¿No sabes que los malvados no heredarán el reino de Dios?

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¿No sabes que los malvados no heredarán el reino de Dios?

Mensaje por Angie0518 el Sáb Feb 21, 2015 12:46 pm

Corría tropezándome con la falda de mi vestido torpemente… había escuchado un sonido de desgarro y debía preocuparme pero en ese momento no me importaba nada, absolutamente nada más que seguir corriendo sin soltar lo que tanto me había costado obtener.
Miraba a mí alrededor de manera desesperada, buscando algún lugar en el que esconderme… en el medio de la noche era imposible más sin embargo debía seguir corriendo mientras escuchase los pasos detrás de mí de aquel hombre que me había visto.
No podría tocar a las puertas de las casas, sería una locura; pero mi salvación apareció frente a mí de tal modo que casi me pongo a llorar, tenía que haber alguien ahí, tenía.
Me acerqué a la única gran puerta de madera de la enorme fachada, la cual estaba cerrada, y empecé a golpearla con un puño insistentemente.
Nadie contestó.
Más sin embargo, la puerta pareció echarse un poco hacia atrás… No estaba cerrada. Sin perder tiempo alguno la empujé con mi hombro abriéndola con algo de esfuerzo debido al peso de la puerta y la dificultad para moverla pero por un pequeño espacio entré y una vez dentro no pensé en nada, en absolutamente nada, solo cerré… Y fue cuando me di cuenta de que estaba en la total oscuridad.
Al principio di una clase de respiración brusca, aterrada, pero me silencié… Era solo que no había luces encendidas ahí. Tonta yo, debía hacer silencio.
Apreté mi agarre sobre la tela en mis manos muy pegada de la gran puerta de la madera, escuchando, intentando captar los pasos que cortaban el silencio de la noche pero no se escuchaba nada, tal vez era porque yo estaba ahí adentro.
Una idea que surgió, a causa del nerviosismo, me hizo poco a poco caminar hacia atrás, hacia la oscuridad, sin apartar mi mirada de la puerta ¿Y si la abrían y yo estaba ahí? Mejor era irme más hacia el interior, en esa negrura tenía menos posibilidades de ser encontrada.
Me vi obligada a mirar hacia donde iba dirigiéndome cuando mi pie se chocó contra un escalón por andar de espaldas… Mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad y por lo tanto era posible para mí distinguir formas de los objetos o al menos los bancos de madera más cercanos era capaz de verlos pero el altar y bancos que se hallaban más adelante no.
Alcé un poco la mirada y al ver las estatuas en sus pedestales, en las columnas la bajé en seguida, sintiendo mi estómago revolverse mientras avanzaba por el pasillo, lo que no sabría definir es si era por la culpabilidad o por el hambre o sencillamente por el olor que impregnaba el lugar, era un olor horrible a mi parecer ¿Era eso lo que llamaban incienso? Olía a muerto.
Decidí sentarme en uno de los bancos del medio, lejos del altar y lejos de la puerta, me negaba totalmente a ver al Cristo crucificado observándome pues bien sabía que ese lugar tenía una estatua grande del mismo… Me reí un poco ante ese pensamiento y sentimiento de miedo… A buen lugar había ido a parar una pecadora como yo.
La Iglesia.
Pero no tenía otro lugar al que ir, no podía dejarme atrapar, me había arriesgado a tanto para poder tener el abrigo que se encontraba entre mis manos... Olía a cigarrillo pero eso no me molestaba, estaba más que acostumbrada al olor. Me hormigueaban los brazos por el deseo de ponérmelo encima, por sentir algo de calor después de tanto tiempo, así que eso hice sin perder más tiempo, sonriendo, mientras intentaba mantener lo más alejado de mi cabeza el modo en el que lo había obtenido.
El modo en el que empujé a ese hombre.
El modo en el que por la sorpresa se cayó golpeándose la cabeza.
El modo en el que tomé la ropa de su cuerpo inerte en el suelo.
Era imposible que lo hubiese asesinado, claro que no lo había hecho, solo se había desmayado… solo eso… Además, el robarle tampoco era algo muy malo ¿Cierto? Si él tenía tantos abrigos no extrañaría uno que me serviría a mí para sobrevivir y no enfermar…
Me revolví en el banco, incómoda ante todo lo que pasaba por mi cabeza, y pronto me distraje mirando hacia los bordes de mi vestido que de un color crema había pasado a marrón por la tierra en las calles y se hallaba todavía más rasgado que con anterioridad; lo había pisado y le había arrancado pedazos de tela al huir del hombre que me había visto tomando el abrigo.
Por eso había corrido, estaba huyendo, negándome a caer ocho meses en prisión… o peor, recibir la horrible pena de muerte solo por ser pobre y haberle robado a ese hombre con tanto dinero.
