era para hacerme feliz, ni mucho menos a mi madre. Por otro lado, esa no era la única razón de sus ausencias.
La realidad era que años antes de unirse a Marlon, el Señor Anderson era un hombre soltero con una escasa  fortuna, en busca de una esposa. A lo dicho hecho. Ya iba por su segunda hija cuando se le presentó la propuesta de Francia. Entonces sí que se encontró en una disyuntiva: era resignarse al crecimiento personal, o largarse a la aventura, a Paris. Eran los Anderson o los Flochart.
Finalmente, optó por ambos, decisión que a la larga lo llevaría a perderles a los dos.
Los portales fueron su herramienta durante esos largos años. Pasaba de Estados Unidos a Francia, de Brighton a Versalles, del inglés al francés. Todo en cuestión de segundos. Ninguna familia estaba enterada: todo fue llevado a cabo con sumo cuidado y discreción. Cuando una lo creía en el trabajo, estaba dándole el beso de buenas noches a Gideon y a Eli, y así en viceversa. Aprovechaba las diferencias horarias al máximo. En el medio se ocupaba de cumplir con las órdenes de su benefactor. Como podrán ver, todo se mantenía sostenido por un hilo tensionado, pero sostenido al fin. No fue hasta la muerte de Myriam, su esposa, que el equilibrio se quebró. De pronto todo se desmoronaba: el tiempo, le jugaba en contra; el alcohol, escaseaba; sus hijos, una carga.
Y poco a poco, al igual que se drena una herida, se fue drenando su cordura.

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-Watford- leo en el cartel digital que cuelga del techo del ómnibus. Ya falta poco. Recojo todas mis cosas, asegurándome de que no falte nada. No vaya a dejarme las flores en el asiento, como ya me pasó una vez.
- Au Revoir- me despido del hombre del libro, quien me mira con una expresión de lo más cómica. No espero su reacción; toco el timbre y salgo en cuanto se abren las puertas plegables.
En un principio parece que me rodea el pueblo, mire por donde mire. Escucho el motor quejumbroso del autobús alejarse y luego me vuelvo hacia el camino a mi izquierda. Es largo, pelado e intransitado.
Podría pedir un taxi.
La lluvia no se cansa de caer: fría, delgada y escurridiza.
Podría.
Comienzo a mover los pies. Mejor caminaré.
Así, tal vez, entre el esfuerzo de andar y las gotas perladas, mi mente deje de recordar.

