Red de Hilos (Nombre momentáneo (O no) )

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Red de Hilos (Nombre momentáneo (O no) )

Mensaje por Angie0518 el Vie Ago 21, 2015 2:30 pm

Pos... Un relato que escribí para un concurso que no sé si a la final se haga o no o qué, pero lo escribí, eah, eah :'D

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17 de Agosto de 1920, el día que fue declarado como el peor de mi vida.
Casi me caía de boca cuando trataba de subir al Transiberiano, las piernas me temblaban por el cansancio.
—Lo logré… —suspiré mirando hacia el techo con expresión victoriosa queriendo sacar un pañuelo para secarme el sudor de la frente.
Todo había resultado catastrófico desde que puse un pie fuera de la cama.
Primero había sido incapaz de encontrar mi sombrero cuando me estaba vistiendo, a él lo culpaba por todos mis males pues tardé para salir de casa y ponerme en marcha a la estación.
Luego, mientras andaba por la calle, digamos que tropecé con el aire porque realmente no tengo ni la menor idea de lo que me pasó y mi rostro casi dio contra el suelo. Para cuando me levanté había una señora mayor riéndose de mí… A carcajadas.
Y, a pesar de todo, traté de ponerle buena cara al mundo porque no podía dejarme llevar, en serio, traté... Pero el mundo insistió en lanzarme otras situaciones que me pusieran a prueba como cuando fui a comprar el periódico y me retiraba sin pagarlo, me gritaron ladrón de modo que todos alrededor se enteraron y no contentos con ello me querían cobrar de más.
Para ponerle la cereza al pastel… No me quisieron vender un billete a segunda clase, no tenía suficiente para uno de primera y acabé en tercera luego de discutir con un hombre en la taquilla.
Pero sobreviví y eso era lo que contaba.
Sobreviví.
—Bien, veamos… ¿Dónde está mi cama? —murmuré una vez recuperado el aire para empezar a avanzar por el pasillo del tren.
Debía de tener la cara roja y no solo era por el frío que hacía afuera sino porque había estado corriendo para no perder el tren; claro está, por no mencionar el cabello despeinado y la ropa empapada de sudor… Pero para ese momento mi mayor preocupación era sentarme, no mi aspecto.
—No, no… —decía cada vez que levantaba la vista del billete en mi mano y no veía el número que me tocaba.
Alrededor de mí, a ambos lados del pasillo, se ubicaban las camas… La tercera clase no contaba con compartimientos cerrados, las camas estaban en el pasillo cumpliendo la función de literas. Podía ver a otros acomodándose, ya sentados o incluso captar partes de conversaciones cuyos temas principales giraban entre política y chismes.
Entonces me di cuenta de algo.
Mi lista de preocupaciones obtuvo un nuevo primer lugar.
¿Y si me tocaba dormir cerca de alguien que roncase?
Estaba acabado.
Quise apartar ese pensamiento de mi mente pero no pude hacerlo… Me imaginaba cubriéndome los oídos tratando de dormir con un hombre de barba larga roncando en la cama de en frente.
¿Por qué de barba larga?
No lo sé.
—Mi cama debe de estar hacia el final del vagón. —Di por hecho al ver que los números que había visto por el momento no se acercaban al que me había tocado.
El resto del camino lo hice en total silencio, habiéndome memorizado el número en el billete solo me tocaba mirar alrededor y fijarme en la gente… Algunos me miraban pero de manera distraída mas no tropecé con nadie, tampoco me dirigieron palabra.
A medida que me acercaba más y más al final del vagón la gente en las camas y los asientos fueron haciéndose menos y menos, los últimos puestos estaban prácticamente desocupados y al darme cuenta de ello sonreí.
No compañeros que roncasen, al menos en eso tenía suerte.