Otra pregunta se presentó en mi cabeza ¿Podría salir de ahí ya? A pesar de estar acostumbrada también a esconderme como una rata no me sentía bien escondiéndome en una Iglesia… Sentía el peso de las miradas inanimadas de las estatuas sobre mí lo que me hacía pensar que estaba en una especie de juicio.
No podía sentir culpa en esos momentos, lo hecho no se podía deshacer y no sería la primera persona que robase algo ¿Cierto?
Y no le había matado… no… solo le había dejado inconsciente.
Me levanté con algo de brusquedad y empecé a avanzar por el pasillo en dirección a la puerta limpiando las palmas de mis manos sudorosas con la tela del abrigo. Una vez frente a la salida jalé para abrir...
No abrió.
Jalé más fuerte pensando que debido a mi poca fuerza no podía abrirla pasada la adrenalina pero a pesar de que seguía luchando por abrir la puerta no había modo ni manera… Entonces empecé a fijarme en el sonido que hacia al jalarla.
¿Estaba cerrada?
¿¡Pero cómo era posible?!
Confundida me alejé un poco, dejando de pelear y frunciendo el ceño, no me iba a desesperar… era algo ilógico… A no ser que hubiera alguien ahí dentro que pudiese haberla cerrado.
El corazón se me aceleró y miré alrededor sin distinguir a nadie pero sintiéndome repentinamente amenazada y lista para defenderme. No había otra explicación a la puerta cerrada ¿Dónde estaba esa persona? ¿Quién era?
La primera imagen que se me vino a la cabeza fue una figura religiosa pero lo dudaba, de haber sido así se habría acercado a hablar conmigo; generalmente trataban de hacerse pasar por personas buenas y caritativas a ojos de otros, por ello se acercaban, al menos muchos eran así por lo que descarté la idea… pero tuve otras, una más tonta que la otra desde la idea de un español adinerado que me había encerrado ahí para acusarme con las autoridades hasta la idea de que podía haber sido una estatua. Incluso empezaba a ver sombras por el rabillo del ojo.
Tomé una bocanada de aire, tratando de calmarme… no me iba a auto-engañar diciendo que podía haber sido el viento pero de nada servía empezar a aterrorizarme. Así como yo no podía ver a esa persona esa persona no podía verme y tal vez solo me había encerrado y se había ido, tal vez no me había visto, tenía que serenarme. Más aún juraba que habían sombras.
Trataba de calmarme recurriendo a pensar en cualquier otra cosa buena, como que con ese abrigo no pasaría frío o el hecho de que mamá me decía que le rezase a los espíritus buenos de Kuai-mare pero eso último no lo hice considerando que estaba en una iglesia católica y además no me consideraba digna de rezarle a ningún dios desde hacía su tiempo.
La sensación creciente de inquietud, de ser observada y el agudizar mi oído era algo inevitable… Pero tenía que moverme… Más cuando lo intenté no pude, sencillamente me fue imposible, estaba paralizada y lo siguiente que supe es que estaba en el piso.
Desesperada por conseguir mover algún músculo de mi cuerpo sentía que estaba a punto de vomitar incluso. No, no era eso, me estaba asfixiando, mi garganta se estaba cerrando.
Traté de gritar.
No salió nada.
Traté de llevarme las manos a la garganta.
Me fue algo imposible.
Mi terror acrecentó cuando vi ante mí un par de ojos exageradamente abiertos, con unas venas recorriéndolos… Y un grito desgarrador, horriblemente desgarrador ¿¡Quien gritaba?!
Gritaba yo.
Sentía mis propias manos presionando mi garganta mientras mi grito seguía resonando hasta que finalmente se me acabó el aire.
Me senté de golpe, mirando alrededor, con los ojos como platos, jadeando. Mi cabeza no se quedaba quieta y mi vista viajaba rápidamente de izquierda a derecha mientras lagrimas se deslizaban por mis mejillas salidas por la falta de oxígeno o tal vez por el miedo.
Había sido tan repentino.
Tan repentino con que ahora las velas de la Iglesia estaban encendidas.
Solo pensé una cosa: ¿Espíritus malignos?
Un fuerte sonido no me dio ni tiempo de analizar la situación… Campanadas, las campanas estaban sonando y …
La estatua más cercana a mí cayó al suelo, rompiéndose en pedazos grandes. Chillé y me puse de pie, presa del pánico. De la estuta rota salían lombrices, lombrices que se retorcían.
Me giré hacia la puerta para intentar abrirla, romper la cerradura.
Pero… no había ninguna cerradura.
No lo había visto antes pero no había nada, nada para cerrar esa puerta así que ¿Cómo…?
Entonces tuve una sensación de que se me erizaban los vellos de la nuca. Había alguien detrás de mí… Pero me negué a voltearme, en su lugar intenté abrir la puerta con más insistencia.
Me detuve cuando algo fue lanzado y chocó en algún punto junto a mi cabeza.
Una Biblia… La cual se abrió en una parte en específico y mis ojos rápidamente se dirigieron a una parte resaltada, había sido subrayada “¿No saben que los malvados no heredarán el reino de Dios? ¡No se dejen engañar! Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas, ni los pervertidos sexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios.”