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El cambio fue gradual, y sin embargo, precipitado hacia el final. Como los borrachos al whisky y los pirómanos a la llama, Erik Anderson cedió a la locura. Y una vez más, su historia se reafirmó al cliché: alcohólico, violento y desempleado. Se convirtió en un maltratador con sus hijos y Bridget; a mí nunca se me acercó. Diría que fue la inocencia la que me salvó, aunque, la verdad, no estoy tan segura.
La noche se tornaba cada vez más negra. Erik volvía borracho, a veces su rostro hinchado por los golpes, su camisa desgarrada, salpicada de sangre. Mi madre siempre se las ingeniaba para inventar excusas: un robo, un desliz; había abierto mal el sobrecito del Kétchup. Poco después de mi noveno cumpleaños, en el pueblo comenzaron a desaparecer niños. Fue solo cuestión de tiempo para que pasara lo que paso.
No es por traumatismo o melodrama, pero nunca podré olvidar aquella noche de febrero. Los acontecimientos quedaron grabados a fuego en mi memoria: martillados, cincelados, tatuados, como las imágenes de un tapiz. Desgraciadamente, no se trata de una página que simplemente pueda arrancar.
Aun así, son los resultados de aquella desastrosa velada los que preferiría relatar.
Mis padres, desaparecidos.
Mi casa, incinerada.
Mi persona, en el asiento trasero de un Fiat destartalado, conducido por un hombre con extraños tatuajes. Mi primer vistazo de las runas.
Preferí  no hacer preguntas. Era de suponer que había alguien detrás de todo; el extraño comportamiento de Erik en los últimos tiempos, mi madre más reservada de lo habitual, los gritos aislados que parecían venir del cobertizo. Debía haber alguna relación. Pero, en ese entonces, mi mente aniñada se negaba a intentar de entender, absteniéndose de atar cabos. Simplemente se bloqueó a cualquier tipo de curiosidad. Es por eso que cuando me dijeron que una fuga de gas había ocasionado el incendio, les creí. Cuando me dijeron que mis padres habían muerto en él, les creí también.
Descubrí, como muchas personas anteriores a mí, que es más fácil dejarse llevar. Así que me dejé.
Desde aquella noche en la que los neflims me encontraron, sola y llorosa, mi vida no volvió a tomar otro cauce. Viví unos meses en el instituto de Berlín; en principio se suponía que mi estadía sería solo por unos días: de paso. Pero corrían las semanas y no había noticias nuevas. Allí conocí a Nail, mi cable a tierra.
Después de idas y venidas, me reubicaron a Londres, del cual haría mi hogar de permanencia. Desconozco los motivos de aquellos arreglos ¿Qué por qué Londres? ¿Por qué Berlín? ¿Porque no me dejaron en Francia desde un principio? No lo sé. Como ya les dije, mi mente en ese entonces prefirió ignorarlo todo.
Tenía 10 al llegar a Inglaterra, y a los 13 conocí a Gideon, mi parabatai. El resto ya lo saben.
Hace meses, podría decirse que casi un año, Erik intentó contactarse con nosotros, sus tres hijos. Estaba arrepentido, dolido y suplicante; había tocado fondo y ahora solo quería redimirse. O por lo menos eso quise creer.
Pero la realidad se mostraba, una vez más, muy lejos de mis ficciones.
Así que llámenme inocente, ingenua. Boba.
No obstante ¿Cómo podría llegar a pensar mal de alguien que durante tantos años había sido un mártir para mí? Se marchó de mi vida de la noche a la mañana. Me convencí a mí misma de que su ausencia era la respuesta a todos mis males. Me hacía falta. Durante todos esos años me hizo falta.
Y ahora, después de casi una década aparecía nuevamente, como un fantasma, una visión del pasado. Pero era real, palpable, y estaba vivo. Con una sonrisa suya, una palabra amable, mi voluntad se ablandó cual pasa de uva. Así que ¿Cómo podría rechazarlo, cuando todo en mi lo reclamaba a gritos? ¿Cómo podría si quiera pensar que sus intenciones no eran nada más que nobles, justas y heroicas?
Le creí, y cuando quebró mi confianza le creí de nuevo. Tanto amor, y todo a ciegas.
En un principio su acercamiento fue lento. Nos siguió los pasos durante semanas, y, cuando sintió que la atmósfera era propicia, nos encaró a los tres. A Gideon, a Eli y a mí. El detalle del parentesco no hizo más que sumar confusión. Por alguna razón desconocida, su principal blanco era yo. Me bombardeaba a mensajes, llamadas a horas absurdas; caminando por las calles de Londres, sabía que de alguna forma me estaba observando. O quizás estaba demasiado cansada, y mi mente me jugaba trucos. Como fuera, mantuve la compostura. No le dije a nadie, simplemente dejé que pasara, como todo en mi vida. Sin embargo, él no se quedaría de brazos cruzados; en el baile de Navidad hizo su último intento. Pero no salió como esperaba, y, entre una cosa y otra, terminé viajando a Italia, a la casa de Van y Rob. Una vez más, me olvidé de todo.
Como dicen, a momentos desesperados, medidas desesperadas. A la vuelta de Roma, una llamada suya bastó para condicionarme. Encaré el portal pensando en esas puertas magnificas que tanto conocía, y lo atravesé con Erik y su discurso en mente. Brigminton Street 4932, ya has estado allí antes ¿Verdad Kay? No volví al Instituto. Él no me lo permitiría. En vez de eso, terminé atrapada en los cuarteles de Marlon. Fue allí donde comenzó a hilar fino.
Me obligó a mentirle a los demás sobre mi propósito; me obligó a entrenar durante el día, y hacer guardias durante la noche. Nunca dio explicaciones; lo más parecido a estas fueron sus amenazas: que si no hacia lo que ordenaba matarían a Tanya. Yo no sabía nada, y aun así acepté todo. Hoy por hoy pienso en mi manera de actuar y me avergüenzo, pero entiendan, en ese entonces ya no era la misma. Poco a poco, como un reloj oxidado, comencé a percibir que algo andaba mal conmigo.
En principio solo se trató de un hábito: sentía la necesidad de ordenarlo todo, mis dedos simplemente no se podían estar quietos ni un segundo. Nada muy fuera de lo normal; jamás se me hubiera cruzado por la cabeza que la cosa pudiera escalar a mayores. El vicio se fue magnificando en esos dos meses y medio de encierro, pero se lo amerité todo al estrés. Aun así, si quieren oír cosas realmente perturbadoras, podría mencionar la paranoia: una vez que se desencadenó mi pesadilla con los números, no hubo nada que pudiera frenarla. Cinco, todo tenía que ser múltiplos de cinco. La cantidad de personas en una habitación, los bolígrafos en el cajón. El cuatro era la muerte. Por último aparecieron los cambios de temperatura. No podía dormir. No podía comer. No podía pensar. Había un sol infernal y yo tiritaba; por las noches me las pasaba abanicándome aunque el termómetro marcara menos de 10 grados, mi figura entera sudada. Me sentía febril de cuerpo y de mente.
Y cuando creía que ya no podría soportarlo ni un segundo más, ocurrió lo de Tay.
Fue un escape milagroso para ella, lo que consideré también una salvación para mí.
Nunca entendería los propósitos de mi padre: si el traerme aquí había sido un intento desesperado por convertirme en una espía de Marlon, pues no me conocía.
Esa misma tarde confesé todo, aliviada de dejar la farsa a un lado.
No me mataron, como esperaba que hicieran, ni me torturaron. En vez, terminé encerrada en los calabozos por días, lo cual fue peor en todos los sentidos.
Desconocía sus intenciones conmigo, pero claramente la inanición no era una de ellas, puesto a que me traían comida mínimo una vez al día. Aun así, esas largas horas en silencio terminaron conmigo, e inauguraron la última etapa de mi lento descenso a la locura: los delirios.
Para aquel entonces ya no recordaba a nadie que pudiera haber llegado a conocer alguna vez. Al único al que mantenía fresco en mi memoria era a Gideon, y ni si quiera podía encuadrarlo correctamente. Solo tenía la certeza de que era por él que debía seguir aguantando.
Finalmente llegó Erik y me sacó de mis penurias. Entró al mí celda con los ojos como maníaco: en su momento no reparé en ello, pero estaba desarreglado y golpeado, su rostro surcado de moretones. Blandía una porra eléctrica.
Supuse que iba a morir, pero el pensamiento no me inquietó.
Perdí la conciencia a la tercera descarga.
Hubiera preferido morir, de haber sabido lo que tenía reservado para mí.