Y repentinamente vi el número que me tocaba.
—¡Aja! —solté más alegre, con mi humor mejorando progresivamente y apreté entonces el agarre en el portafolio que llevaba en mano.
Aceleré el paso y una vez llegué al asiento me dejé caer con un suspiro de alivio.
Podía sentir a mis piernas suspirar también… Esperen, eso es raro, hagamos de cuenta que no dije eso.
Puse el portafolio sobre la mesita frente a mí y me acomodé en la silla que no era en realidad muy cómoda pero para ese momento me resultaba la gloria.
¡Ya nada podía salir mal!
… Bueno, el tren podía descarrilarse…
¡Pero aparte de eso no podía salir otra cosa mal!
Solo me tocaba esperar el llegar a Chitá, no serían más de dos días como mucho y una vez allá todo saldría bien, todo saldría muy bien porque no tenía motivos para no ser así. Ni siquiera eran invierno así que no corría riesgos de pasar por muchos retrasos en el tren.
Pero, repentinamente, me vino una palabra a la cabeza… algo que podía ser mi peor enemigo durante el viaje: El aburrimiento.
No soy una persona que viaje mucho en tren, suelo permanecer en mi casa, en Irkutsk y no estoy acostumbrado a este tipo de cosas pero era necesario que viajase a Chitá, por mi futuro.
Lo más lejos que había viajado era de Irkutsk a Urlan-Udé.
—Si al menos tuviera el periódico conmigo… —susurré a la nada mientras me frotaba un ojo bostezando.
Apoyé el codo en la mesa y mi barbilla en mi mano dirigiendo mi mirada a la ventana que todavía me daba el paisaje de la estación y ahí la mantuve, observando fijamente a las personas que estaban afuera, andando de aquí para allá… A veces una persona llamaba mi atención sobre las demás y me inventaba historias en mi cabeza sobre hacia donde se dirigía, que haría allá y variaban tanto que iban desde finales con muertes trágicas hasta convertirse en miembros de un circo; otras veces era un final colectivo y todos eran aplastados por un elefante.
Pero mi entretenimiento acabó.
El tren empezó a avanzar de repente, con lentitud, el traqueteo era audible y poco a poco el paisaje que mostraba la ventana cambió. Lo miré un tiempo; la vegetación, el cielo grisáceo y todo pasando a una velocidad que iba en aumento pero, gradualmente, eso perdió mi atención y fue cuando me digné a mirar hacia el otro extremo del pasillo.
Tuve que parpadear un poco, vi algo que no me esperaba pues ni siquiera me había fijado al sentarme.
Estaba una persona sentada ahí y tenía los ojos cerrados.
Era un chico que lucía incluso más joven que yo, tendría unos… ¿Quince años? Me sorprendió lo pequeño y delgado que estaba, aparte de su palidez y las ojeras debajo de sus ojos. No llevaba saco, vestía un chaleco de color oscuro y una camisa blanca debajo del mismo; su cabello estaba largo y lo tenía recogido en una cola algo alta.
Parecía estar enfermo.
Preocupado porque ni siquiera lo veía respirar decidí llamarlo, arriesgándome a despertarlo.
“Un cadáver no, un cadáver no…” Pensé exagerando un poquito las cosas.
—Ey… —dije primero suavemente, sin esperar que reaccionase.
Me equivoqué.
Abrió los ojos de repente y di un salto en mi asiento, cosa que él notó. Sentí que se me calentaba el rostro por esa reacción. Él me miró fijamente, de manera inexpresiva.
“Debí dejarlo dormir, debí dejarlo dormir, debí dejarlo dormir…”
Y mientras balbuceaba cosas como: Yo… eh… disculpa…
Él fue quien habló.
—¿Es conmigo? —preguntó con voz rasposa, lentamente, como si llevase mucho tiempo sin pronunciar palabra.
Tardé en reaccionar pero luego asentí, con más energía de la necesaria.
—Sí, disculpa, es que… — “Parecías medio muerto, me preocupé y te llamé”—. Quería saber ¿Cuánto tarda este tren en llegar a Chitá? —actué cual novato, soltando lo primero que se me ocurrió.