Di un chillido ahogado y me giré rápidamente después de leer hacia la dirección de la que había venido la Biblia. La garganta me dolía pero eso no impidió el grito agudo que escapó de mis labios.
Una figura transparente, un espíritu maligno, ataviado de túnicas que de no haber estado tan aterrorizada habría identificado como las de un sacerdote… tenía las manos en su cuello y los ojos en blanco con las venas marcadas de una forma aterradora y su boca increíblemente abierta. Escuchaba sonidos de ahogo. Se estaba asfixiando y tenía una flecha clavada en uno de sus brazos.
Sin embargo, pude escuchar su voz.
Hablaba aunque sin mover la boca y resonaba en la Iglesia con un eco aterrador… Estatua tras estatua se iba cayendo mientras las campanadas eran incesantes, las lombrices salían de cada estatua rota.
-¡Pecadora! –Chillaba como poseso- ¡Asesina! ¡Ladrona! –Sus gritos iban en aumento a medida que se acercaba a mí.
Me eché hacia atrás de tal forma que mi espalda chocó fuertemente contra la puerta, hiriéndome, pero yo no chillé por el dolor sino por el terror de sentirme atrapada.
DONG
DONG
¿Cuántas campanadas iban?
—¡Penitencia! ¡Castigo! ¡Malvada! —Y repentinamente sus ojos se tornaron totalmente negros y de estos empezaron a salir lágrimas de sangre… De su boca abierta antinaturalmente, en lugar de salir baba, el líquido rojo se deslizaba también, empapando sus manos cargadas de anillos.
No sé de donde saqué las fuerzas para descongelarme y echar a correr, no en dirección a esa cosa, no, sino a cualquier lugar, a cualquier lugar dentro de aquel espacio… ¡Romper los vitrales! Eso debía hacer, romperlos, con lo que fuese, con mi puño en tal caso… Pero no, los gritos del fantasma aumentaron.
—¡Las puertas de la Iglesia están abierta a todos! ¡Menos para los viles! ¡Para los pecadores! ¡Para los no creyentes blasfemos en contra de Dios! —Y uno de los bancos fue empujado contra mí por el mismo fantasma que causaba todo eso.
Sentí el impacto y caí al suelo, adolorida, me había golpeado en un costado.
Quedé sin aire, aturdida.
¿Por qué a mí? ¿Por qué? ¿¡No eran los ricos y los mismos sacerdotes pecadores acaso?! ¿Por qué nadie castigó a los hombres de la masacre en la que murió mi madre solo por pertenecer a una raza distinta, a una cultura distinta? ¿¡Por qué castigar a aquellos que solo luchaban por sobrevivir?! ¿¡Por qué cuando habían tantos peores que yo?!
Una estatua cayó a mi lado haciéndome reaccionar y hacerme a un lado… más pedazos pequeños saltaron chocando contra mi piel… Donde había caído la estatua había lombrices, habían estado dentro de la misma y se retorcían, viscosas, brillantes, moviéndose por fin libres después de haber estado encerradas y haber sido liberadas, como pequeñas serpientes torpes, una sobre la otra. Temblé, asqueada. Iba a vomitar.
Mi madre decía que eran símbolos del demonio.
Y una especie de viento inundo la estancia.
Fuera luces.
Escuchaba mi acelerada respiración y el latido de mi corazón, el cual sentía en mi garganta mientras me doblaba y escupía en el piso presa de las arcadas causadas por el pánico pero sin sacar nada.
No comprobé si todo había pasado, me puse de pie ignorando el dolor y eché a correr en cualquier dirección, sin ver nada, esperando encontrar la salida por cosa de suerte sin ver otra posibilidad.
Mi pie dio con algo que pateó… Bajé lentamente la mirada viendo nada más y nada menos que un cuerpo.
El cuerpo de un sacerdote.
Mi respiración se hizo nuevamente acelerada y mis arcadas regresaron, con más fuerza que antes, iba a expulsar la comida que no tenía en el estómago. Alcé la vista, obligándome a ello para no vomitar e intentando ignorar el olor a putrefacción que inundaba mis fosas nasales, el olor que sentí al entrar… más lo que hice no fue más que un error pues me encontraba casi cara a cara con un Cristo inclinado hacia el frente y clavado en la cruz, mirándome con ojos tristes y empapado de sangre. Con otro grito desgarrador di un salto hacia atrás cayendo sentada en el suelo.
Estaba harta y llorando hasta más no poder, con la garganta adolorida, ganas de vomitar y me faltaba el aire, me dolía un costado… Todo por querer refugiarme después de haber hecho mal.
De querer esconderme.
Cerré los ojos para llorar con más fuerza… y de repente tuve una sensación extraña sobre mí y tuve que abrirlos, de golpe… El abrigo se había convertido en un montón de lombrices, deslizándose sobre mi cuerpo, reptando, ascendiendo.
Chillé, hice el intento, pues ya no me quedaba voz.
Frente a mí estaba el sacerdote ahora con una expresión normal, no de estarse asfixiando.
—¿No sabes que los malvados no heredarán el reino de Dios?