El Complejo de Atlantis. Se trata de una psicosis poco común entre la cruza de neflims y hadas, transmisible solo a través de los genes. Sus síntomas incluyen el comportamiento obsesivo, la paranoia, los delirios, y, en casos extremos, trastornos de personalidad múltiple.
Esa era la enfermedad que yo había estado gestando en los últimos meses. Erik había sabido todo ese tiempo; se dedicó a preparar el ambiente, y luego encendió la mecha. Su excusa era la lucha por el bien común; él y Marlon compartían los mismos delirios de grandeza, no por algo habían trabajado juntos tanto tiempo.
Y ahora que finalmente lo sabía, ahora que era consciente de mi condición de experimento, no podía hacer nada al respecto. Pues era otra la que dominaba mi mente.
Kathleen. El resultado de mi trastorno de personalidad múltiple. La descarga eléctrica de la porra le había dado el impulso necesario para tomar las riendas. Y era a ella a quien Erik quería usar.
El científico tenía el ideal de un mundo en el cual las personas pudieran ser reformadas, así como El Complejo me había rectificado. Su plan era enroscado, y partía de la base del contagio. Como si se tratara de un virus que se pudiera inyectar. Tenía maquinado absolutamente todo desde que nos conociera a mi madre y a mí. Fue solo por casualidad que dio con nosotras, y también fue por casualidad que se enteró de mis antecedentes familiares. Sabía que la psicosis era propensa a saltearse generaciones, así que mantuvo la lupa cerca. Diecisiete años después, ahora que ya estaba hecho, lo único que necesitaba era someter a Kathleen a una prueba, para ver hasta donde era capaz de soportar su psiquis. Para mí no son más que quimeras de un maníaco, pero supongo que en su mente tendría sentido. Mientras tanto yo estaba encerrada, encerrada en mi propia cabeza.
Es poco lo que recuerdo de ese período. No sé bien ni cuanto duró, pues mi percepción del tiempo allí era totalmente desproporcionada. Podrían haber sido semanas, como meses, como podría haber sido todo una ilusión, pues ni si quiera mi persona tenía cuerpo. Era solo pensamiento. Como les digo, fue algo demasiado abstracto, pero trataré de ponerlo en palabras de la mejor manera posible:
Era como estar encerrada en una habitación cuyas paredes eran reemplazadas por numerosas puertas: todas llevaban afuera, a mi libertad, pero permanecían herméticamente cerradas. A veces intentaba forzarlas: me lanzaba contra ellas, las pateaba, golpe tras golpe. Pero cualquier intento era inútil, cualquier impulso demasiado débil. Sin embargo, lo que a ella le ocurría me ocurría a mí también. Fue por esto que sentí su miedo, esa intangible sensación de caída libre. Miedo a que mi padre la regresara a su lugar de origen, a lo recóndito de mi mente. Haría lo que fuera con tal de comprar su libertad, aunque eso significara robar, mentir, o espiar para Marlon.
Así que, mal me pese, así se desarrollaron los hechos. En un determinado momento me cansé de luchar, me rendí. Entré en un estado de inactividad latente, el cual tampoco sería capaz de describir con palabras, así que ahórrense las preguntas.
Un día desperté. Rodeada de cadáveres, manchada de sangre, con los miembros doloridos y hormigueantes, el olor a ropa chamuscada saturando mi nariz. Los recuerdos comenzaron a llegar a mí de a poco, como los fotogramas de una película antigua. Estaba en un campo de batalla. Me levanté y, ni bien me volví, vi a Gideon. Y entonces supe que había valido la pena aguantar.
Uno hubiera pensado que estando a salvo en el Instituto las cosas aclararían. Todo lo contrario; de allí en adelante los acontecimientos se fueron precipitando uno encima del otro, sin cuidado ni orden. Pasé de la confusión a la seguridad, a la cólera, al miedo. Me tomó unos días poner en relativo orden mis pensamientos; luego hice lo que debía. Hablé con Patrick, y a ello siguió lo inevitable: los interrogatorios, las explicaciones, Los Hermanos Silenciosos. Estos últimos no pudieron hacer mucho: cuando intentaron ver en mis recuerdos posteriores a Italia, estos parecían bloqueados. Si bien varios volvieron a mí con el tiempo, los de aquellas semanas de exilio en mi propia mente se rehúsan a volver. Es como si Kathleen se rehusara a dejarme ver.
A pesar de todo, el tema fue tratado con la mayor discreción, solo con las personas implicadas, y por supuesto mi parabatai. Patrick decidió no hacer conjeturas apresuradas: después de todo, hasta donde sabían, Kathleen podría haber pasado la información a Marlon como podría no haberlo hecho. No tenían pruebas que me inculparan más que mi propio testimonio, el cual ya de por si contaba con unas cuantas lagunas. Por el momento debía darle tiempo a mi mente para recuperarse. Me dijeron que el Complejo estaría bajo control siempre y cuando me abstuviera a situaciones de estrés extremo, y me dieron ciertos consejos para mantener a raya los malestares. El tiempo diría.