Me miró por un momento y luego negó mecánicamente con la cabeza.
—No lo sé.
—Uh… gracias. —Sonreí avergonzado.
Él dirigió la mirada a la ventana y yo miré en dirección a la caja que tenía sobre su mesa.
“¿Una caja?” Pensé algo confundido.
¿Era ese su único equipaje? No iba a preguntarle. Era una caja simple que realmente no merece una descripción muy detallada: de madera, sin ninguna decoración en el exterior y algo grande, la madera tenía un color oscuro. ¿De qué árbol sería?
Alcé la mirada de la caja y vi que él me seguía mirando, probablemente había notado la manera en la que había observado lo que llevaba. Incómodo.
—Y… ¿A dónde se dirige? —Probé a iniciar a una conversación.
Él tardó un poco en responder, no apartaba la mirada de mí, pero era una mirada que no transmitía nada. Parecía estudiarme.
—Vladivostok —respondió a la final.
—Oh, ¿la ciudad de los artistas? —dije animado.
Me miró.
Me miró.
No me contestó.
Esperé.
Siguió sin responder.
Y por alguna razón eso no me ofendía ni me resultaba insultante, me causaba mayor incomodidad y me hacía sentir algo torpe, pero seguí intentando.
—¿Vive allá?
—No —contestó en seguida, tomándome por sorpresa pero animándome a seguir hablando.
—¿Y desde dónde viaja?
—Moscú.
¿Moscú?
Eso era… …
Llevaba unos cuatro días viajando en tren.
—¿No está cansado ya del Transiberiano? —pregunté con cierto tono de sorpresa.
—No.
—Ah… —Y tuve que pensar otra pregunta para que la conversación no muriese ahí—. ¿Por qué se dirige a Vladivostok?
Me miró.
Apartó la mirada hacia la caja.
Volvió a mirarme.
—Trabajo.
—Ya veo, yo voy a Chitá por lo mismo. —Y no esperé que contestase a eso, sabía que no lo haría—. ¿De qué trabaja?
No contestó.
Preguntas tan personales no. Bien.
¿Si le preguntaba su color favorito me respondería?
—Por cierto, no me he presentado, mi nombre es Hedeon Sergéevich Tivnyycov. —Hice una pausa. Lo sé, complicado—. Puede llamarme Hedeon.
Él miró hacia la caja y cuando le vi abrir la boca para responder casi festejo en el asiento; estaba por jurar que no lo haría.
—Soy Fileau, Fileau Brodeur. —Fruncí ligeramente el ceño.
—¿Francés? —pregunté en referencia a su nacionalidad.
—No, no soy francés. —Hasta ahí lo dejó.
Entonces, ¿tal vez sus padres lo eran? ¿Era ruso? Hablaba el idioma sin ningún acento y fluido.
Me fijé más en sus rasgos, tratando de adivinar… Tenía los ojos grandes de color castaño ¡No! No eran castaños, eran miel mas el cabello si era marrón aunque con cierta tonalidad rojiza.
Ni idea.
—¿Es ruso? —Me atreví a inquirir con una pequeña sonrisa.
Nada, la única respuesta que recibí fue el silencio.
Fruncí ligeramente el ceño y la sonrisa desapareció, eso no era justo. No iba a rendirme.
Si no quería hablar de temas “personales” entonces dirigiría la conversación en otra dirección.
—¿Leyó el periódico hoy? —“Porque yo no pude”.
—No. —Me esperaba esa respuesta.
—Entonces ya somos dos —declaré—; yo compré el periódico pero a la final tuve que regalarlo, una mujer me preguntó por él, quería saber dónde comprarlo y yo se lo di.
No me dio ninguna respuesta, ni siquiera me miraba, pero yo seguí hablando.
—Sin embargo, ayer lo leí ¿y usted?
—No.
—Entonces no ha estado al tanto de lo último que ha ocurrido con la guerra —dije y empecé a hablar al respecto—. Según dicen los bolcheviques han reclutado a una buena cantidad de ex oficiales, ex suboficiales y administradores para formar parte del Ejército Rojo pero como debe saber los periódicos y las revistas son muchas veces tendenciosos y poco fiables porque suelen moldear la información, así que pueden estar exagerando los num… —En ese punto fui consciente de que Fileau ni me estaba escuchando.