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Pa'l concurso puej :v

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Re: ¿No sabes que los malvados no heredarán el reino de Dios?

Mensaje por la bele' el Sáb Feb 21, 2015 4:14 pm

Lección aprendida: no entrar a las Iglesias 

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Re: ¿No sabes que los malvados no heredarán el reino de Dios?

Mensaje por Angie0518 el Sáb Feb 21, 2015 4:25 pm

No a Iglesias coloniales o con sacerdotes loqueichons : D

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Re: ¿No sabes que los malvados no heredarán el reino de Dios?

Mensaje por Lenuki el Dom Mayo 03, 2015 8:37 am

Bel tiene razón, no volveré a mirar las iglesias de la misma manera XD
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Re: ¿No sabes que los malvados no heredarán el reino de Dios?

Mensaje por Angie0518 el Dom Mayo 03, 2015 11:13 am

Pffff, en sí me parece que al relato le faltó mucho para ser bueno, mi narración es mala, tengo errores y... Soy un desastre xDDD Pero eah, gané otra vez el concurso y eso me hizo bastante happy, muy, muy feliz aunque sigo sin comprender como algo así pudo ganar, me da hasta vergüenza releerlo xDDD

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Re: ¿No sabes que los malvados no heredarán el reino de Dios?

Mensaje por WasabyGreen el Dom Mayo 03, 2015 11:25 am

Blasfemias, todo blasfemias, este relato fue demasiado bueno º^º Y claro que ganó, yo lo dije, yo tengo razón en todo, JUM -3-3-3-

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"—Loem es lo que ha ocurrido, las personas que has conocido y la que empieza a hilar. El comienzo.
Miré a la primera muñeca, fijamente, en perfecto estado, cuidada.
—Thana es lo que ocurre, las personas que conoces, la que mide la longitud del hilo, la que lo desenreda. El desarrollo.
Miré a la segunda, en un estado menos cuidado que la primera pero no tan dañado como el de la tercera.
—Akhir es lo que ocurrirá, las personas que conocerás, la que corta todas las uniones. El fin.
Y miré hacia la tercera, cerrando mi boca pues la tenía abierta. Mi sentimiento de lástima por Akhir cambió a ser uno de temor."
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