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Ya casi llego. No pueden faltar más que un par de cuadras.
Mis botas de combate están enteras embarradas, y el agua ha logrado filtrarse en cualquier recodo posible de mi anatomía. Suerte para las margaritas, la lluvia, si bien persistente, no fue intensa. El ramo se encuentra perfecto, tal vez un poco caído por la insistencia de los pequeños proyectiles. Hablando de la lluvia. Miro al cielo y lo veo en proceso de despeje. Podría perfectamente volver a nublarse, pero algo me dice que no será así, así que me quito la capucha del Montgomery.
Siento haberme extendido tanto. Mi plan era hacer un mapeo general de la situación, pero una asunto llevó al otro, y bueno, ya saben cómo pueden llegar a ser estas cosas. Podría decir que este monólogo ya está terminado, pero la verdad es que hay un cabo suelto que me siento obligada a atar antes de poner el punto final. Como dicen, todo lo que va vuelve, así que he decidido regresar al punto cero: a mis padres.
De Reginald Aldridge no es mucho lo que rastreé, y la verdad tampoco me interesa. La única razón por la que me moví para conseguir esta información fue para que mi conciencia quedara, de alguna forma, en paz:
Algunos dicen que murió poco después de la partida de mi madre a Francia; también he escuchado que optó por el suicidio, o incluso que fue mordido por un hijo de la noche. Sin embargo, la mayoría de los rumores que he recolectado llevan al mismo callejón sin salida: en algún momento entre mi nacimiento y la “muerte” de mis padres, puso punto final a su historia con Marlon y desapareció. Con este desenlace me conformo.
En cuanto a Erik, lo vi morir con mis propios ojos. Gideon tomó el asunto entre sus manos el día de la batalla. No lo culpo, ni por un segundo. Sobre el científico no acotaré más al respecto, solo diré que desde entonces mis noches han tomado otro matiz. Uno mucho más sereno, en el cual las pesadillas ya no son tan recurrentes como antes.
Ahora, es de mi madre de quien les quiero hablar.
Fue tan solo unos días después del ataque, cuando el Instituto estaba todavía en pleno despliegue. Demasiada gente, demasiado sofocante para mi gusto. Creí que salir a callejear me haría bien, así que eso hice. De paso cumpliría con algunos encargos que tenía pendientes. Y yo no creo que fuera mera suerte la que me llevó a caminar por una ruta que no suelo frecuentar, ni mera suerte la que me llevó a entrar en el mercado de las calles bajas. ¿Y el hecho de ella tropezara conmigo, y justo conmigo? No, eso no podía ser mera suerte. Ni todas las herraduras del mundo podrían llevar a tantas coincidencias. Me ahorraré los detalles sobre nuestro encuentro, solo mencionaré que su aspecto era deplorable, y de su salud no había mucho más que rescatar. En un principio no me reconoció, y yo tampoco a ella. Luego me volví para observarla nuevamente, y reparé en que era la mujer que me había cuidado en los calabozos de Marlon, cuando todavía era yo del todo. Es decir, mis recuerdos de esos días eran algo nublados, pero sin duda era ella. La recordaba. Recordaba su suave sonrisa, y esos ojos ansiosos que habían estudiado mi rostro con angustia. Tanto amor en esas miradas. Y luego, casi seguido a ese pensamiento, vino la palabra con “M”. Era Bridget. Es decir, Bridget Flochart. Es decir, era mi madre.
Y si, entiendo su estupefacción. Yo tampoco comprendía en ese entonces: como era que mi madre, quien hasta ese momento era para mí nada más que cenizas, se encontraba frente a mí, en Londres, a solo veinte minutos de mi residencia. ¿Y cómo podía ser que la había visto antes, conversado con ella incluso, sin reconocerla? Ficción, pura ficción.
Pero, como les dije antes, el tiempo diría.
En primer lugar intenté convencerla de ir conmigo al Instituto, donde tendría toda la atención médica necesaria. Pero se negó rotundamente, y no hubo argumento que sirviera para torcer su decisión. Me dijo que había conseguido una manera de tirar por el momento, y que debía prometer que no hablaría sobre lo que había visto. Ni si quiera a Gideon.        
Cumplí al pie de la letra. Lo último que quería era espantarla.
Al día siguiente la fui a ver; tenía la certeza de que para cuando llegara ya habría desaparecido sin dejar rastro, pero no lo hizo. Perduré con mis visitas una par de semanas. Siempre le llevaba víveres y cosas para abastecerla: la mayoría las rechazaba, y solo aceptaba medicamentos que sabía que no podría conseguir por sí misma.
Aun no me daba explicaciones de nada, pero yo tampoco exigí ninguna. Sabía que cuando se sintiera preparada lo soltaría sola. O al menos confiaba en ello.
Tras idas y venidas consiguió contactarse con su familia. Al parecer una prima segunda suya tenía una cabaña en las afueras de Watford, más bien una covacha abandonada, que estaba dispuesta a donarle. Como fuera, cualquier amparo era bienvenido.
Me mantuve apartada de sus arreglos; no me costó darme cuenta de que mi madre era en verdad una persona bastante auto didacta a la cual no le gustaba mucho la ayuda, salvo que esta cuadrara exactamente dentro de sus planes.
A pesar de todo, si me permitió echarle una mano a la hora de instalarse. Había que arreglar la choza, pues estaba bastante venida abajo, amueblarla con lo que consiguiéramos, probar la caldera, el horno a leña, sellar goteras y humedades. En resumen, debíamos transformar el antro en un lugar apto para vida.
Una tarde llegué con una lámpara de mesa que había conseguido a medio precio en las rebajas del festival de San Patricio. Creí que se pondría contenta, pero en su lugar terminó llorando a lágrima viva. Fue totalmente súbito; yo no tenía ni la más pálida idea de que hacer o decir. Estaba en el dilema de si abrazarla o no cuando comenzó  a balbucear. Y entonces lo largó todo: pero su historia no tenía ni pies ni cabeza. Comenzó hablando de Marlon y luego saltó a Reginald, para acabar en Londres, y luego agregando cosas sobre Francia. Las palabras salían atropelladamente de su boca, y me costaba horrores conseguir que se serenara aunque fuera para respirar. Me partía el corazón verla así. Le rogué que se detuviera; en parte porque temía que revelar tantas verdades pudiera hacerle daño, en parte porque temía que me hiciera daño a mí. Pero no se interrumpió hasta terminar, hasta que las piezas encajaran y el rompecabezas quedara completo, extendido entre nosotras dos como un puente.
Después de aquella noche en Francia, Bridget había intentado pasar desapercibida entre los mundanos: sabía que a mí me tenían los neflims, y que por ende estaba a salvo. En cuanto a su persona, alguien estaba tras suyo, y ahora que Erik había desaparecido ya no tenía quién le cuidara la espalda. No duró mucho: la inexperiencia y el terror le jugaron en contra. Marlon dio con ella antes que nadie y la trajo a su base en Londres. Entre interrogatorios y torturas, finalmente le perdonaron la vida. A fin de cuentas, les servía más como recadera que muerta.
Fueron siete años de pura monotonía que preferiría obviar.
No fue hasta mi llegada a los cuarteles que las cosas comenzaron a cambiar. Luego de que me enviaran al calabozo, ella se ocupó de cuidarme. Yo entonces estaba bajo los efectos del Complejo y no la recordaba. Su rostro golpeaba las paredes de mi memoria como un irritable cencerro, pero nunca pasó de eso.
El día de la batalla se decidió, y, aprovechando el caos general, escapó por los túneles. El resto ya lo saben.
Esa misma tarde tarde volví al Instituto y supe que hacer. Así como mi madre no había podido guardarse más el secreto, yo tampoco podía hacerlo con Gideon. Le conté todo. También lo hice con Eli, pues merecía saber la verdad siendo que su padre era uno de los protagonistas, pero con ella me abstuve de mencionar la reaparición de mi madre y El Complejo. No quería cargar a más personas con confidencias.
La historia de mis padres, o mejor dicho, los retazos que he conseguido hilar; todo esto que estoy contando lo sé gracias a Bridget. Yo no he hecho nada más que reordenar las piezas y agregar palabras soberbias. Tal vez ya sea tiempo de que haga lo mismo con las mías. Tal vez.

▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼▽ ▼

Alzo la vista para admirar la cabaña que me observa con sus ventanas torcidas.
- ¡Llegué! – voceo, pero no oigo respuesta.
Entro por la puerta que da a la cocina, cuidándome de no jalar más de lo necesario del picaporte defectuoso. Reina el silencio.
Desde que se mudó a Watford la visito con frecuencia. Por lo menos dos veces a la semana. A veces tiene sus días buenos, en los cuales todo es algodones y rosas; también sus días malos: más de una vez me dejó esperando en la entrada, gimiendo, negándose a dejarme verla. Es solo en aquellas ocasiones que la oigo llorarlo a gritos.
Reginald.
Me asomo por la ventana que da al patio y agudizo los oídos. Allí está. Puedo oírla tararear una vieja nana.
Está en uno de sus días buenos.
Salgo al jardín y la veo. Se encuentra arrodillada, de perfil a mí, con la ropa sucia y las manos hundidas en la tierra. El cabello rubio ceniza recogido desprolijamente, los mechones caen sobre su frente arrugada por la concentración. Bajo mi vista a las cicatrices en sus brazos. Recuerdo mi reacción perturbada en los primeros vistazos y se me escapa una risita. Ahora ya me parecen parte de ella.
La carcajada me delata y se vuelve radiante. Una alegría poco común en ella ilumina su expresión, casi como una niña.
- ¡Kay! ¡Mira! – prorrumpe, mostrándome sus manos. En una hay un choclo, en la otra dos tomates. Todos recién cosechados.
Es entonces cuando mi mirada abarca todo el jardín. La tierra está sembrada de raíces sobresalientes, de hojitas tornándose verdes. Es su huerta.
- ¡Te dije que iban a salir, te lo dije! ¡Kay, hay que festejar!
Sin quererlo, me sonrío.
Ya estoy en casa.
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Re: Kaylee Flochart