Él se quedó mirando por la ventana, fijamente, con su mano estaba sobre la caja.
—¿No le interesa este tema? —pregunté.
—No realmente. —Volvió a mirarme.
No era la primera persona que conocía así por lo que me encogí ligeramente de hombros.
—Entonces, ¿de qué quiere hablar?
Él ladeó un poco la cabeza, probablemente lo hizo sin notarlo pero yo sí estuve pendiente de eso.
—De nada.
Ouh…
—Tiene que haber algo —aseguré.
Silencio.
Silencio.
—Por ejemplo, puede querer hablar sobre…
—Sígame contando de su día. —La interrupción fue totalmente inesperada.
Tuve que parpadear un par de veces analizando lo que me había pedido.
—No es tan interesante.
—No comparto la opinión —negó y enderezó la cabeza—. Me comentaba que viajaría a Chitá por trabajo, ¿cierto? —Asentí—. ¿A qué se refería?
Aún no salía de la sorpresa… no esperaba nada de eso.
—En sí no es trabajo… —Me aclaré la garganta y me enderecé en el asiento, admito que incluso levanté un poco el mentón, orgulloso—. Quiero estudiar física-mecánica en el Instituto Politécnico Emperador Pedro el Grande de Petrogrado —Wow, había sido todo un logro decirlo sin enredarme—, queda en San Petesburgo.
Pero él ni siquiera se inmutó.
—Ya veo. —Fue su respuesta y entonces sentí como me encorvaba un poco, ni siquiera podía presumir. Nada servía—. Entonces ¿Quiere ser ingeniero? —Al menos mostró un poco más de interés.
—Sí, no desde siempre, cuando era más pequeño quería ser explorador… Pero… —Dejé la frase en el aire, sin terminar; él asintió dando a entender que comprendía.
Luego sólo me di cuerda y empecé a hablar. No sé cuánto tiempo seguí hablando, dije muchas cosas sobre mí y él se limitaba a escuchar aunque de vez en cuando hacia un comentario o algún gesto para que siguiera. Le hablé de mi hermano menor, de mi familia en Irkutsk, del futuro que tenía planificado para mí, de cualquier anécdota que se me ocurriese… Fileau podría no ser bueno hablando pero al menos escuchaba y yo no era de las personas que se quedasen calladas.
Sin embargo, no logré dirigir la conversación hacia él por más que lo intenté.
Lo hizo él mismo.
—Y así me hice la cicatriz que tengo en la rodilla, desde entonces le tengo miedo a las jirafas —acabé… La reacción de Fileau fue simplemente mirarme.
Me miró.
Me miró.
—No le creo.
—Y hace bien, no era cierto, nunca fui atacado por jirafas. –Me reí y él otra vez levantó una comisura del labio.
Entonces mientras yo pensaba en algo nuevo para contar pude notar que su mirada en mí de intensificó.
Me removí en el asiento y en ese momento pude ver pasar la sombra de un sentimiento que no supe identificar en sus ojos.
Él habló.
—Sí soy artista.
—¿Eh? —pregunté confundido por lo repentino del comentario.
—Sí, soy artista, voy a trabajar en Vladivostok, tengo una presentación —explicó y entonces recordé que hacía referencia a una de las primeras preguntas que le hice.
Tardé en contestar pero a la final lo logré.
—¿Y qué hace? ¿Canta, baila, actúa…?
—Titiritero. —Señaló la caja sobre la mesa y mi atención fue dirigida en seguida hacia ella.
—¡Ah! Ya veo. —No lo esperaba—. Y, según me dijo, tiene una presentación ¿cierto?
—Sí.
Sonreí, contento porque decidiese hablar, pero en ese instante su mirada en mí falló, la hizo al lado un momento, hacia el piso. Parecía… ¿Avergonzado? No, esa no era la forma correcta de describirla.
No era vergüenza.
Era culpa y lo habría sabido de observarlo mejor.
—¿En qué lugar en específico? —pregunté—, por si voy a verlo…
Fileau no contestó, sino que procedió a abrir la caja. Me callé, casi levantándome de mi asiento para acercarme a ver qué era lo que había, pero esperé a que él me lo enseñase.