Mensaje por WasabyGreen el Sáb Mar 11, 2017 5:59 am

MADRE MÍA, qué final, el final me ha dado ganas de aplaudir, la parte de la huerta y la vuelta a casa, Dios, qué bueno DDDDDx Es muy loco el relato, muy loco, es... ¿Cómo lo has hecho? Es mucha información, muchísima, han pasado muchas cosas en la vida de Kay y todas esas cosas las has encadenado con mi propia historia de Gideon y Lis, y es... wow. Has tenido que trabajar una barbaridad en este relato para cuadrarlo todo y creo que lo has conseguido, ahora necesito tiempo para pensar en todo lo que he leído y asimilarlo, porque son tantas cosas que tú lees el relato y dices "Dios, son demasiados hechos, mucho lío, no puede tener sentido" pero lo tiene, has encadenado una cosa con la otra con una habilidad increíble y necesito pensar en todos esos puentes que has tendido, ordenar los hechos en mi cabeza... En resumen, que pienso buscar algo que no cuadre, porque me parece impresionante la manera en la que lo has enlazado todo y no puede ser tan perfecto, necesito comprobar si es tan bueno como parece o si nos estás engañando a todos e.e (?)

Respecto a ortografía, gramática y demás, he notado errores de falta de tildes y algunos verbos en pasado cuando la narración estaba en presente, pero bastante pocos, creo yo. Algunos "sí" sin tilde, algún "qué" a la que le faltaba, o un "cómo"... En fin, en su mayoría son errores de esos que comete todo el mundo porque son palabras difíciles de manejar por decirlo de algún modo, pero no he visto nada grave. En cuanto a los verbos en pasado que deberían haber estado en presente intuyo que fueron por despiste, porque sé que estás acostumbrada a escribir en pasado y al narrar en presente algunos verbos en pasado se cuelan, entiendo lo que es eso porque a mí también me pasa xDDD También hay que decir que me ha sorprendido mucho tu forma de escribir; siempre has tenido un estilo único a la hora de rolear, tu escritura era caótica (por decirlo de algún modo) tanto en forma como en contenido, porque Kay siempre ha estado mu' loca y... y no sé, verte escribir tan "formal" y con un tono tan serio es algo que no se ve mucho, y es curioso verlo uvu

He tenido que quitarme tres veces del ordenador desde que empecé a escribir esta opinión, así que mejor voy cortando ya antes de que me obliguen a irme una cuarta e.e Me gustó mucho el relato, mucho, siempre me gustan las biografías porque me parece interesante conocer la historia de un personaje, la que lo hizo como es, pero además me dejaste muy sorprendida por cómo lo relacionaste todo, que es una cosa que también me gusta mucho ver xDDD Solo me queda sugerirte una cosa: ¿qué te parecería escribir la historia de Erik? Entiendo que estés ocupada, que no tengas tiempo, que tengas otros proyectos, que no tengas ganas pero de verdad que me gustaría mucho ver la historia de Erik, de su vida, desde su punto de vista, por qué hizo todo lo que hizo... Creo que sería una gran forma de completar el relato de Kay porque como Kay era niña y no sabía mucho se ve todo muy abstracto; es decir, ella cuenta hechos, dice "pasó esto, esto y esto" pero no es capaz de decir el por qué... y me gustaría ver el por qué, ver qué hay detrás de todo lo que pasó, qué pensaba Erik y cómo sintió las cosas Dx

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"—Loem es lo que ha ocurrido, las personas que has conocido y la que empieza a hilar. El comienzo.
Miré a la primera muñeca, fijamente, en perfecto estado, cuidada.
—Thana es lo que ocurre, las personas que conoces, la que mide la longitud del hilo, la que lo desenreda. El desarrollo.
Miré a la segunda, en un estado menos cuidado que la primera pero no tan dañado como el de la tercera.
—Akhir es lo que ocurrirá, las personas que conocerás, la que corta todas las uniones. El fin.
Y miré hacia la tercera, cerrando mi boca pues la tenía abierta. Mi sentimiento de lástima por Akhir cambió a ser uno de temor."
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Re: Kaylee Flochart

Mensaje por WasabyGreen el Sáb Mar 11, 2017 6:08 am

Mandé el mensaje incompleto para editarlo y seguirlo desde el móvil y ahora no me deja editar >>>>>:c Así que nada, sigo aquí:

... ver qué pensaba Erik y cómo sintió las cosas, porque todo lo que hizo, todas las decisiones que tomó, tuvo unos motivos para tomarlas, ya sea un sentimiento o una forma de pensar la que le movió a hacerlo... Y bueno, eso, que me gustaría leer un relato de Erik contando su propia historia para poder ver las cosas como él las veía; creo que sería muy interesante de leer y un buen complemento tanto para este relato como para la historia de Lis y Gideon uvu Así que piénsalo y dime qué opinas D:

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Miré a la primera muñeca, fijamente, en perfecto estado, cuidada.
—Thana es lo que ocurre, las personas que conoces, la que mide la longitud del hilo, la que lo desenreda. El desarrollo.
Miré a la segunda, en un estado menos cuidado que la primera pero no tan dañado como el de la tercera.
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Re: Kaylee Flochart

Mensaje por Angie0518 el Sáb Mar 11, 2017 7:18 am

Bueno, tenía que conectarme después de mucho sin hacerlo para comentar el relato porque me parecía realmente incorrecto quedarme sin hacerlo, incorrecto y a su vez que te mereces todo lo que te voy a decir, así que léame bien señorita: primero que nada, primero que todo, quiero decir una cosa "WOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOW". ¿Por qué viene ese wow? Pues vamos a explicarlo detalladamente:
En un principio porque toparme con un relato nuevo me impacta y, aunque sabía que lo estabas escribiendo, no sabía cuanto tiempo iba a tomar y enterarme de que estaba en el foto fue una sorpresa muy kul, fue como "¿¡EN SERIO!? AI NID IT" xDDDDDD Así que me vine impaktada a leer, con muchas ansias de saber cómo era el relato porque cierta personita quedó realmente impresionada con él y me generó muchas expectativas... Déjame decirte una cosa: las alcanzó todas y llegó más allá.
El wow viene (si bien por lo primero que dije en un 5%) casi en su totalidad por todo el relato; comprendo ahora el haber tenido buena crítica. Maggie, es sinceramente único el modo en el que has logrado enlazar una historia con la otra de manera que encaje como un perfecto rompecabeza para ver la figura entera: desde el tiempo de dos historias que en un principio no estaban conectadas hasta el gradual cambio de los personajes, su evolución progresiva, los efectos del alrededor sobre ellos... todo, todo, absolutamente todo entretejido en una red de manera sorprendente: hiciste que todo tuviese sentido dentro del mundo fantasioso que es el que nos presenta CS, creando incluso una enfermedad. Más allá de eso, incluso llegaste a inventar una enfermedad, una enfermedad usando los elementos que te proporcionaba el mismo mundo en el que está Kaylee en conjunto con la historia de ella, lo ocurrido en el rol... es... ¡¡¡aaaaaaaaaaaaaaah!!! Que las palabras se quedan cortas para expresar todo lo que pasa por mi cabeza xDDDD Fue una cosa tras otra, una cosa tras otra, que dio paso a algo que quedó completamente ordenado cuando en un principio no parecían más que ser trozos dispersos hasta que PUM · u · Realmente me imagino el esfuerzo que te llevó el cuadrar fechas, situaciones y personajes para que saliese del modo en el que salió; el esfuerzo dio sus frutos, así que te aplaudo de pie uvu

En cuanto a gramática y demás pues vi lo mismo que Was, no será necesario que repita, siendo también que tú misma dijiste que fue lo que menos te preocupó y son cosas fácilmente corregibles, nada horrible o algo así que arruine la lectura; ni por asomo son algo de eso xD Por técnica... sí, también me sorprendió, su estilo de escritura siempre ha sido ligero y desordenado pero no en el mal sentido, es llamativo, es propio y característico de ti, le imprime cierta energía a tus comentarios en los roles por el dinamismo constante... pero ahora has mostrado algo más estilizado (? por así decirlo, con unas frases que salieron muy bonitas y dista de lo que acostumbro a leer en los roles de ti, cosa que no es nada negativa, tampoco significa que sea mejor que el otro estilo, simplemente es diferente y es bueno ver esta otra faceta, resulta curioso, me ha gustado realmente. Fue prolijo y con la técnica se imprimió la seriedad que supongo que querías darle a ciertos fragmentos de tu historia, así que bien uvu

Por último... te pido lo mismo que Was · u · De verdad, comprendo que estés ocupada y te cueste o que no quieras... Pero necesitamos la historia de Erik, necesitamos esa otra piecita del conjunto para terminar realmente de armarlo así que secundo la moción, presento la petición por escrito y ruego porque digas que sí : D Eso, lkdfjsdkfjkdjfkl uvu

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Re: Kaylee Flochart

Mensaje por Mags.G el Sáb Mar 11, 2017 7:52 am

Gracias Waaaas y Angieeee, en serio gracias, me pone muuy contenta que lo leyeran y que tuvieran tanto que decir al respecto, sobre todo porque la historia de Gideon y Eli también está en este relato y bueno, no son mis personajes y realmente me interesaba ver que opinaban. No aclaré esto antes, pero Was, cualquier cosa o suceso que no sientas que encaje con lo que tenías planeado para ellos solo dímelo y lo cambio, que no hay problemillaaa :I