Y lentamente sacó primero una marioneta que, distinto a lo que estaba acostumbrado a ver, no era de madera. Era de porcelana, había visto ese tipo de muñecas, pero no como una marioneta… Su boca se movía igual que las articulaciones de los brazos, las muñecas, la cabeza y las piernas, eso era poco común, solían ser rígidas. Tenía el cabello color cobre en bucles, bien peinado y una expresión melancólica adornaba su rostro, la mirada lo decía todo. El trabajo de quien lo había hecho era delicado y no me sorprendía el ver cuán cuidadoso era Fileau al sacarla.
—Ella es Loem —murmuró estirando el vestido blanco de la marioneta antes de dejarla con cuidado sobre la mesa, acostada, para sacar otra.
La segunda era idéntica a la primera, en el color de cabello, de ojos y en el tono de piel pero su vestimenta era de una mujer pobre; llevaba un paño sobre la cabeza y un vestido oscuro. Estaba despeinada y la porcelana tenía manchones y pequeñas grietas apenas notorias ¿hechas a propósito o por accidente?
—Thana. —La presentó Fileau dejándola aun con más cuidado al lado de Loem y luego sacó la última.
Igual a Loem y Thana en colores, las tres muñecas eran casi idénticas pero esta se diferenciaba por el montón de grietas que adornaban su piel de porcelana ¿Cómo se mantenía unida? Parecía a punto de romperse. Su vestido se asemejaba al de la segunda pero más deteriorado y en su mano izquierda sostenía una pequeña tijera de color dorado. Me resultaba la más triste de las tres.
—Akhir. —Y quedó junto a sus hermanas.
Las marionetas me parecían tan aterradoras como bellas, iguales pero diferentes, las tres al borde de las lágrimas. Al verlas sobre la mesa me pude fijar que estaban unidas entre ellas por un hilo. Loem tenía el dedo meñique de su mano izquierda atado al dedo meñique de la mano derecha de Thana pero Thana tenía ambas manos conectadas por el hilo, de su mano derecha pasaba a la izquierda que la amarraba con el meñique derecho a Akhir… Sin embargo, Akhir tenía un hilo que no la conectaba con nadie amarrado a su meñique izquierdo, en la mano en la que tenía las tijeras.
Abrí la boca y, al comienzo, la voz me falló por lo que necesité aclararme la garganta.
—¿Quiénes son? ¿Qué obra presenta? —Reticente aparté la mirada de las trillizas para mirar al dueño y me di cuenta de algo.
Él mismo parecía un muñeco.
Tan pálido como Loem, Thana y Akhir, tan inexpresivo como ellas… Solo le faltaba tener un montón de hilos alrededor, controlándolo, y no me costaba mucho imaginarlo.
Él pareció notar lo que pensaba porque le podía ver apretar la mandíbula. ¿Tan obvia era mi expresión? ¿O él estaba acostumbrado?
—¿No te has preguntado nunca qué pasaría si tu vida también fuese controlada por hilos que no ves? —inquirió volviendo la mirada, para verme fijamente a los ojos.
Negué con la cabeza.
—¿Y si estuvieras atado a todas las personas que conoces por hilos? —Levantó la mano de una de las muñecas.
—¿Cómo en la leyenda China? –pregunté y él negó con la cabeza.
—No uno, no al amor, a tu media naranja; hablo de miles, muchos, conectado a todas las personas que conociste, conoces y que podrás conocer en tu vida. —Dejó la mano y tomó el hilo que unía a Loem y Thana—. Hilos largos, hilos cortos, hilos que se tensan, hilos que se enredan, hilos que se rompen, hilos que se pudren, hilos que se cortan. —Miré en seguida hacia las tijeras de Akhir—. Hilos de todo tipo para relaciones de todo tipo, siendo también una especie de hilo del destino.
—¿Destino? ¿Hilo? —Logré soltar esas dos palabras, saliendo del estado de trance en el que había entrado—. ¿Cómo el de las Moiras?