Si, con los verbos di varias vueltas porque en principio el relato lo escribí todo en pasado, y después decidí hacer la línea presente y bueno, cuando hice el pasaje de verbos más de una vez conjugué mal xD Pero mejor, así la próxima vez estoy mas atenta c:

Y sí, cuando lo empecé a escribir estaba en el dilema de si hacerlo desde un narrador omnisciente que supiera todo, o desde el punto de vista de Kay. Al final la elegí a ella, en parte porque quería que el relato tuviera esa cosa abstracta, que Was explicaste perfectamente allí arriba diciendo "ella cuenta hechos, dice "pasó esto, esto y esto" pero no es capaz de decir el por qué", y en parte porque quería dejar la puerta abierta para seguir escribiendo sobre su historia, tal vez desde otro punto de vista que supiera más, como el relato de Erik que están proponiendo, que les digo es una graaaaaan idea y en serio lo considero.

Me estoy excediendo con las palabras, como siempre, pero hubo otra cosa que dijeron que me pareció muy cierta con respecto a mi manera de plasmarlo todo, pues es verdad que mis comentarios en los roles siempre fueron caoticos y como, nosé, verborrágicos (no sé si es la palabra pero bueno, que me expreso como puedo xD). Y es que yo también veo este relato distinto a mis roleos con Kay, antes creía que eran cosas mías pero ahora que ustedes lo dices me quedo mas tranquila porque quiere decir que no estoy tan mu´loca :3 xD Así que eso, y de nuevo muuuuchas gracias por leerloo : D
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Re: Kaylee Flochart

Mensaje por WasabyGreen el Sáb Mar 11, 2017 9:04 am

Más contenta estoy yo de haberlo leído, que llevo meses sin rolear y estoy que me va a dar algo xDDD Aparte de que, como ya dije, me gusta profundizar en los corazones de los personajes ·u· Bueno, por suerte para las dos la historia de Lis y Gideon no es naaaada elaborada, lo único que sabíamos de ellos es que su padre estaba bien con ellos y que tras la muerte de la madre de ambos él perdió los papeles, nada más, y has sabido respetar eso así que está todo bien uvu Es cierto que nunca imaginé al padre de esos dos como un científico "malvado" o algo así, pero ya te digo que no pensé mucho en su historia, así que ¿por qué no? Yo creo que hiciste un muy buen trabajo y que no tengo nada que señalar uvu

Se entiende y se te perdona uvu Eso uvu

Creo que has escogido bien al hacerlo desde el punto de vista de Kay, en serio, ¿quién hay mejor que ella para contar su historia? Y la hace más real el que no lo sepa todo uvu Sí, piénsalo porque creo que es una historia con mucho potencial; por lo que ahora sabemos la vida de Erik no fue para nada monótona, estuvo llena de sucesos que se pueden contar en una historia y esta sería una gran oportunidad de meterse en la mente "del malo", de ver que el malo es malo pero porque sigue sus propias convicciones del mismo modo que lo hace el bueno... Es como nos dijo una vez un profesor; Hitler era malo, pero probablemente no se levantaba todas las mañanas diciendo "oh, qué malo soy; vamos a hacer más daño", sino que defendía una causa... Aaaaaaaaaah, Dios, es que si pudiera la escribiría yo misma xDDD

En ese aspecto, Angie explicó MUY bien lo que yo quería decir... Tu forma de rolear era caótica pero encajaba bien con Kay, porque Kay es un terremoto le daba más dinamismo a lo que escribía, pero ahora que cambiamos el tono de la historia cambiamos el estilo y... Quedó muy bien, me gustó uvu No, no estás loca, es así uvu Ni darlaaaas uvu

PD: Se me olvidó comentarlo antes, pero... Si Reginald es hermano de Marlon, ¡¿entonces Kay y Tay son primas?! Es que tengo la impresión de que Tay al final no era hija de Marlon y en ese caso ya no serían primas de sangre, pero si lo eran... Aaaaaah, deoses, estos nefilims no hacen nada de forma sencilla xDDD


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Re: Kaylee Flochart

Mensaje por Mags.G el Sáb Mar 11, 2017 1:42 pm

Aa todo lo que dijistee sabes de más quee correspoondoo con un "Graciaaaas" y una sonrisa muy muy grande, y en serio, gracias :3 Y sobre lo de Marlon y Reginald, se supone que si serían primas perooooo la verdad no sabia que Tay no era hija de Marlon o que se, pero si fuera el caso supongo que no lo serían.... Esto es confuso .-. xD
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Re: Kaylee Flochart

Mensaje por WasabyGreen el Sáb Mar 11, 2017 2:05 pm

Ni darlaaas uvu Es que no lo sé, no estoy segura, tengo la impresión de haber leído en algún momento que no lo era pero... ·u·

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Re: Kaylee Flochart

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