—O las Parcas, o las Nornas o las Laimas… —dijo él nombres que no conocía—. ¿No eres tú la persona actual gracias a los que te rodean? ¿Tu destino no se ve influido por las personas a las que te acercas? —Ladeó la cabeza—. Estas conexiones te hacen quien eres, te atan a este mundo.
Él guardó silencio, estudiando mi expresión, una que ni yo mismo sabía cuál era.
—Loem es lo que ha ocurrido, las personas que has conocido y la que empieza a hilar. El comienzo.
Miré a la primera muñeca, fijamente, en perfecto estado, cuidada.
—Thana es lo que ocurre, las personas que conoces, la que mide la longitud del hilo, la que lo desenreda. El desarrollo.
Miré a la segunda, en un estado menos cuidado que la primera pero no tan dañado como el de la tercera.
—Akhir es lo que ocurrirá, las personas que conocerás, la que corta todas las uniones. El fin.
Y miré hacia la tercera, cerrando mi boca pues la tenía abierta. Mi sentimiento de lástima por Akhir cambió a ser uno de temor.
Las miré a las tres.
—¿No te parece irónico? —Continuó Fileau—. Ellas controlan el destino de todos pero ¿Quién controla su destino? ¿Estarán atadas a todo el mundo o solo entre ellas tres?
—Eso… Eso es triste —susurré.
Controlar la vida de todos sin poder tener una ¿Era eso lo que hacían las trillizas del destino en todas las mitologías?
Pero ese pensamiento se vio interrumpido cuando Fileau empezó a guardar las marionetas, una por una, de la primera a la última y se encogió de hombros.
—¿Qué pasa si se cortan todos los hilos o si se rompen? —Me atreví a inquirir.
Fileau no tardó ni un segundo en darme una respuesta.
—¿Entonces qué te ataría a este mundo?
“Nada” dije en mi cabeza y me di cuenta. Si nada te ata entonces te vas.
—Pero no todo es voluntad de las Moiras —susurró—, a veces los mismos seres humanos cortan hilos o los rompen, sin pensar. Las Moiras no son totalmente dueñas del destino.
Me quedé quieto, como paralizado y no sé qué pasaba por mi mente en ese momento.
—Pero es nada más lo que quiero presentar en mi obra, Hedeon. —Usó mi nombre por primera vez en todo lo que llevábamos hablando y tuve que sacudir la cabeza para salir de mi ensimismamiento.
Forcé una sonrisa.
—Una trama curiosa, si me pide mi opinión. —Conseguí expresar—. ¿Eso querría decir que tú y yo estamos conectados por un hilo?
Fileau volvió a encogerse de hombros y no se atrevió a mirarme mientras cerraba la caja.
—Supongo.
—¿Puesto por las Moiras? —insistí.
—O tal vez puesto por ti. —Acarició la caja—. ¿No fuiste tú el que me habló?
Me recorrió un escalofrío ¿Eso era algo malo? Se sentía como algo malo.
Quise alejarme de él y luego darme un golpe por esa actitud irracional.
El silencio se hizo presente entre ambos y por primera vez, por más que quise, no traté de romperlo porque realmente ya no sabía qué decir y de cierto modo, al mismo tiempo, se sentía incorrecto el permanecer tan callado; si tanto le había costado decirme algo como eso era muy grosero de mi parte quedarme en silencio, es cierto, pero no pude evitarlo.
Miré hacia la ventana y traté de concentrarme en el paisaje, era repetitivo, no cambiaba pero no importaba pues yo estaba en otro lugar.
Lo que me había contado Fileau no sonaba solo como una historia impersonal pero pensar de manera diferente a que eso fuese ficción me resultaba tonto… Sin embargo, mi mente no tenía prohibido imaginar y podía ver a Fileau mirando a todos con la misma atención que ponía en mí, viendo los hilos de todos. ¿Podría manejarlos, entonces, como Loem, Thana y Akhir? ¿Estaría él también atado a otros hilos?
Y lentamente, callado como estaba y cruzado de brazos, no pude evitar dormirme en mi puesto con la cabeza recostada de la ventana.
Soñé con redes de hilos controladas por un titiritero.

---

Hedeon no estaba bien atado a este mundo.
Una vez que se durmió me quedé mirándolo, pensando en qué hacer. Todos sus hilos se habían roto o estaban podridos.
Era su hora. Lo único que lo mantenía todavía era yo.
Miré el hilo que iba desde su dedo meñique hasta el mío con mucha atención, nunca me había unido un hilo así a otra persona. Tenía que cortarlo.
Cuando se sentó no me sorprendió que no me tomase en cuenta al comienzo, no tenía que hacerlo, lo correcto era que ni siquiera voltease a mirarme… Pero yo sí me fijé en él y no me esperaba el encontrarme con hilos tan delgados que apenas se mantenían sin romperse, estaban muy tensados.
Hablarme fue el peor error que pudo haber cometido, lo aceleró todo sin darle oportunidad a salvación.
Yo estaba atado a todo el mundo y todo el mundo estaba atado a mí por un hilo tan fino y transparente que, a pesar de que todos me conocían y yo los conocía a todos, nunca nos volveríamos a encontrar realmente sino hasta el final. Que Hedeon me viera me tomó desprevenido.
Su alma tiró del hilo que tenía conmigo, tratando desesperadamente el mantenerse aquí. Quise ignorarlo pero él insistió. Estaba desesperado.
Se enfocó, inconscientemente, en reforzar el hilo que lo unía a mí, descuido los otros y no le importó si solo se unía a una persona con tal y pudiese mantenerse aquí. No consideró siquiera que yo no solo representaba la vida, sino la muerte y el destino no siempre es bueno con todos.
Mientras hablábamos vi sus hilos romperse, uno por uno.
Le pedí que me contase de su día, de su vida, en un intento de mantenerlo pensando en su familia, en las personas con las que se reuniría en Chitá pero nada funcionó, por más que intenté mantenerlo atado ya era demasiado tarde cuando vi que solo le quedaba yo.
Hedeon no parecía un mal chico y podía tener un futuro muy prometedor pero si nada había funcionado entonces solo me quedaba una cosa por hacer.
Abrí la caja lentamente, sin querer hacerlo y miré su interior acolchado en donde descansaban Loem, Thana y Akhir… Donde descansaban las tres muñecas que me representaban a mí.
Saqué unas tijeras que estaban al lado de Akhir, iguales a las que tenía ella, doradas e incluso pequeñas para mi mano.
Tomé con cuidado el hilo y le vi brillar tornasol gracias a la luz que entraba por la ventana.
Lo miré culpable mientras lo tensaba, yo también había dejado de cierto modo que me hablase… Había agradecido un poco de compañía.
Corté el hilo.
Hedeon no se movió.
Apreté los labios… A veces la muerte me recordaba a mi trabajo.
Morías solo.
Vivía solo.
Guardé las tijeras en la caja y la cerré justo cuando anunciaban una parada en Baikalsk… Mucho antes de lo que pensaba bajarme pero tomé la caja de la mesa y me bajé. Bajé junto a otro hombre al que le pasé por al lado y ni siquiera me vio, probablemente nadie en ese tren fue consciente de que aparte de ese hombre otra persona acababa de salir.
Llevé la caja con cuidado frente a mí esquivando a las personas en la estación y por un momento miré hacia el Transiberiano.
Hedeon no lograría siquiera llegar a Chitá.




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Re: Red de Hilos (Nombre momentáneo (O no) )

Mensaje por Yummy(/òvó)/ el Vie Ago 21, 2015 3:25 pm

¡¡Relato de Angie!! ¡Bieeeeen! :'''D En serio, no sabes lo que me ha emocionado el ver que habías escrito algo nuevo... En fin, sobre la historia; ¡me ha encantado! No sé cómo te las apañas pero siempre inventas tramas que me tienen enganchada desde el principio, y cuanto más voy leyendo más me gustan y al final siempre me quedo como ''>:O''. Y esta no ha sido una excepción, lo relatas todo de forma que no se haga aburrido en nigún momento y con una historia muy interesante... Además, utilizaste un tema que siempre me había llamado mucho la atención, que es el de las tres Moiras y los ''hilos del destino''... *-* Vamos, que me ha gustado mucho, aunque me dio penita el final :cc xDD

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Re: Red de Hilos (Nombre momentáneo (O no) )

Mensaje por Angie0518 el Vie Ago 21, 2015 5:32 pm

Sakdlajdaldsj DDDDx Muchas gracias, en serio DDDx Me costó a horrores escribirlo y recibí ayuda de Was para mejorar varias partes y la ortografía así que le debo bastante xDD No sabes cómo me alegra que te haya gustado tanto, en serio D'x

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Re: Red de Hilos (Nombre momentáneo (O no) )

Mensaje por RabidMoth el Vie Ago 21, 2015 9:43 pm

Angie, simplificando todo lo que ha pasado por mi mente: es maravilloso. No esperaba menos de ti, pero has demostrado que eres capaz de sorprenderme cada vez.
Juro que, al igual que cuando leo cualquier otra de las cosas que has escrito, logras que me meta completamente en la historia. Adoro los giros que le das, y de algún modo siento cómo vas dándole formas a los hilos de la historia para guiarnos a experimentar de lleno un vitral de sensaciones; me sentí inquieta al comienzo (como cuando en el cine no encuentro mi asiento) y luego una especie de escalofrío de anticipación recorrió mi espalda al presentar las muñecas (imaginadas tal y como Isa las dibujó)... Lo siento si soy cursi, pero me gustó incluso más que Circus Rarities... es como el dibujo de Clear pero en texto. ¡Mejor que comer posho con la mano! (y sabes que eso es decir mucho).
No hace falta decir que estoy totalmente de acuerdo con lo que dijo Jusi...
Siento que este relato tiene que dar la vuelta al mundo porque algo tan maravilloso debe ser conocido por todos TT^TT
Felicidades. Lo amé.
Si sigues así llegarás muy lejos *-* Espero con ansias leer tu próximo proyecto <3

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Re: Red de Hilos (Nombre momentáneo (O no) )

Mensaje por Yummy(/òvó)/ el Sáb Ago 22, 2015 10:23 am

Un momento, un momento... ¿dibujos? ¡Yo quiero ver esos dibujos! DDD:

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Re: Red de Hilos (Nombre momentáneo (O no) )

Mensaje por Angie0518 el Dom Ago 23, 2015 4:41 pm

Deoses, muchas gracias Romi, de verdad... no sé qué más decirte TTT-TTT Gracias, gracias y gracias again TTT-TTT Aún tiene sus errores pero bueh... xDDD

Pos... pos... *Hushe* Ok, no, tengo que preguntarle a Isa si me deja ponerlo aquí en el foro xDDD

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